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Inicio de las 3 Nuevas Convenciones en la ONU

Ya ha sido presentado formalmente el inicio de las 3 Nuevas Convenciones para lograr la Agenda 2030 a las máximas autoridades de la ONU.

En una de las fotos la virgen que estaba en la Catedral de Nagasaki, fue lo único que quedó. Ante ella seguramente el Padre Arrupe rezó en sus 25 años en Japón.

Guillermo Robledo
Coordinar Observatorio de la Riqueza Padre Pedro Arrupe

Tercer aniversario del Observatorio de la Riqueza Padre Pedro Arrupe

El 24 de febrero, cumplimos 3 años de existencia y del compromiso con Francisco para descubrir los mecanismos de Estado y entre Estados que hacen que los Pueblos no puedan acceder a la Híper Riqueza creada, en forma justa, en  paz y con calidad. Y donde luego encontrar Nuevos Caminos para revertir  la situación  en la Encíclica Laudato Si. 

Empezamos a partir de la 3er  audiencia con Francisco el  8 de diciembre,  una nueva etapa hacia las Naciones Unidas como paso a la acción a partir de los  descubrimientos efectuados. 

Eso significa que abriremos 3 Expedientes en las Naciones Unidas para 3 Nuevas Convenciones y la formación de un Movimiento Universal para aprobarlas y ponerlas en práctica en cumplimiento de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas aprobado por 197  Estados en el 2015. Dicha Agenda fue construida por los Pueblos y los Estados y no se está cumpliendo.

Los invitamos a sumarse y a firmar este pedido a la ONU que estaremos presentando a fines de febrero. 

en adjuntos va toda la información al respecto. 

CARTA FUNDACIONAL DEL MOVIMIENTO UNIVERSAL PARA

RECUPERAR LA ONU  PARA LOS PUEBLOS M 2030

  1. A los efectos de hacer cumplir la Carta de las Naciones Unidas que expresa NOSOTROS LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS RESUELTOS 

A preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles,

A reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas,

A crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional,

A promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,

Y CON TALES FINALIDADES

A practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos,

A unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales,

A asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y 

A emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.

  1. A los efectos de hacer cumplir la Agenda 2030 aprobada en septiembre 2015 por los 197 Estados de las Naciones Unidas. (Anexo 1)
  1. Considerando que la civilización está madura para la puesta en acción de la Carta y la Agenda 2030 dado que están en movimiento y con masa crítica superada las siguientes fuerzas universales: Convergencias, Cerebros Colectivos, Ultra personalización, Socialización, Concentración, y Planetización (Padre Jesuita Teilhard de Chardin, paleontólogo) y Espiritualización (Confucio – Magda Vita)
  1. Que ese proceso ha desarrollado un modelo sistémico mundial basado en varios subsistemas. Muchos de los cuales tienen un grado de irracionalidad e inmoralidad que frenan el avance de Puentes Civilizatorios. Los cuales se han desarrollado con autonomía de los compromisos celebrados en las Naciones Unidas. (Planificación de la Escasez, dispositivos Paramilitares).
  1. Que esos sistemas y subsistemas están en crisis sistémicos al estar basado en paradigmas obsoletos diseñados en las convenciones de hace 70 años atrás, en un mundo del cual no queda nada en pie.
  1. Esa divergencia entre la evolución del mundo y las convenciones e instituciones diseñadas hace 70 años han derivados en una situación de híper producción – híper oferta irracional que produce un efecto monetario universal por primera vez en la historia de la globalización, la deflación universal sin piso y por lo tanto sin ciclo. Definido como RTD- Revolución-Tecnológica-Deflacionaria. 
  1. Esta nueva realidad estructural tendrá en la Inteligencia Artificial un motor de nuevo tipo llegando a la automatización y  robotización total abarcando los trabajos de la clase media, nacida al amparo de las Convenciones de 1948, aumentado la masa de excluidos o inclusión degradada. Lo que impone la urgencia de nuevos paradigmas de gobernabilidad vía Nuevas Convenciones, para cumplir la Agenda 2030.
  1. La financiación ficticia del mundo con sus prácticas totalitarias al interior de los Estados y entre Estados ha devenido en un Muro para el cumplimiento de la Agenda 2030. Obligando a los Pueblos  a convivir con sistemas de criminalidad de distintos tipos que  convierten las Convenciones actuales de Naciones Unidas en Convenciones Latentes.
  1. En consecuencia Nosotros los Pueblos , tal como reza la Carta nos auto-organizamos  para iniciar en las Naciones Unidas el debate de Tres Nuevas Convenciones: (Anexo II)
    1.  Convención de Comunicación, 
    2.  Convención de Nuevo Sistema Financiero en base a Nuevos Sistemas de Contabilidad Pública, Privada y rentístico universal.
    3.  Nueva Convención de Fin de Ecocidio y Genocidio rescatando los máximos estándares científicos y el concepto original de Genocidio, concebido por el padre del Concepto, el Dr. Raphael Lemkim.

10.  Modelización computacional de las 3 Nuevas Convenciones en tiempo real como Herramienta Central de las Naciones Unidas para cumplir la Agenda 2030.

  1. Ampliación de las funciones de la UNESCO para iniciar una campaña Universal de Nueva  Alfabetización en materia Financiera, Impositiva y Presupuestaria a nivel masivo. Como parte del proceso de debate iniciado hacia las 3 Nuevas Convenciones. 

FIRMAN: Observatorio de la Riqueza Padre P. Arrupe Equipo ejecutivo: Guillermo Robledo, Eduardo Murúa Clelia Isasmendi, César Crocitta; Dr. E. Raúl Zaffaroni AAJ, Sonia Tobal, Sebastián Maissa, Dr. Carlos Rozanski, María Mendoza, Carlos Louge, Stella Calloni, Vicente Zito Lema, Ana M. Pérez, Nannina Isasmendi, Clara Isasmendi, Néstor Forero, Dr. Pepe Sbatella, Dr. Miguel A. Sánchez Pastor, Gustavo Morán, David Andenmatten Suiza, Pablo Bonastre, Claudio Santamaría, Dr. Gringo Lopresti, Alicia Muzio, Banden Vera, Domingo Bresci, Damián Regalini, Dr. Andrés Gallardo, Chuny Castelli, Fernando Aber, Marcó del Pont, Silvina Batakis,  Ivone Alves García, Marcelo Ramírez de ASIA TV, Sebastián FerreiraSulcicCarlos González,  Francois Soulard, Alejandro Tósola,  Cinthia Ottaviano, Aníbal Ibarra, Dr. Carlos Negri, Aydé Giri, Gastón Harispe, 

Adolfo Pérez Esquivel, Leonardo Pérez Esquivel SERPAJ (ONG con estado Consultivo ante la ONU) Dr. Beinusz SchmuklerAAJ (ONG con estado Consultivo ante la ONU); Dr. Jonathan Baldivieso, Presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad;

Dr. D.Feierstein. Tribunal De Los Pueblos; Clara Isasmendi, Osvaldo Cascella, Mauro Simone  Ficip;  Margarita Zapata Fundación Emiliano Zapata México;  Dr. E. F. Valdés Diputado del Parlasur; Alfredo Grande, Atico Coop; Leonardo Boff, Marcelo Barros, Brasil;   Ramona Romero, Celia Ramírez, Sandra Maturano, Mametto, José Luis Pavón, Leda Cejas,  Movimiento Helder Cámara por la Paz entre las Religiones; Roberto Elizalde, Río-Sal CLACSO; Marcelo Castillo, Bruno Laborio, MNER; Leo BilanskI ENAC; Dr. Tomás Pérez Bolio, CAFOPONK; Julio Urien, FIPCA; Miriam GorbanEzequiel Marcos Cátedra de Soberanía Alimentaria; Víctor Schajovitsch AATECO; Pedro Urra, Orlando Borrego, Ctro de Estudios Vilaceca; Guillermo Andreau, Instituto Dorrego; Coco Manoukian, Editorial CICCUS; Laura Lopresti CLACSO; María Rosa Rodríguez Fundación Padre Luis Farinello; Gerardo Pisarello, Barcelona; Atilio A. Borón  IEALC, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe; y siguen firmas.

Francisco bajo ataque

La monstruosa acumulación en cada vez menos manos es el síntoma más visible de una política injusta. La prédica del Papa argentino choca con los intereses del Globalismo Financiero, que responde con los medios controlados, quienes redoblan una incesante ofensiva contra su figura. ¿Estamos en una guerra contra las religiones?

 

La información de Oxfam recientemente publicada solo refuerza lo que ya sabemos, la concentración de riquezas en cada vez menos manos no se detiene.

Dice esta organización que el “número de multimillonarios en los últimos 10 años casi se ha duplicado, alcanzando 2.208 personas en el 2018 con el propietario de Amazon, Jeff Bezos, a la cabeza.

Este selecto grupo acumuló en un solo año 900.000 millones de dólares, a razón de 2.500 millones de dólares diarios.

Oxfam también nos cuenta que las 3.800 millones de personas más pobres del mundo, que no han mejorado su situación en el mismo lapso, tienen la misma participación en la riqueza mundial que los 26 mas ricos, y da un ejemplo interesante para demostrar como la desigualdad sigue creciendo,  el mencionado Bezos tiene una fortuna personal estimada en 112.000 millones de dólares.

Con cifras tan absurdamente grandes es muy dificil dimensionar plenamente lo que sucede, pero que se empieza a ver la real magnitud cuando notamos que el 1% de esa cifra es lo que gasta Etiopía  durante todo un año en Salud para 105 millones de personas.

Este brutal proceso de concentración se sucede sin pausa día tras día en medio del silencio o indiferencia  generalizada de las sociedades anestesiadas, apenas algunas voces aisladas intentan señalar el verdadero rostro del capitalismo financiero globalizado.

Los medios de comunicación y el resto del aparato formador de opinión, de sentido común, nos señala que el destino está en manos de cada uno de nosotros individualmente, nosotros debemos ser emprendedores, nuestro destino está determinado por nuestra capacidad y esfuerzo, escondiendo la responsabilidad del sistema en una permanente crisis prefabricada que necesita de ajustes permanentes.

Las nuevas tecnologías reforzadas por la Inteligencia Artificial consigue costos de producción cada vez mas bajos, inundando el mundo de bienes y servicios que no podemos utilizar porque simplemente no hay dinero disponible.

Una escasez planificada.

El mundo de la producción se ha ido ciñendo a los dictámenes de una dictadura financiera que a través de la manipulación de la moneda, las tasas de interés y otros elementos relacionados, facilita una gigantesca acumulación gracias a las permanentes transferencias de riquezas desde las clases pobres y medias hacia una pequeñísima minoría acaudalada.

Una de las pocas voces, sino la única de relevancia internacional, que denuncia este modelo es la del Papa Francisco.

No es casual entonces que haya un ataque feroz hacia su figura, por miopía o complicidad de sectores de la izquierda y el progresismo, que se ve reflejada en acciones como una inoportuna campaña de apostasía, que se combinan con los ataques por una derecha de corte fascista que no quieren una Iglesia popular, una Iglesia de los pobres y otro por derecha liberal, que desprecia lo religioso y lo comunitario.

Aquellos que son católicos y quienes sin serlo se sienten parte del campo nacional y popular deben cerrar filas para apoyar al Papa Francisco, heredero de una Iglesia con altos exponentes como Hélder Cámara, Paulo Arns, Angelelli o De Nevares, una Iglesia que ya fue señalada en los 70 por Henry Kissinger como una amenaza a los intereses estratégicos de EE.UU., teoría que hoy abraza el globalismo financiero.

La respuesta a la consolidación de la labor católica entre los pobres fue el desembarco de los telepastores generosamente financiados por la CIA que inundaron las pantallas de televisión y desde allí se proyectaron hacia la  propia comunidad. Había empezado un proceso sistemático de ataque  hacia las bases sociales de la Iglesia Católica, impidiendo que sea una plataforma para organizar una rebelión contra un sistema inhumano.

Las comunidades de base en Brasil fueron un ejemplo de lo que podría suceder, siendo el gérmen de lo que décadas mas tarde sería Lula presidente y la salida de 40 millones de brasileños de la pobreza.

La campaña sostenida contra una Iglesia bajo ataque, que no encontraba respuestas, creció y mermó la cantidad de fieles y el compromiso de ellos.

Los tiempos cambian y con ellos los medios a utilizar, el evangelismo incial se reafirma en un anticomunismo atemporal ya. Su organización alcanza una presencia política creciente, poniendo presidentes y haciendo una alianza con el sionismo con la creencia que la construcción del Tercer Templo sobre la Mezquita AlAqsa desatará la Tercera Guerra Mundial y acelerará la vuelta del Mesías ante el fin el mundo.Quienes adscriben a estas ideas son los cristianos sionistas de fuerte presencia en EE.U.

Esos sectores, que debemos distinguir de los tradicionales protestantes, proponen una nueva teología conocida como “de la prosperidad”, que da una aval a un modelo sociocultural que impulsa el modelo globalizador financiero. Desde esa posición hacen un feroz ataque al Papa Francisco, llegando a acusarlo de ser el Anticristo.

El juego mundial de poderes ha creado una dinámica diferente a la que existía hasta hace poco tiempo atrás, hoy encontramos una potencia que ha perdido la hegemonía y que se degrada rápidamente, en cuyo terreno se enfrentan un Trump que encabeza una resistencia se sectores populares y de  clase media estadounidense empobrecidos al poder global financiero, recostado en el Partido Demócrata y sectores del Republicano. La situación es extraodinariamente grave, hasta el punto de que no faltan analistas que  señalan la posibilidad de una guerra civil o la fractura de este país en Estados menores.

Ante este panorama de lucha entre las elites mundiales occidentales,  Rusia y China avanzan en la propuesta de un modelo multipolar basado en ecúmenes o regiones que desarrollen sus propios sistemas de convivencia teniendo en cuenta sus bases tradicionales culturales y civilizatorias.

Rusia, a partir de una mirada euroasianista y de la mano de Putin, avanza en una nuevo entramado de alianza de diferentes poderes de bases territoriales y no territoriales.

Dentro de ese marco se llega a una alianza en construcción entre las grandes religiones mundiales que pugnan por una propuesta social que enfrenta el modelo globalista financiero cultural, que busca instalar un modelo social individualista que solo guía a los individuos por ambiciones materiales y placeres vacuos, el modelo ideal para avanzar con su proceso de concentración de las riquezas en poquísimas manos.

El Papa Francisco avanzó en una acuerdo histórico con el patriarca Kiril, también bajo asedio con los sucesos de Ucrania y la quita de Iglesias que el Patriarca Bartolomé I ha realzado en una asociación con los poderes globales, un hecho que se ha silenciado convenientemente.

Dentro de ese frente ecuménico se destaca la visita de Hasan Rohani al Vaticano, el líder político de la República Islámica de Irán.

Es necesario recordar en este punto que el pensamiento positivista del iluminismo vigente en Occidente no es compartido por otras regiones. En la antigua Persia, hoy Irán,  la cuestión de la fe es inseparable de la vida pública porque es la guía sobre la cual se debe edificar la vida, algo que a su manera refleja en la actual Rusia.

No hay dudas entonces que el encuentro debe ser visto como un acercamiento al Islam encabezado por el chiismo, consolidando una unidad política entre católicos, musulmanes y ortodoxos para enfrentar a un enemigo común.

El mayor emblema de resistencia al modelo globalista financiero que emergió en los 70 y reinó en soledad en los 90, es la Iglesia Católica con su nuevo líder, el Papa Francisco, quien le dió desde su llegada un soplo de aire fresco revitalizando sus estructuras, pero que el control del sistema de medios ha contenido y tergiversado su mensaje. No es casualidad entonces que los ataques recrudezcan sobre él.

El papel de resistencia que le cabe a las religiones es central porque es la base de la identidad de cada pueblo, y cada habitante, sea o no creyente, está imbuido por esos valores culturales de siglos y siglos.

Quebrar esa identidad es la necesidad que tiene la globalización para imponer un modelo de saqueo de los pueblos e imponer sus nuevos valores divisores que promuevan el materialismo, el hedonismo y el individualismo.

En nuestra región y en Occidente es el cristianismo que representa el Papa Francisco, por eso es tan importante apoyarlo.

Si nos resulta escandaloso el informe de Oxfam y sentimos la necesidad de hacer algo para combatir la creciente desigualdad, uno de los caminos es apoyar a Francisco en su tarea.

 

Marcelo Ramírez

Director de Contenidos de AsiaTv

 

Encuentro con el Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Rusa para Latinoamérica y Sudamérica – Metropolita Ignacio

De izquierda a derecha: Eugenio Raúl Zaffaroni, Clelia Isasmendi, Guillermo Robledo, Metropolita Ignacio, Ivone Alves Garcia y Marcelo Ramírez

Los integrantes del Observatorio fueron recibidos en la Iglesia Ortodoxa Rusa en Argentina ubicada sobre la calle Bulnes 1743 de Capital Federal.

El objetivo de la reunión fue conocer al Metropolita y conversar sobre la realidad local y mundial, explicándole en el marco de promover las Tres Nuevas Convenciones en las Naciones Unidas, iniciativa apoyada por el papa Francisco y clave para forzar la ejecución de la agenda 2030, aprobada por los 193 miembros de esa organización.

El Metropolita Ignacio se mostró muy interesado y se comprometió a llevar la iniciativa a Moscú para discutirla con el Metropolita Hilarión, segundo en la jerarquía ortodoxa detrás del Patriarca Kiril y responsable de las relaciones internacionales de la Iglesia mencionada, en el viaje que emprenderá la semana entrante.

Mientras tanto el Observatorio seguirá trabajando para llevar a cabo dicha misión.

De izquierda a derecha: Guillermo Robledo, Azul Selene Ramírez, Ivone Alves García, Clelia Isasmendi, Marcelo Ramírez.

EN EL MARCO DE LAS TRES NUEVAS CONVENCIONES PARA DEBATIR EN LA ONU

A finales del 2018 el Observatorio de la Riqueza Padre Pedro Arrupe incorpora a sus filas a AsiaTV, Productora de Contenidos de índole sociocultural y geopolítico.
Esta iniciativa se hace con el fin de potenciar el aspecto comunicativo del Observatorio ante los nuevos desafíos que se presentan y potenciar el alcance internacional del mismo.
Ante la situación del estancamiento del cumplimiento de la Agenda 2030, aprobada por los 197 Estados en la Asamblea de las Naciones Unidas en el 2015, en la cual se fijaron 17 metas que darían nacimiento a otra etapa humana.
Ante esta situación y con el objetivo de impulsar esa agenda, el Observatorio de la Riqueza Padre Arrupe, le ha propuesto al Papa Francisco el inicio formal de 3 expedientes en las Naciones Unidas para la aprobación de 3 Nuevas Convenciones sobre el sistema contable establecido por las Naciones Unidas y que es la base de la inequidad social y que preludia una crisis mundial sistémica, una ampliación de lo que se considera hoy se considera genocidio apelando a su concepción original propulsada por el jurista Raphael Lemkin y la creación de una nueva convención que afecte el papel monopólico de los medios de comunicación con las consecuencias que todos conocemos.
El Papa Francisco apoyó esta iniciativa y encomendó al Observatorio trabajar en conjunto con el Nuncio Vaticano ante las Naciones Unidas, Arzobispo Bernardito Auza, a fin de impulsar desde los Pueblos un Movimiento Universal que creativamente nutra a los tres expedientes.
Para ello el Observatorio trabajará en un amplio marco para constituir la fuerza política necesaria para su aprobación junto con la sociedad civil, un frente interreligioso y los Estados que privilegian un equilibrio universal más justo y equitativo.

Oeconomicae et pecuniariae quaestiones: el documento completo del Vaticano sobre la economía mundial

El Vaticano criticó las finanzas offshore y el excesivo endeudamiento. En esta nota, el documento completo en el cual la Santa Sede analiza los problemas del sistema económico mundial.

Oeconomicae et pecuniariae quaestiones.- Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, 17.05.2018

 

I – Introducción

1. Las cuestiones económicas y financieras, nunca como hoy, atraen nuestra atención, debido a la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad. Esto exige, por un lado, una regulación adecuada de sus dinámicas y, por otro, un fundamento ético claro, que garantice al bienestar alcanzado esa calidad humana de relaciones que los mecanismos económicos, por sí solos, no pueden producir. Muchos demandan hoy esa fundación ética y en particular los que operan en el sistema económico-financiero. Precisamente en este contexto se manifiesta el vínculo necesario entre el conocimiento técnico y la sabiduría humana, sin el cual todo acto humano termina deteriorándose y con el que, por el contrario, puede progresar en el camino de la prosperidad para el hombre que sea real e integral.

2. La promoción integral de cada individuo, de cada comunidad humana y de todas las personas, es el horizonte último de este bien común, que la Iglesia pretende lograr como «sacramento universal de salvación».[1] Esta integridad del bien, cuyo origen y cumplimiento último están en Dios, y que ha sido plenamente revelada en Jesucristo, aquel que recapitula todas las cosas (cf. Ef 1, 10), es el objetivo final de toda actividad eclesial. Este bien florece como anticipación del reino de Dios, que la Iglesia está llamada a anunciar e instaurar en todos los pueblos;[2] y es un fruto peculiar de esa caridad que, como pilar de la acción eclesial, está llamada a expresarse en el amor social, civil y político. Este amor «se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor»».[3] El amor al bien integral, inseparablemente del amor a la verdad, es la clave de un auténtico desarrollo.

3. Todo ello se busca con la certeza de que en todas las culturas hay muchas convergencias éticas, expresión de una sabiduría moral común,[4] sobre cuyo orden objetivo se funda la dignidad de la persona. En la raíz sólida e indisponible de este orden, que proporciona principios comunes y claros, se fundan los derechos y deberes fundamentales del hombre; sin él, la arbitrariedad y el abuso de los más fuertes terminan dominando la escena humana. Este orden ético, arraigado en la sabiduría de Dios Creador, es por lo tanto el fundamento indispensable para edificar una comunidad digna de los hombres, regulada por leyes inspiradas en la justicia real. Esto vale todavía más ante la constatación de que los hombres, aún aspirando con todo su corazón al bien y a la verdad, a menudo sucumben a los intereses individuales, a abusos y a prácticas inicuas, de las que se derivan serios sufrimientos para toda la humanidad y especialmente para los más débiles y desamparados.
Precisamente para liberar todo ámbito del actuar humano del desorden moral, que tan a menudo lo aflige, la Iglesia reconoce entre sus tareas primordiales recordar a todos, con humilde certeza, algunos principios éticos claros. Es la misma razón humana, cuya índole connota indeleblemente a cada persona, la que exige un discernimiento iluminante en este sentido. De hecho, la racionalidad humana busca constantemente en la verdad y en la justicia un fundamento sólido sobre el cual apoyar su propio obrar, bien sabiendo que sin él perdería su propia orientación.[5]

4. Esta orientación recta de la razón no puede faltar en cada sector del obrar humano. Esto significa que ningún espacio en el que el hombre actúa puede legítimamente pretender estar exento o permanecer impermeable a una ética basada en la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad.[6] Ello se aplica también a las áreas en las que valen las leyes de la política y la economía: «Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana».[7]
Toda actividad humana, en efecto, está llamada a producir fruto, sirviéndose con generosidad y equidad de los dones que Dios pone originalmente a disposición de todos y desarrollando con laboriosa esperanza las semillas de bien inscritas, como promesa de fecundidad, en toda la Creación. Esa llamada constituye una invitación permanente a la libertad humana, aun cuando el pecado está siempre preparado a insidiar este plan divino original.
Por esta razón, Dios sale al encuentro del hombre en Jesucristo. Él, haciéndonos partícipes del admirable acontecimiento de su Resurrección, «no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»,[8] y opera en la dirección de un nuevo orden de relaciones sociales fundado en la Verdad y el Amor, que sea levadura fecunda de transformación de la historia. De esta manera, Él anticipa en el tiempo el Reino de los Cielos, que vino a anunciar e inaugurar con su persona.

5. Si bien es cierto que el bienestar económico global ha aumentado en la segunda mitad del siglo XX, en medida y rapidez nunca antes experimentadas, hay que señalar que al mismo tiempo han aumentado las desigualdades entre los distintos países y dentro de ellos.[9] El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme.
La reciente crisis financiera era una oportunidad para desarrollar una nueva economía más atenta a los principios éticos y a la nueva regulación de la actividad financiera, neutralizando los aspectos depredadores y especulativos y dando valor al servicio a la economía real. Aunque si se han realizado muchos esfuerzos positivos, en varios niveles, que se reconocen y aprecian, no ha habido ninguna reacción que haya llevado a repensar los criterios obsoletos que continúan gobernando el mundo[10]. Por el contrario, a veces parece volver a estar en auge un egoísmo miope y limitado a corto plazo, el cual, prescindiendo del bien común, excluye de su horizonte la preocupación, no sólo de crear, sino también de difundir riqueza y eliminar las desigualdades, hoy tan pronunciadas.

6. Está en juego el verdadero bienestar de la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro planeta, que corren el riesgo de verse confinados cada vez más a los márgenes, cuando no de ser «excluidos y descartados»[11] del progreso y el bienestar real, mientras algunas minorías explotan y reservan en su propio beneficio vastos recursos y riquezas, permaneciendo indiferentes a la condición de la mayoría. Por lo tanto, es hora de retomar lo que es auténticamente humano, ampliar los horizontes de la mente y el corazón, para reconocer lealmente lo que nace de las exigencias de la verdad y del bien, y sin lo cual todo sistema social, político y económico está destinado, en definitiva, a la ruina y a la implosión. Es cada vez más claro que el egoísmo a largo plazo no da frutos y hace pagar a todos un precio demasiado alto; por lo tanto, si queremos el bien real del hombre verdadero para los hombres, «¡el dinero debe servir y no gobernar!».[12]
Al respecto, si bien es verdad que corresponde primordialmente a los operadores competentes y responsables desarrollar nuevas formas de economía y finanza, cuyas prácticas y normas se orienten al progreso del bien común y sean respetuosas de la dignidad humana, en la línea segura trazada por la enseñanza social de la Iglesia. Con este documento, sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuya competencia también se extiende a cuestiones de naturaleza moral, en colaboración con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, quiere ofrecer algunas consideraciones de fondo y puntualizaciones para apoyar el progreso y defender aquella dignidad.[13] En particular, es necesario emprender una reflexión ética sobre ciertos aspectos de la intermediación financiera, cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo. Es un discernimiento que se ofrece a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

II. Consideraciones básicas de fondo

7. Algunas consideraciones elementales son evidentes a los ojos de todos los que, lealmente, tienen presente la situación histórica en la que vivimos; y ello más allá de cualquier teoría o escuela de pensamiento, en cuyas legítimas discusiones este documento no pretende intervenir y a cuyo diálogo, por el contario, desea contribuir, con la conciencia de que no hay recetas económicas válidas universalmente y para siempre.

8. Toda realidad y actividad humana, si se vive en el horizonte de una ética adecuada, es decir, respetando la dignidad humana y orientándose al bien común, es positiva. Esto se aplica a todas las instituciones que genera la dimensión social humana y también a los mercados, a todos los niveles, incluyendo los financieros.
A este respecto cabe señalar que incluso aquellos sistemas que dan vida a los mercados, más que basarse en dinámicas anónimas, elaboradas por tecnologías cada vez más sofisticadas, se sustentan en relaciones, que no podrían establecerse sin la participación de la libertad de los individuos. Resulta claro entonces que la misma economía, como cualquier otra esfera humana, «tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona».[14]

9. Por lo tanto, es obvio que sin una visión adecuada del hombre es imposible fundar ni una ética ni una praxis que estén a la altura de su dignidad y de un bien que sea realmente común. De hecho, por mucho que se proclame neutral o separada de cualquier conexión de fondo, toda acción humana – incluso en la esfera económica – implica una comprensión del hombre y del mundo, que revela su mayor o menor positividad a través de los efectos y el desarrollo que produce.
En este sentido, nuestra época se ha revelado de cortas miras acerca del hombre entendido individualmente, prevalentemente consumidor, cuyo beneficio consistiría más que nada en optimizar sus ganancias pecuniarias. Es peculiar de la persona humana, de hecho, poseer una índole relacional y una racionalidad a la búsqueda perenne de una ganancia y un bienestar que sean completos, irreducibles a una lógica de consumo o a los aspectos económicos de la vida.[15]
Esta índole relacional fundamental del hombre[16] está esencialmente marcada por una racionalidad, que resiste cualquier reducción que cosifique sus exigencias de fondo. En este sentido, no se puede negar que hoy existe una tendencia a cosificar cualquier intercambio de «bienes», reduciéndolo a mero intercambio de «cosas».
En realidad, es evidente que en la transmisión de bienes entre sujetos está en juego algo más que los meros bienes materiales, dado que estos a menudo vehiculan bienes inmateriales, cuya presencia o ausencia concreta determina, en modo decisivo, también la calidad de las mismas relaciones económicas (como confianza, imparcialidad, cooperación…). A este nivel es fácil entender bien que la lógica del don sin contrapartida no es alternativa sino inseparable y complementaria a la del intercambio de equivalentes.[17]

10. Es fácil ver las ventajas de una visión del hombre entendido como sujeto constitutivamente incorporado en una trama de relaciones, que son en sí mismas un recurso positivo.[18] Toda persona nace dentro de un contexto familiar, es decir, dentro de relaciones que lo preceden, sin las cuales sería imposible su mismo existir. Más tarde desarrolla las etapas de su existencia, gracias siempre a ligámenes, que actúan el colocarse de la persona en el mundo como libertad continuamente compartida. Son precisamente estos ligámenes originales los que revelan al hombre como ser relacionado y esencialmente marcado por lo que la Revelación cristiana llama «comunión».

Este carácter original de comunión, al mismo tiempo que evidencia en cada persona humana un rastro de afinidad con el Dios que lo ha creado y lo llama a una relación de comunión con él, es también aquello que lo orienta naturalmente a la vida comunitaria, lugar fundamental de su completa realización. Sólo el reconocimiento de este carácter, como elemento originariamente constitutivo de nuestra identidad humana, permite mirar a los demás no principalmente como competidores potenciales, sino como posibles aliados en la construcción de un bien, que no es auténtico si no se refiere, al mismo tiempo, a todos y cada uno.

Esta antropología relacional ayuda también al hombre a reconocer la validez de las estrategias económicas dirigidas principalmente a la calidad global de vida, antes que al crecimiento indiscriminado de las ganancias; a un bienestar que, si se pretende tal, debe ser siempre integral, de todo el hombre y de todos los hombres. Ningún beneficio es legítimo, en efecto, cuando se pierde el horizonte de la promoción integral de la persona humana, el destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres.[19] Estos tres principios se implican y exigen necesariamente el uno al otro en la perspectiva de la construcción de un mundo más justo y solidario.

Así, todo progreso del sistema económico no puede considerarse tal si se mide solo con parámetros de cantidad y eficacia en la obtención de beneficios, sino que tiene que ser evaluado también en base a la calidad de vida que produce y a la extensión social del bienestar que difunde, un bienestar que no puede limitarse a sus aspectos materiales. Todo sistema económico legitima su existencia no sólo por el mero crecimiento cuantitativo de los intercambios económicos, sino probando su capacidad de producir desarrollo para todo el hombre y todos los hombres. Bienestar y desarrollo se exigen y se apoyan mutuamente,[20] requiriendo políticas y perspectivas sostenibles más allá del corto plazo.[21]

En este sentido, es deseable que, sobre todo las universidades y las escuelas de economía, en sus programas de estudios, de manera no marginal o accesoria, sino fundamental, proporcionen cursos de capacitación que eduquen a entender la economía y las finanzas a la luz de una visión completa del hombre, no limitada a algunas de sus dimensiones, y de una ética que la exprese. Una gran ayuda, en este sentido, la ofrece la Doctrina social de la Iglesia.

11. Por lo tanto, el bienestar debe evaluarse con criterios mucho más amplios que el producto interno bruto (PIB) de un país, teniendo más bien en cuenta otros parámetros, como la seguridad, la salud, el crecimiento del «capital humano», la calidad de la vida social y del trabajo. Debe buscarse siempre el beneficio, pero nunca a toda costa, ni como referencia única de la acción económica.

Aquí resulta ejemplar la importancia de parámetros que humanicen, de formas culturales y mentalidades en las que la gratuidad – es decir, el descubrimiento y el ejercicio de lo verdadero y lo justo como bienes intrínsecos – se convierta en la norma de medida,[22] y donde ganancia y solidaridad no sean antagónicas. De hecho, allí donde prevalece el egoísmo y los intereses particulares es difícil para el hombre captar esa circularidad fecunda entre ganancia y don, que el pecado tiende a ofuscar y destruir. Por el contrario, en una perspectiva plenamente humana, se establece un círculo virtuoso entre ganancia y solidaridad, el cual, gracias al obrar libre del hombre, puede expandir todas las potencialidades positivas de los mercados.
Un recordatorio siempre actual para reconocer la conveniencia humana de la gratuidad proviene de aquella regla formulada por Jesús en el Evangelio llamada regla de oro, que nos invita a hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros (cf. Mt 7,12; Lc 6,31).

12. Ninguna actividad económica puede sostenerse por mucho tiempo si no se realiza en un clima de saludable libertad de iniciativa.[23] Es asimismo evidente que la libertad de la que gozan, hoy en día, los agentes económicos, entendida en modo absoluto y separado de su intrínseca referencia a la verdad y al bien, tiende a generar centros de supremacía y a inclinarse hacia formas de oligarquía, que en última instancia perjudican la eficiencia misma del sistema económico.[24]
Desde este punto de vista, cada vez es más fácil ver cómo, ante el creciente y penetrante poder de agentes importantes y grandes redes económicas y financieras, a los actores políticos, a menudo desorientados e impotentes a causa de la supranacionalidad de tales agentes y de la volatilidad del capital manejado por estos, les cuesta responder a su vocación original como servidores del bien común, y pueden incluso convertirse en siervos de intereses extraños a ese bien.[25]
Esto hace hoy más que nunca urgente una alianza renovada entre los agentes econó­micos y políticos en la promoción de todo aquello que es necesario para el completo desarrollo de cada persona humana y de toda la sociedad, conjugando al mismo tiempo las exigencias de la solidaridad y la subsidiariedad.[26]

13. En principio, todas las dotaciones y medios utilizados por los mercados para aumentar su capacidad de asignación, si no están dirigidos contra la dignidad de la persona y tienen en cuenta el bien común, son moralmente admisibles.[27]
Sin embargo, es asimismo evidente que ese potente propulsor de la economía que son los mercados es incapaz de regularse por sí mismo:[28] de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesión social, honestidad, confianza, seguridad, leyes…), ni de corregir los efectos externos negativos (diseconomy) para la sociedad humana (desigualdades, asimetrías, degradación ambiental, inseguridad social, fraude…).

14. No es posible, además, más allá del hecho de que muchos de sus operadores están animados individualmente por buenas y correctas intenciones, ignorar que en la actualidad la industria financiera, debido a su omnipresencia y a su inevitable capacidad de condicionar y – en cierto sentido – de dominar la economía real, es un lugar donde los egoísmos y los abusos tienen un potencial sin igual para causar daño a la comunidad.
En este sentido, hay que destacar que en el mundo económico y financiero se dan casos en los cuales algunos de los medios utilizados por los mercados, aunque no sean en sí mismos inaceptables desde un punto de vista ético, constituyen sin embargo casos de inmoralidad próxima, a saber, ocasiones en las cuales con mucha facilidad se generan abusos y fraudes, especialmente en perjuicio de la contraparte en desventaja. Por ejemplo, comercializar algunos productos financieros, en sí mismos lícitos, en situación de asimetría, aprovechando las lagunas informativas o la debilidad contractual de una de las partes, constituye de suyo una violación de la debida honestidad relacional y es una grave infracción desde el punto ético.
Dado que, en la situación actual, la complejidad de muchos productos financieros hace de esa asimetría un elemento intrínseco al sistema – que pone a los compradores en una posición de inferioridad en relación a quienes los comercializan – no pocos piden la superación del principio tradicional del caveat emptor («¡atento, comprador!»). Este principio, según el cual incumbiría ante todo al comprador la responsabilidad de verificar la calidad del bien adquirido, presupone, de hecho, la igualdad en la capacidad de proteger el propio interés por parte de los contrayentes; lo que, de hecho, hoy en día en muchos casos no existe, ya sea por la evidente relación jerárquica que se instaura en algunos tipos de contratos (como entre prestamista y el prestatario), ya sea por la compleja estructuración de muchas ofertas financieras.

15. También el dinero es en sí mismo un instrumento bueno, como muchas cosas de las que el hombre dispone: es un medio a disposición de su libertad, y sirve para ampliar sus posibilidades. Este medio, sin embargo, se puede volver fácilmente contra el hombre. Así también la multiplicidad de instrumentos financieros (financialization) a disposición del mundo empresarial, que permite a las empresas acceder al dinero mediante el ingreso en el mundo de la libre contratación en bolsa, es en sí mismo un hecho positivo. Este fenómeno, sin embargo, implica hoy el riesgo de provocar una mala financiación de la economía, haciendo que la riqueza virtual, concentrándose principalmente en transacciones marcadas por un mero intento especulativo y en negociaciones «de alta frecuencia» (high-frequency trading), atraiga a sí excesivas cantidades de capitales, sustrayéndolas al mismo tiempo a los circuitos virtuosos de la economía real.[29]
Lo que había sido tristemente vaticinado hace más de un siglo, por desgracia, ahora se ha hecho realidad: el rendimiento del capital asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo, confinado a menudo al margen de los principales intereses del sistema económico. En consecuencia, el trabajo mismo, con su dignidad, no sólo se convierte en una realidad cada vez más en peligro, sino que pierde también su condición de «bien» para el hombre,[30] convirtiéndose en un simple medio de intercambio dentro de relaciones sociales asimétricas.

Precisamente en esa inversión de orden entre medios y fines, en virtud del cual el trabajo, de bien, se convierte en «instrumento» y el dinero, de medio, se convierte en «fin», encuentra terreno fértil esa «cultura del descarte», temeraria y amoral, que ha marginado a grandes masas de población, privándoles de trabajo decente y convirtiéndoles en sujetos «sin horizontes, sin salida»: «Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»».[31]

16. A tal propósito, cómo no pensar en la función social insustituible del crédito, cuya responsabilidad incumbe principalmente a intermediarios financieros cualificados y fiables. En este contexto, resulta claro que la aplicación de tasas de interés excesivamente altas, que de hecho no son sostenibles por los prestatarios, representa una operación no solo ilegítima bajo el perfil ético sino también disfuncional para la salud del sistema económico. Desde siempre, semejantes prácticas, así como los comportamientos efectivamente usurarios, han sido percibidos por la conciencia humana como inicuos y por el sistema económico como contrarios a su correcto funcionamiento.
Aquí la actividad financiera revela su vocación primaria de servicio a la economía real, llamada a crear valor, por medios moralmente lícitos, y a favorecer una movilización de los capitales para generar una circularidad virtuosa de riqueza.[32] En este sentido, por ejemplo, son muy positivas y deben ser alentadas realidades como el crédito cooperativo, el microcrédito, así como el crédito público al servicio de las familias, las empresas, las comunidades locales y el crédito para la ayuda a los países en desarrollo.
Nunca como en este ámbito, donde el dinero puede manifestar todo su potencial positivo, es tan evidente que no resulta legítimo, desde el punto de vista ético, arriesgar injustificadamente el crédito que deriva de la sociedad civil, utilizándolo con fines principalmente especulativos.

17. Es un fenómeno éticamente inaceptable, no la simple ganancia, sino el aprovecharse de una asimetría en favor propio para generar beneficios significativos a expensas de otros; lucrar explotando la propia posición dominante con desventaja injusta de los demás o enriquecerse creando perjuicio o perturbando el bienestar colectivo.[33]
Esta práctica es particularmente deplorable, desde el punto de vista moral, cuando unos pocos – por ejemplo importantes fondos de inversión – intentan obtener beneficios, mediante una especulación[34] encaminada a provocar disminuciones artificiales de los precios de los títulos de la deuda pública, sin preocuparse de afectar negativamente o agravar la situación económica de países enteros, poniendo en peligro no sólo los proyectos públicos de saneamiento económico sino la misma estabilidad económica de millones de familias, obligando al mismo tiempo a las autoridades gubernamentales a intervenir con grandes cantidades de dinero público, y llegando incluso a determinar artificialmente el funcionamiento adecuado de los sistemas políticos.

La finalidad especulativa, especialmente en el campo económico financiero, amenaza hoy con suplantar a todos los otros objetivos principales en los que se concreta la libertad humana. Este hecho está deteriorando el inmenso patrimonio de valores que hace de nuestra sociedad civil un lugar de coexistencia pacífica, de encuentro, de solidaridad, de reciprocidad regeneradora y de responsabilidad por el bien común. En este contexto, palabras como «eficiencia», «competencia», «liderazgo», «mérito» tienden a ocupar todo el espacio de nuestra cultura civil, asumiendo un significado que acaba empobreciendo la calidad de los intercambios, reducidos a meros coeficientes numéricos.
Esto requiere ante todo que se emprenda una reconquista de lo humano, para reabrir los horizontes a la sobreabundancia de valores, que es la única que permite al hombre encontrarse a sí mismo y construir sociedades que sean acogedoras e inclusivas, donde haya espacio para los más débiles y donde la riqueza se utilice en beneficio de todos. En resumen, lugares donde al hombre le resulte bello vivir y fácil esperar.

III. Algunas puntualizaciones en el contexto actual

18. Para ofrecer orientaciones éticas concretas y específicas a todos los agentes económicos y financieros – quienes lo requieren cada vez más – se tratará ahora de formular algunas puntualizaciones, útiles para un discernimiento que mantenga abiertas las vías hacía aquello que hace al hombre verdaderamente hombre y le ayude a evitar poner en peligro tanto su dignidad como el bien común.[35]

19. El mercado, gracias al progreso de la globalización y la digitalización, puede compararse con un gran organismo, en cuyas venas corren, como linfa vital, inmensas cantidades de capitales. Sirviéndonos de esta analogía, podemos por tanto hablar también de la «salud» del mismo organismo, cuando sus medios y aparatos procuran una buena funcionalidad del sistema, en el cual el crecimiento y la difusión de la riqueza van de consuno. Salud del sistema que depende de la salud de cada una de las acciones realizadas. Con semejante salud del sistema-mercado es más fácil que sean respetados y promovidos también la dignidad del hombre y el bien común.
De modo semejante, cada vez que se introducen y difunden instrumentos económicos y financieros no fiables, que ponen en serio peligro el crecimiento y la difusión de la riqueza, creando puntos críticos y riesgos sistémicos, se puede hablar de una «intoxicación» de ese organismo.
Se entiende así la exigencia, cada vez más advertida, de introducir una certificación de las autoridades públicas para todos los productos que provienen de la innovación financiera, al fin de preservar la salud del sistema y prevenir efectos colaterales negativos. Favorecer la salud y evitar la contaminación, incluso desde el punto de vista económico, es un imperativo moral ineludible para todos los actores comprometidos en los mercados. Esta exigencia demuestra asimismo la urgencia de una coordinación supranacional entre las diferentes arquitecturas de los sistemas financieros locales.[36]

20. Esa salud se nutre de una multiplicidad y diversidad de recursos, que constituye una especie de «biodiversidad» económica y financiera. Esta representa un valor añadido para el sistema económico y debe ser favorecida y salvaguardada mediante adecuadas políticas económico-financieras, al fin de asegurar a los mercados la presencia de una pluralidad de sujetos e instrumentos sanos, con riqueza y diversidad de caracteres; sea en positivo, sosteniendo su acción, sea en negativo, obstaculizando a todos aquellos que deterioran la funcionalidad del sistema que produce y difunde riqueza.
A este respecto, hay que destacar que la cooperación realiza una función singular en la tarea de producir en modo sano valor añadido en los mercados. Una leal e intensa sinergia de los agentes obtiene fácilmente ese valor añadido que busca toda actuación económica.[37]
Cuando el hombre reconoce la solidaridad fundamental que lo liga a todos los demás hombres, percibe que no puede apropiarse de los bienes de que dispone. Cuando se habitúa a la solidaridad, estos bienes son usados no sólo para sus propias necesidades, y así se multiplican, dando a menudo también frutos inesperados para los demás.[38] Aquí se puede notar claramente cómo compartir «no es solo división sino también multiplicación de los bienes, creación de nuevo pan, de nuevos bienes, de nuevo Bien con mayúscula».[39]

21. La experiencia de las últimas décadas ha demostrado con evidencia, por un lado, lo ingenua que es la confianza en una autosuficiencia distributiva de los mercados, independiente de toda ética y, por otro lado, la impelente necesidad de una adecuada regulación, que conjugue al mismo tiempo libertad y tutela de todos los sujetos que en ella operan en régimen de una sana y correcta interacción, especialmente de los más vulnerables. En este sentido, los poderes políticos y económico-financieros deben siempre mantenerse distintos y autónomos y al mismo tiempo orientarse, más allá de todas complicidad nociva, a la realización de un bien que es tendencialmente común y no reservado a pocos sujetos privilegiados.[40]
Esa regulación se hace aún más necesaria ya sea por la constatación de que entre los principales motivos de la reciente crisis económica se hallan también conductas inmorales de representantes de mundo financiero, ya sea por el hecho de que la dimensión supranacional del sistema económico permite burlar fácilmente las reglas establecidas por los distintos países. Además, la extrema volatilidad y movilidad de los capitales comprometidos en el mundo financiero permite a quien dispone de ellos operar fácilmente más allá de toda norma que no sea la de un beneficio inmediato, chantajeando a menudo desde una posición de fuerza también al poder político de turno.

Queda claro, por tanto, que los mercados necesitan orientaciones sólidas y robustas, tanto macroprudenciales como normativas, lo más participadas y uniformes que sea posible; así como reglas, que hay que actualizar continuamente, porque la realidad misma de los mercados está en continuo movimiento. Estas orientaciones deben garantizar un serio control de la fiabilidad y la calidad de todos los productos económicos y financieros, especialmente los más estructurados. Y cuando la velocidad de los procesos de innovación produce excesivos riesgos sistémicos, es preciso que los operadores económicos acepten los vínculos y frenos que exige el bien común, sin tratar de burlarlos o disminuirlos.
En tal sentido, teniendo presente la actual globalización del sistema financiero, es importante mantener una coordinación estable, clara y eficaz entre las diversas autoridades nacionales de regulación de los mercados, con la posibilidad, y a veces incluso la necesidad, de compartir con prontitud decisiones vinculantes cuando lo exija el riesgo para el bien común. Esas autoridades de regulación deben ser siempre independientes y estar vinculadas a las exigencias de la equidad y del bien común. La dificultades comprensibles, en este sentido, no deben desalentar la búsqueda y actuación de estos sistemas normativos, que deben ser concertados entre los países y cuyo alcance debe ser igualmente supranacional.[41]
Las reglas deben favorecer una completa trasparencia de lo que se negocia, para eliminar toda forma de injusta desigualdad, garantizando lo más posible un equilibrio en los intercambios. Especialmente teniendo en cuenta que la concentración asimétrica de informaciones y poder tiende a reforzar a los sujetos económicos más fuertes, creando hegemonías capaces de influenciar unilateralmente no sólo los mercados sino incluso los mismos sistemas políticos y normativos. Por lo demás, allí donde se ha practicado una desregulación masiva se ha puesto en evidencia que los espacios de vacío normativo e institucional constituyen espacios favorables, no sólo para el riesgo moral y la malversación, sino también para la aparición de exuberancias irracionales de los mercados – a las que siguen burbujas especulativas y luego repentinos colapsos ruinosos – y de crisis sistémicas.[42]

22. Una gran ayuda para evitar crisis sistémicas sería establecer, para los intermediarios bancarios de crédito, una clara definición y la separación de la gestión de cartera de créditos comerciales y aquel destinado a la inversión o a la negociación de cartera propia.[43] Todo esto para evitar, lo más posible, situaciones de inestabilidad financiera.
La salud del sistema financiero exige además la mayor cantidad de información posible, para que cada sujeto pueda tutelar en plena y consciente libertad sus intereses: es importante, en efecto, saber si los propios capitales son usados con fines especulativos o no, así como conocer claramente el grado de riesgo y la congruencia del precio de los productos financieros que se subscriben. Sobre todo considerando que el ahorro, especialmente el familiar, es un bien público que hay que tutelar y que trata siempre de excluir el riesgo. El mismo ahorro, cuando se pone en manos expertas de asesores financieros, tiene que ser bien administrado y no simplemente gestionado.
Entre los comportamientos moralmente criticables en la gestión del ahorro por parte de los asesores financieros cabe señalar: los excesivos movimientos del portafolio de títulos, con el propósito principal de incrementar los ingresos generados por las comisiones del intermediario; la desaparición de la imparcialidad debida en la oferta de instrumentos de ahorro, con la complicidad de algunos bancos, allí donde los productos de otros sujetos se ajustarían mejores a las necesidades del cliente; la falta de diligencia adecuada o incluso negligencia dolosa por parte de los consultores, respecto a la protección de los intereses de portafolio de sus clientes; la concesión de préstamos por parte de un intermediario bancario, subordinada a la simultánea subscripción de otros productos financieros quizás no favorables al cliente.

23. Toda empresa es una importante red de relaciones y, a su manera, representa un verdadero cuerpo social intermedio, con su propia cultura y praxis. Estas, mientras determinan la organización interna de la empresa, afectan también al tejido social en el que ella opera. Precisamente a este nivel, la Iglesia recuerda la importancia de una responsabilidad social de la empresa[44], que se explicita ad extra y ad intra de la misma.
En este sentido, donde el mero beneficio se sitúa en la cima de la cultura de una empresa financiera, ignorando las simultáneas necesidades del bien común – cosa que hoy se señala como un hecho generalizado incluso en prestigiosas escuelas de negocios (business schools) –, toda instancia ética viene de hecho percibida como extrínseca y yuxtapuesta a la acción empresarial. Esto resulta mucho más acentuado por el hecho de que, en tal lógica organizativa, aquellos que no se adecuan a los objetivos empresariales de este tipo, son penalizados tanto a nivel retributivo como de reconocimiento profesional. En estos casos, la finalidad del mero lucro crea fácilmente una lógica perversa y selectiva, que a menudo favorece el ascenso a la cima empresarial de sujetos capaces pero codiciosos y sin escrúpulos, cuya acción social es impulsada principalmente por una ganancia personal egoísta.

Además, esta lógica obliga con frecuencia a la administración a actuar políticas eco­nómicas encaminadas, no a impulsar la salud económica de las empresas a las que ser­vían, sino a incrementar solo los beneficios de los accionistas (shareholders), perjudicando así los intereses legítimos de todos aquellos que, con su trabajo y servicio, operan en beneficio de la misma empresa, así como a los consumidores y a las varias comunidades locales (stakeholders). Y todo ello, a menudo, estimulado por enormes remuneraciones proporcionales a los resultados inmediatos de la gestión (por lo demás no equilibradas con equivalentes penalizaciones en caso de fracaso de los objetivos), que, si bien a corto plazo aseguran grandes ganancias a los directivos y accionistas, terminan por pro­piciar la aceptación de riesgos excesivos y dejar a las empresas debilitadas y empobrecidas de las energías económicas que les habrían asegurado perspectivas adecuadas de futuro.
Todo esto fácilmente genera y difunde una cultura profundamente amoral – en la que con frecuencia no se duda en cometer un delito, cuando los beneficios esperados superan las sanciones previstas – y contamina seriamente la salud de cualquier sistema económico-social, poniendo en peligro su funcionalidad y dañando gravemente la realización efectiva del bien común, sobre el cual se fundan necesariamente todas las formas de socialización.

Por lo tanto, es urgente una autocrítica sincera a este respecto, así como una inversión de tendencia, favoreciendo en cambio una cultura empresarial y financiera que tenga en cuenta todos aquellos factores que constituyen el bien común. Esto significa, por ejemplo, que hay que colocar claramente a la persona y la calidad de las relaciones interpersonales en el centro de la cultura empresarial, , de modo que cada empresa practique una forma de responsabilidad social que no sea meramente marginal u ocasional, sino que anime desde dentro todas sus acciones, orientándola socialmente.
Precisamente aquí, la circularidad natural que existe entre el beneficio – factor intrínsecamente necesario en todo sistema económico – y la responsabilidad social – elemento esencial para la supervivencia de toda forma de convivencia civil – está llamada a revelar toda su fecundidad, mostrando el vínculo indisoluble, que el pecado tiende a ocultar, entre una ética respetuosa de las personas y del bien común, y la funcionalidad real de todo sistema económico-financiero. Esta circularidad virtuosa es favorecida, por ejemplo, por la búsqueda de la reducción del riesgo de conflicto con los stakeholder, como asimismo por el fomento de una mayor motivación intrínseca de los empleados en una empresa.
Aquí la creación de valor añadido, que es el propósito primordial del sistema eco­nómico-financiero, debe demostrar en última instancia su viabilidad dentro de un sistema ético sólido, precisamente porque se basa en una búsqueda sincera del bien común. Sólo del reconocimiento y potenciación del vínculo intrínseco que existe entre razón eco­nómica y razón ética puede emanar un bien que sea para todos los hombres.[45] Dado que también el mercado, para funcionar bien, necesita presupuestos antropológicos y éticos, que por sí solo no es capaz de producir.

24. Si bien, por un lado, el mérito crediticio exige una actividad de selección atenta, para identificar beneficiarios realmente dignos, capaces de innovar y evitar colusiones insanas, por otro lado los bancos, para poder soportar adecuadamente los riesgos afrontados, deben disponer de convenientes dotaciones de activos, de modo que una eventual socialización de las pérdidas sea lo más limitada posible y recaiga sobre todo en aquellos que han sido realmente responsables.
Ciertamente, la gestión delicada del ahorro, además de la debida regulación jurídica, requiere también paradigmas culturales adecuados, junto con la práctica de una revisión cuidadosa, sin excluir el punto de vista ético, de la relación entre banco y cliente, y una supervisión continua de la legitimidad de todas las operaciones que le conciernen.
Una propuesta interesante para moverse en esa dirección y que habría que experimentar, sería establecer Comités éticos, dentro de los bancos, para apoyar a los Consejos de Administración. Todo ello para ayudar a los bancos, no sólo a preservar sus balances de las consecuencias de sufrimientos y pérdidas y a mantener una coherencia efectiva entre la misión fiduciaria y la praxis financiera, sino también a apoyar adecuadamente la economía real.

25. La creación de títulos de crédito de alto riesgo – que operan de hecho una especie de creación ficticia de valor, sin un adecuado quality control ni una correcta evaluación del crédito – puede enriquecer a quienes hacen de intermediarios, pero crean fácilmente insolvencia en perjuicio de aquellos que los deben cobrar; esto es tanto aún más cierto si el peso de la criticidad de estos títulos, por parte del instituto que los emite, se descarga en el mercado en el que se difunden y propagan (por ejemplo, la titulación de hipotecas subprime), generando intoxicación en amplios sectores y dificultades potencialmente sistémicas. Esta contaminación de los mercados contradice la necesaria salud del sistema económico-financiero, y es inaceptable desde el punto de vista de una ética respetuosa del bien común.
Cada título de crédito debe corresponder a un valor orientativamente real y no sólo presumible y difícilmente cotejable. En tal sentido, es cada vez más urgente una regulación y evaluación pública super partes del comportamiento de las agencias de rating del crédito, con instrumentos jurídicos que permitan, por un lado, sancionar las acciones distorsionadas y, por otro, impedir la creación de situaciones de oligopolio peligroso por parte de algunas de ellas. Esto es particularmente cierto en caso de productos del sistema de intermediación crediticia en los que la responsabilidad del crédito concedido es descargada por el prestamista original sobre quienes lo relevan.

26. Algunos productos financieros, incluidos los llamados «derivados», se crearon para garantizar un seguro contra riesgos inherentes a determinadas operaciones, incluyendo a menudo una apuesta hecha sobre la base del valor presuntamente atribuido a dichos riesgos. Subyacentes a estos instrumentos financieros están los contratos en los que las partes todavía pueden evaluar razonablemente el riesgo fundamental contra los cuales se pretende asegurarse.
Sin embargo, para algunos tipos de derivados (en particular, las llamadas titulizaciones o securitizations), se ha observado que a partir de las estructuras originarias y vinculadas a inversiones financiarías individuales se construían estructuras cada vez más complejas (titulizaciones de titulizaciones), en las cuales es cada vez más difícil – en realidad, prácticamente imposible después de varias de estas transacciones – establecer en modo razonable y ecuo su valor fundamental. Esto significa que cada paso en la compraventa de estos títulos, más allá de la voluntad de las partes, opera de hecho una distorsión del valor efectivo del riesgo que el instrumento debería proteger. Todo ello ha favorecido el surgimiento de burbujas especulativas, que han sido importantes concausas de la reciente crisis financiera.

Es evidente que la improvisa aleatoriedad de estos productos – el desvanecimiento creciente de la transparencia de lo que aseguran – que, en la operación original no es percibida, los hace cada vez menos aceptables desde el punto de vista de una ética respetuosa de la verdad y del bien común, ya que los transforma en una especie de bombas de relojería, listas para explotar antes o después, esparciendo su falta de fiabilidad eco­nómica e intoxicando los mercados. Hay aquí una carencia ética, que se vuelve más grave a medida que estos productos se negocian en los llamados mercados extrabursátiles (over the counter) – expuestos al azar, cuando no al fraude, más que los mercados regulados – y sustraen linfa vital e inversiones a la econo­mía real.
Una valoración ética semejante se puede hacer también con respecto a los usos de los credit default swap (CDS: permuta de incumplimiento crediticio; esto es, contratos particulares aseguradores del riesgo de quiebra), que permiten apostar sobre el riesgo de quiebra de un tercero, también a aquellos que no han asumido en precedencia un riesgo de crédito, e incluso repetir tales transacciones en el mismo evento, lo cual no es de ninguna manera permitido por las normales pólizas de seguros.
El mercado de CDS, en vísperas de la crisis económica de 2007, era tan imponente que representaba aproximadamente el equivalente del PIB mundial. El difundirse sin límites adecuados de este tipo de contratos ha favorecido el crecimiento de una finanza de riesgo y de apuestas sobre la quiebra de terceros, lo que resulta inaceptable desde el punto de visto ético.
De hecho, la operatividad de compra de esos instrumentos por parte de aquellos que no han asumido aún riesgo alguno de crédito es un caso singular en el que individuos comienzan a interesarse por la quiebra de otras entidades económicas e incluso pueden verse tentados a operar en este sentido.
Es evidente que esta posibilidad, mientras, por una parte, constituye un hecho particularmente reprobable desde el punto de vista moral, ya que quien así actúa lo hace en pos de una especie de «canibalismo» económico, por otra parte, socava la necesaria confianza básica, sin la cual el circuito económico terminaría bloqueando. También en este caso, podemos notar cómo un evento negativo desde el punto de vista ético, se convierte en perjudicial para la sana funcionalidad de sistema económico.
Cabe señalar, finalmente, que cuando de semejantes apuestas pueden derivar grandes daños a países enteros y a millones de familias, nos enfrentamos a acciones sumamente inmorales, y resulta por ello conveniente ampliar las prohibiciones, ya existentes en algunos países, para este tipo de operaciones, castigando con la máxima severidad tales infracciones.

27. En un punto neurálgico del dinamismo de los mercados financieros se encuentran tanto la fijación (fixing) de la tasa de interés relativa a los préstamos interbancarios (LIBOR), cuya cuantificación sirve como tasa-guía de interés del mercado monetario, como las tasas de cambio oficiales de las distintas divisas, aplicadas por los bancos.
Estos son parámetros importantes, que tienen un impacto significativo en todo el sistema económico-financiero, ya que afectan a las grandes transferencias diarias de efectivo entre las partes que suscriben contratos basados precisamente en la cuantificación de dichas tasas. La manipulación de esta constituye por lo tanto un caso de grave violación ética, con consecuencias de amplio alcance.

El hecho de que esto haya podido suceder impunemente durante muchos años demuestra lo frágil y expuesto al fraude que es un sistema financiero que no esté suficientemente controlado por normas y se halle desprovisto de sanciones proporcionadas a las violaciones en las que incurren sus actores. En este contexto, la creación de verdaderos «carteles» de connivencia entre los sujetos responsables de la correcta fijación del nivel de esas tasas constituye un caso de asociación para delinquir particularmente perjudicial para el bien común, que inflige una peligrosa herida a la salud del sistema económico y que hay que sancionar con penas adecuadas que disuadan de su reiteración.

28. Hoy en día, los principales actores del mundo financiero, y en especial los bancos, deben contar con órganos internos que garanticen el adecuado control de conformidad (compliance), o autocontrol de la legitimidad de los principales pasos del proceso de decisión y de los productos más importantes ofrecidos por la empresa. Sin embargo, cabe señalar que, al menos hasta un pasado muy reciente, la práctica del sistema económico-finan­ciero se basa en gran parte en un juicio puramente negativo del control de conformidad, es decir, sobre un respeto meramente formal de los límites establecidos por las leyes vigentes. Desafortunadamente, de esto también deriva la frecuencia de una praxis de hecho elusiva de los controles normativos, es decir, de acciones destinadas a zafarse de los principios normativos vigentes, cuidándose bien, empero, de no contradecir explícitamente las normas que los expresan, para evitar sanciones.
Para evitar todo ello, es necesario que el control de conformidad entre en lo específico de las diferentes transacciones también en positivo, verificando su cumplimiento efectivo de los principios que informan la normativa vigente. La práctica de esta modalidad de control quedaría facilitada, según el parecer de muchos, si se establecieran Comités éticos, que funcionasen junto a los Consejos de Administración y constituyeran el interlocutor natural de quienes deben garantizar, en el correcto operar de los bancos, la conformidad entre los comportamientos y las razones de las normas vigentes.
A tal fin, dentro de las empresas habría que disponer líneas guía, que permitan facilitar este juicio de conformidad, de modo que sea posible discernir cuáles de las transacciones técnicamente viables en el aspecto jurídico, son de hecho, legítimas y viables desde el punto de vista ético (cuestión muy relevante, por ejemplo, para las prácticas de elusión fiscal). El objetivo es pasar de un respeto formal a un respeto sustancial de las reglas.
Además, es deseable que también en el sistema normativo que regula el mundo financiero haya una cláusula general que declare ilegítimos, con la consiguiente responsabilidad patrimonial de todos los sujetos imputables, aquellos actos cuyo propósito sea principalmente la elusión de la normativa vigente.

29. Ya no es posible ignorar fenómenos como la expansión en el mundo de los sistemas bancarios paralelos (shadow banking system), los cuales, si bien incluyen dentro de sí también tipologías de intermediarios cuya operatividad no parece crítica a primera vista, han determinado de hecho una pérdida de control sobre el sistema por parte de diversas autoridades de vigilancia nacionales, favoreciendo de forma imprudente el uso de la llamada financiación creativa, en la cual la principal razón para invertir recursos financieros es predominantemente especulativa, cuando no depredadora, y no un servicio a la economía real. Por ejemplo, muchos coinciden en afirmar que la existencia de estos sistemas «sombra» es una de las principales concausas que han llevado al desarrollo y la difusión global de la reciente crisis económico-financiera que comenzó en los EE.UU. con la de las hipotecas subprime en el verano de 2007.

30. De esta intención especulativa se nutre además el mundo de las finanzas offshore, que, aunque también ofrece otros servicios legales, a través de los ampliamente difusos canales de elusión fiscal – la evasión y el lavado de dinero sucio – constituye otra razón de empobrecimiento del sistema normal de producción y distribución de bienes y servicios. Es difícil discernir si muchas de estas situaciones dan lugar a casos de inmoralidad próxima o inmediata: es ciertamente evidente que tales realidades, donde substraen injustamente linfa vital a la economía real, difícilmente pueden encontrar una justificación, ya sea desde el punto de vista ético, ya sea en términos de la eficiencia global del mismo sistema económico.
Más aún, cada vez resulta más claro que existe un grado de correlación apreciable entre el comportamiento no ético de los operadores y la quiebra del sistema en su conjunto: es ya innegable que las deficiencias éticas exacerban las imperfecciones de los mecanismos del mercado[46].

En la segunda mitad del siglo pasado, nació el mercado offshore de los euro-dólares, lugar financiero de intercambio fuera de cualquier marco normativo oficial. Mercado que desde un importante país europeo se ha extendido a otros países alrededor del mundo, creando una verdadera red financiera, alternativa al sistema financiero oficial, jurisdicciones que la protegían.
A este respecto, cabe señalar que, si bien la razón formal para legitimar la presencia de sedes offshore es la de evitar que los inversores institucionales sufran una doble tasación, primero en su país de residencia y luego en el país en el que están domiciliados los fondos, de hecho, estos lugares se han convertido hoy en día, en ocasión de operaciones financieras a menudo al límite de la legalidad, cuando no se «pasan de la raya», tanto desde el punto de vista de su legalidad normativa, como desde el punto de vista ético, es decir, de una cultura económica sana y libre del mero propósito de elusión fiscal.
En la actualidad, más de la mitad del comercio mundial es llevada a cabo por grandes sujetos, que reducen drásticamente su carga fiscal transfiriendo los ingresos de un lugar a otro, dependiendo de lo que les convenga, transfiriendo los beneficios a los paraísos fiscales y los costos a los países con altos impuestos. Está claro que esto ha restado recursos decisivos a la economía real, y ha contribuido a la creación de sistemas económicos basados en la desigualdad. Por otra parte, no es posible ignorar que esas sedes offshore se han convertido en lugares de lavado de dinero «sucio», es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra…).

Así, al disimular el hecho de que las operaciones offshore no se llevaban a cabo en sus plazas financieras oficiales, algunos Estados han permitido que se sacara provecho incluso de delitos, sintiéndose no responsables porque no se realizaban formalmente bajo su jurisdicción. Esto representa, desde un punto de vista moral, una forma obvia de hipocresía.
En poco tiempo, este mercado se ha convertido en el lugar de mayor tránsito de capitales, ya que su configuración representa una manera fácil de realizar diferentes e importantes formas de elusión fiscal. Se entiende entonces que la domiciliación offshore de muchas empresas importantes que participan en el mercado sea muy deseada y practicada.

31. Ciertamente, el sistema fiscal de los Estados no siempre parece justo; a este respecto, cabe señalar que tal injusticia a menudo es en perjuicio de los sectores económicos más débiles y en ventaja de los más equipados y capaces de influir incluso en los sistemas normativos que regulan los mismos tributos. De hecho, la imposición tributaria, cuando es justa, desempeña una fundamental función equitativa y redistributiva de la riqueza, no sólo en favor de quienes necesitan subsidios apropiados, sino también en el apoyo a la inversión y el crecimiento de la economía real.
En cualquier caso, es precisamente la elusión fiscal de los principales actores que se mueven en los mercados, especialmente los grandes intermediarios financieros, lo que representa una abominable sustracción de recursos a la economía real y un daño para toda la sociedad civil. Dada la falta de transparencia de esos sistemas es difícil determinar con precisión la cantidad de capital que pasa a través de ellos; sin embargo, se ha calculado que bastaría un impuesto mínimo sobre las transacciones offshore para resolver gran parte del problema del hambre en el mundo: ¿por qué no hacerlo con valentía?
Además, se ha demostrado que la existencia de sedes offshore favorece asimismo enormes salidas de capital de muchos países de bajos ingresos, generando numerosas crisis políticas y económicas e impidiendo a los mismos embarcarse finalmente en el camino del crecimiento y del desarrollo saludable.

A este propósito, hay que señalar que diversas instituciones internacionales han denunciado reiteradamente todo esto, y no pocos gobiernos nacionales han tratado justamente de limitar el alcance de las plazas financieras offshore. Ha habido muchos esfuerzos positivos en este sentido, especialmente en los últimos diez años. Sin embargo, todavía no ha sido posible imponer acuerdos y normativas adecuadamente eficaces en tal sentido; los esquemas normativos propuestos en esta área también por prestigiosas organizaciones internacionales han quedado frecuentemente sin aplicación o han resultado ineficaces, debido a la poderosa influencia que estas plazas pueden ejercer, a causa del gran capital del que disponen frente a tantos poderes políticos.
Todo lo cual, al mismo tiempo que constituye un grave perjuicio al buen funcionamiento de la economía real, representa una estructura que, tal como está configurada actualmente, resulta totalmente inaceptable desde el punto de vista ético. Es, por lo tanto, necesario y urgente que, a nivel internacional, se apliquen los remedios apropiados a estos sistemas inicuos; en primer lugar, practicando a todos los niveles la transparencia financiera (por ejemplo, con la obligación de rendición de cuentas, para las empresas multinacionales, de sus respectivas actividades e impuestos pagados en cada país donde operan a través de sus filiales); y también con sanciones incisivas impuestas a los países que reiteren las prácticas deshonestas (evasión y elusión de impuestos, lavado de dinero sucio) mencionadas anteriormente.

32. Especialmente en los países con economías menos desarrolladas, el sistema offshore ha empeorado la deuda pública. Se ha observado, en efecto, que la riqueza privada acumulada en los paraísos fiscales por algunas élites ha casi igualado la deuda pública de sus respectivos países. Esto evidencia asimismo que, de hecho, en el origen de esa deuda a menudo están los pasivos económicos generados por privados y luego descargados sobre los hombros del sistema público. Entre otras cosas, es bien sabido que importantes sujetos económicos tienden a buscar la socialización de las pérdidas, frecuentemente, con la connivencia de los políticos.

Sin embargo, es oportuno señalar que la deuda pública se genera, a menudo, también por una gestión imprudente – cuando no dolosa – del sistema de administración pública. Esta deuda, es decir, el conjunto de pasivos financieros que pesan sobre los Estados, representa hoy uno de los mayores obstáculos para el buen funcionamiento y crecimiento de las distintas economías nacionales. Numerosas economías nacionales se ven de hecho agobiadas por el pago de los intereses que provienen de esa deuda y, por lo tanto, se ven en la necesidad de hacer ajustes estructurales con ese fin.
Ante esto, por un lado, los Estados están llamados a revertir la situación con una adecuada gestión del sistema público, mediante sabias reformas estructurales, una sensata repartición de los gastos e inversiones prudentes; por otro lado, a nivel internacional, aún poniendo a cada país frente a sus ineludibles responsabilidades, es necesario igualmente permitir y alentar razonables vías de salida de la espiral de la deuda, no poniendo sobre los hombros de los Estados – y por tanto sobre los de sus conciudadanos, es decir, de millones de familias – cargas que de hecho son insostenibles.
Todo ello asimismo a través de políticas de reducción razonable y acordada de la deuda pública, especialmente cuando los acreedores son sujetos de tal consistencia económica que les permite ofrecerla.[47] Estas soluciones se requieren tanto para la salud del sistema económico internacional, con el fin de evitar el contagio de crisis potencialmente sistémicas, cuanto para la búsqueda del bien común de los pueblos en su conjunto.

33. Todo lo dicho hasta ahora no afecta solo a entidades fuera de nuestro control, sino que cae también dentro de la esfera de nuestra responsabilidad. Esto significa que tenemos a nuestra disposición herramientas importantes para contribuir a resolver muchos problemas. Por ejemplo, los mercados viven gracias a la demanda y a la oferta de bienes; en este sentido, cada uno de nosotros puede influir en modo decisivo, al menos, en la configuración de esa demanda.
Por lo tanto, es importante un ejercicio crítico y responsable del consumo y del ahorro. Hacer la compra, acción cotidiana con la que nos dotamos de lo necesario para vivir, implica también una selección entre los diversos productos que ofrece el mercado. Es una opción que a menudo realizamos de manera inconsciente, comprando bienes cuya producción se realiza, por ejemplo, a través de cadenas productivas donde es normal la violación de los más elementales derechos humanos o gracias a empresas cuya ética, de hecho, no conoce otros intereses sino los de la ganancia de sus accionistas a cualquier costo.
Es necesario seleccionar aquellos bienes de consumo detrás de los cuales hay un proceso éticamente digno, ya que incluso a través del gesto, aparentemente banal, del consumo expresamos con los hechos una ética, y estamos llamados a tomar partido ante lo que beneficia o daña al hombre concreto. Alguien ha hablado, en este sentido, de «votar con la cartera»: se trata, en efecto, de votar diariamente en el mercado a favor de lo que ayuda al verdadero bienestar de todos nosotros y rechazar lo que lo perjudica.[48]

Las mismas reflexiones deben hacerse en relación a la gestión de los propios ahorros, dirigiéndolos, por ejemplo, hacia aquellas empresas que operan con criterios claros, inspirados en una ética respetuosa del hombre entero y de todos los hombres y en un horizonte de responsabilidad social.[49] Y, más en general, cada uno está llamado a cultivar prácticas de producción de riqueza que sean congruentes con nuestra índole relacional y tendentes al desarrollo integral de la persona

IV. Conclusión

34. Frente a la inmensidad y omnipresencia de los actuales sistemas económico-finan­cieros, nos podemos sentir tentados a resignarnos al cinismo y a pensar que, con nuestras pobres fuerzas, no podemos hacer mucho. En realidad, cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo.
Muchas asociaciones con origen en de la sociedad civil son, en este sentido, una reserva de conciencia y responsabilidad social, de la que no podemos prescindir. Hoy más que nunca, todos estamos llamados a vigilar como centinelas de la vida buena y a hacernos intérpretes de un nuevo protagonismo social, basando nuestra acción en la búsqueda del bien común y fundándola sobre sólidos principios de solidaridad y subsidiariedad.

Cada gesto de nuestra libertad, aunque pueda parecer frágil e insignificante, si orienta realmente al auténtico bien, se apoya en Aquel que es Señor bueno de la historia, y se convierte en parte de una positividad, que va más allá de nuestras pobres fuerzas, uniendo indisolublemente todos los actos de buena voluntad en una red que une el cielo con la tierra, verdadero instrumento de humanización del hombre y del mundo. Esto es lo que necesitamos para vivir bien y nutrir una esperanza que esté a la altura de nuestra dignidad de personas humanas.
La Iglesia, Madre y Maestra, consciente de haber recibido en don un inmerecido depósito, ofrece a los hombres y las mujeres de todos los tiempos los recursos para una esperanza fiable. María, Madre del Dios hecho hombre por nosotros, tome de la mano nuestros corazones y los guíe en la sabia construcción de aquel bien que su Hijo Jesús, a través de su humanidad hecha nueva por el Espíritu Santo, ha venido a inaugurar para la salvación del mundo.
El Sumo Pontífice Francisco, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha aprobado las presentes Consideraciones, decididas en la Sesión Ordinaria de este Dicasterio y ha ordenado su publicación.
Dado en Roma el 6 de enero de 2018, Solemnidad de la Epifanía del Señor.
+ Luis F. Ladaria, S.I.
Arzobispo titular de Thibica
Prefecto de la Congregación
Para la Doctrina de la Fe
Peter Card. Turkson
Prefecto del Dicasterio para el Servicio
del Desarrollo Humano Integral
+ Giacomo Morandi
Arzobispo titular de Cerveteri
Secretario de la Congregación
para la Doctrina de la Fe
Bruno Marie Duffé
Secretario del Dicasterio para el Servicio
del Desarrollo Humano Integral

Notas:
[1] Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 48.
[2] Cf. Ibíd., n. 5.
[3] Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 231: AAS 107 (2015), 937.
[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 de junio de 2009), n. 59: AAS 101 (2009), 694.
[5] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Fides et ratio (14 de septiembre de 1998), n. 98: AAS 91 (1999), 81.
[6] Cf. Comisión Teológica Internacional, En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural (2009), n. 87, Ciudad del Vaticano 2009, 86
[7] Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[8] Id., Exhort. apost. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), n. 178: AAS 105 (2013), 1094.
[9] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad pública con competencia universal (24 de octubre de 2011), n. 1: www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20111024 _nota_it.html
[10] Cf. Francesco, Carta enc. Lautado si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[11] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium ( 24 novembre 2013), n. 53: AAS 105 (2013), 1042.
[12] Ibid., n. 58: AAS 105 (2013), 1042.
[13] Cf. Concilio EcuménicoVaticano II, Decl. Dignitatis humanae, n. 14.
[14] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 de junio de 2009), n. 45: AAS 101 (2009), 681.
[15] Cf. Ibíd., n. 74: AAS 101 (2009), 705.
[16] Cf. Francisco, Discurso al Parlamento Europeo (25 de noviembre de 2014), Estrasburgo: AAS 106 (2014) 997-998.
[17] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 37: AAS 101 (2009), 672.
[18] Cf. Ibíd., n. 55: AAS 101 (2009), 690.
[19] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollecitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), n. 42: AAS 80 (1988), 772.
[20] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1908.
[21] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 13: AAS 107 (2015), 852; Exhort. apost. Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), n. 44: AAS 108 (2016), 327.
[22] Cf. Por ej. el lema ora et labora, que recuerda la Regla de San Benedicto de Nursia: en su simplicidad indica que la oración, especialmente la litúrgica, al abrirnos a la relación con Dios que en Jesucristo y en su Espíritu se manifiesta como Bien y Verdad, ofrece de esta manera también la forma adecuada y la manera de construir un mundo mejor y más real, es decir, más humano.
[23] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 de mayo de 1991), nn. 17, 24, 42: AAS 83 (1991), 814, 821, 845.
[24] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno (15 de mayo de 1931), n. 105: AAS 23 (1931), 210; Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967), n. 9: AAS 59 (1967), 261; Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 203: AAS 107 (2015), 927.
[25] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 175: AAS 107 (2015), 916. Sobre el vínculo necesario entre economía y política, cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 36: AAS 101 (2009), 671: «La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios».
[26] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 58: AAS (2009), 693.
[27] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 64.
[28] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno, n. 89: AAS 23 (1931), 206; Benedicto XVI, Caritas in veritate, n. 35: AAS 101 (2009), 670; Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, n. 204: AAS 105 (2013), 1105.
[29] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 109: AAS 107 (2015), 891.
[30] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), n. 9: AAS 73 (1981), 598.
[31] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, n. 53: AAS 105 (2013), 1042.
[32] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 369.
[33] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno, n. 132: AAS 23 (1931), 219; Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, n. 24: AAS 59 (1967), 269.
[34] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2409.
[35] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, n. 13: AAS 59 (1967), 263. Algunas indicaciones importantes han sido ofrecidas al respecto (cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Nota Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal, n. 4): «Hay que proseguir en la línea del discernimiento, para favorecer una desarrollo positivo del sistema económico – financie y contribuir a eliminar las estructuras de injusticia que le limitan las potencialidades benéficas».
[36] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 198: AAS 107 (2015), 925.
[37] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 343.
[38] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 35: AAS 101 (2009), 670.
[39] Francisco, Discurso a los participantes en la reunión de «Economía de Comunión», organizado por el movimiento de los Focolares (4 de febrero de 2017): L’Osservatore Romano, 5 de febrero de 2017, 8.
[40] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollecitudo rei socialis, n. 28 AAS 80 (1988),548.
[41] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 67: AAS 101 (2009), 700.
[42] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Nota Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal, n. 1: L’Osservatore Romano, 24-25 de octubre de 2011, 6.
[43] Cf. Ibíd., n. 4: : L’Osservatore Romano, 24-25 de octubre de 2011, 7.
[44] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 45: AAS 101 (2009), 681; Francesco, Mensaje para Celebración de la 47ª Jornada mundial de la Paz (1 de enero de 2015), n. 5: AAS 107 (2015), 66.
[45] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 45: AAS 101 (2009), 671.
[46] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[47] Cf. Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (8 de enero de 2007): AAS 99 (2007), 73.
[48] Cf. Id., Carta enc. Caritas in veritate, n. 66: AAS 101 (2009), 699.
[49] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 358


Oeconomicae et pecuniariae quaestiones (PDF)

Jornada internacional para una alternativa frente al sistema monetario-financiero #11F

Presentamos aquí un reporte video de la Jornada internacional organizada el 11 de febrero 2017 alrededor del frente anti-CFA en África en 40 ciudades del mundo en pos de proponer una alternativa al sistema monetario-financiero (Ver los fundamentos de la jornada en : Frente intercontinental para un orden financiero ético y Tiempo de desobediencia monetaria y financiera).

 

 

Deuda externa: «Es impagable y condena a generaciones enteras a vivir para pagar intereses usurarios»

Por Pedro Biscay, director del Banco Central y ex coordinador del área de Fraude Económico y Bancario de la PROCELAC, publica en AGENCIA PACO URONDO un texto que forma parte del próximo número de la revista Observatorio de la Riqueza Padre Arrupe.

“Una civilización que se cree incapaz de resolver los problemas causados por su funcionamiento, es una civilización decadente.
Una civilización que opta por cerrar los ojos ante sus problemas más cruciales es una civilización violada.
Una civilización que traiciona sus principios es una civilización moribunda”
Aimé Césaire en el “Discurso sobre el Colonialismo”, 1950

En el Discurso de Argel, el Che Guevara se preguntaba “…¿Cómo puede significar “beneficio mutuo” vender a precios del mercado mundial las materias primas, que cuestan sudor y sufrimiento sin límites, a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?…” . Pasaron 52 años de aquellas jornadas y la pregunta mantiene toda su 2 vigencia. Las luchas de liberación nacional de los pueblos africanos bajo dominio colonial francés, no eliminaron las prácticas colonialistas, simplemente transformó sus formas. La diáspora africana alrededor del mundo está denunciando y clamando con urgencia por el cese de las mismas.

La esclavitud, la trata de personas y el comercio de esclavos estuvieron en el corazón de las relaciones comerciales durante gran parte del S. XVIII. Cerca de 12 millones de africanos fueron vendidos como fuerza de trabajo esclava, sólo por tomar a Inglaterra como destino. En 1807 se firmó el Acta de Comercio de Esclavos y en 1833 el Acta de Abolición de Esclavitud que establecía penalidades de multas y confiscación para el tráfico de personas esclavizadas. Junto con la firma del acta se reconocieron compensaciones por esclavitud a unos 46 mil dueños de esclavos (unos USD 30 millones, aprox. USD 3 mil millones a valores actuales). Actualmente, en América Latina y África, el tráfico de personas y la trata con fines de explotación sexual y laboral son formas comerciales altamente lucrativas ligadas a la criminalidad organizada. ¿Acaso no era criminal el tráfico de esclavos? ¿Acaso no era una forma organizada de criminalidad?

¿Es posible pensar África y América Latina por separado? En ambos continentes anidan prácticas sistemáticas de saqueo sobre los recursos naturales y las riquezas que reflejan el pleno S. XXI la esencia más profunda del colonialismo. Ejecutado en el pasado sobre la base de escopetazos y azotes, así como en el presente bajo la administración de los negocios e intereses estratégicos en manos de elites, burocracias locales y tecnocracias rentadas, el secreto que las mantiene vivas es el silencio de los opresores y la complicidad moral de aquellos que aceptan a aquellos de buen modo.

En el prólogo a “Los condenados de la tierra”, el crudo libro de Franz Fanón, Jean Paul artre escribió “…no nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros…” La historia monetaria de los países africanos que integran la Comunidad Financiera Africana – CFA (siglas fácilmente reemplazables por Colonias Francesa Africanas), es una historia olvidada, que tuve la oportunidad de descubrir a raíz de algunos vínculos con quienes, dentro de la diáspora africana, se hacen llamar la “generación consciente”. Hijos de generaciones africanas que llevan tiempo viviendo en Europa y otras partes del mundo y que decidieron decir basta al sistema de saqueo que las potencias ejecutan en sus países.

El Franco CFA es la moneda que rige en catorce países y que durante el año 1945 3 firmaron el tratado de la Unión Monetaria de África en virtud del que se fueron generando una serie de instituciones regionales como el Banco Central de los Estados de África Occidental – BCEAO.

Seis ejes fundantes definen este modelo: a. inconvertibilidad monetaria; b. libre movilidad de capitales; c. tasa de cambio fijo; d. centralización de las reservas internacionales disponibles de los países en el orden del 50% para cada estado y administrado por el tesoro de Francia a través de la cuenta de operación monetarias; e. establecimiento de una meta de inflación en el orden del 3% por parte de un comité de la Unión Monetaria y Económica de África Occidental y; f. establecimiento de exigencias fijas de capital de reserva mínima que deben cumplir los bancos, definidos también por instancias externas a los responsables de cada país.

El Franco CFA no es más que el establecimiento de un sistema de enclaves monetarios que beneficia al poder económico francés y algunas elites locales africanas, responsables del saqueo de sus riquezas naturales y de la corrupción sobre los recursos públicos. La consecuencia de esto es una política monetaria restrictiva y que piensa más en los intereses de los saqueadores de riquezas que en la dignidad y libertad de los pueblos.

Desde el año 2000 las economías subsaharianas han crecido a un promedio del 5,9% del Producto Bruto Interno (incluso a un ritmo superior que América Latina); crecimiento que tal vez no registre antecedentes por su magnitud y velocidad dado que durante los primeros años de la independencia el crecimiento de la región había alcanzado el 2,4% en promedio y luego en los años setenta con un aumento promedio del orden del 4%, mientras que en el período de reformas de mercado alcanzó el nivel del 2%. El último informe de Política Monetaria del BCEAO refleja una tasa de 4 crecimiento real del PBI cercano al orden del 6%. El Banco Mundial, en su informe 5 anual por país ubica a África subsahariana dentro de las economías de mayor crecimiento a nivel global en su PBI en el período 2000/2010, registrando en el año 2004 un pico de 11,65%. Los datos para el año 2015 registraron crecimiento 6 promedio del 3%.

Todos estos países cumplen a raja tabla las exigencias de un 3% de inflación impuesta por la Unión Económica y Monetaria de África Occidental. Sin embargo, ninguno de estos datos refleja la realidad dado que no se percibe el impacto social positivo que dichos indicadores debieran generar en la sociedad. Seguramente, algunos acusarán que la corrupción es el corazón del problema, puesto que estos países ocupan los lugares peor calificados por Transparency International. Disiento con ello. Este tipo de respuestas simples, por cierto, pretende moralizar un problema político que nada explica, pero es útil para ocultar aspectos centrales de la colonización monetaria en África. Los dos lados de la moneda pueden describirse rápidamente del siguiente modo: de un lado, fuertes exigencias de austeridad sobre la circulación monetaria, estricto control del déficit público, del sistema de precios y del nivel de los salarios. Del otro lado de la moneda, una libre fluidez para el retiro de capitales y de riquezas generadas en estos países, condición indispensable (según afirman) para que lleguen las inversiones necesarias para el desarrollo. Obviamente cada lado de la moneda tiene sus protagonistas: de un lado, la pobreza y la escasez, del otro lado, la fuga de capitales oculta en paraísos fiscales. Allí se esconde la riqueza expropiada a los pueblos del África. Exactamente en el mismo sitio que se esconde la opaca riqueza del mundo. Panamá Papers ofrece una pista útil que arroja transparencia respecto del quienes y del cómo.

Si pensamos en los dos continentes, no es difícil percibir rápidamente que, tanto en África como en América Latina, el mismo mecanismo de saqueo genera daños irreversibles para la sociedad. Según los datos proporcionados por Global Financial Integrity, entre 2004 y 2013 desde la Argentina se fugaron alrededor de USD 7.650 millones. En el mismo período, de los países miembros del Franco CFA se fugaron riquezas por el orden de los USD 66.305 millones.

Según estudios realizados por Tax Justice Network, la fuga de capitales a nivel global alcanzó la suma de USD 7.6 trillones incluida China. Para el caso argentino, la misma organización calcula un acumulado de riquezas ocultas en paraíso fiscales superiores a los USD 399 mil millones.

El llamamiento a poner fin a los paraísos fiscales y a la opacidad financiera se vuelve cada día más urgente, porque se trata de poner fin a los instrumentos que usan los grandes capitales financieros para esconder riqueza y generar pobreza. También se vuelve cada día más urgente condenar la riqueza y la opulencia porque es imposible alcanzar consensos básicos de igualdad y equidad social si el dinero representa un instrumento para la generación de desigualdad y violencia social. Es imposible un mundo con justicia y respeto por la calidad de vida y la libertad humana si persisten modelos monetarios como el Franco CFA que prohíben que cada uno de los países que integran la unión puedan definir autónoma y soberanamente sus políticas monetarias, financieras y crediticias.

José Martí, líder de la Independencia cubana, en ocasión de la Conferencia Monetaria convocada por Washington en el año 1888, decía que “…el pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, venda a un solo pueblo y el que quiera salvarse, venda a más de uno. El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servil de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlos de los demás pueblos…”

Al igual que las palabras del Che en el Discurso de Argel el pensamiento de Martí tampoco pierde vigencia: hasta ahora cada vez que se intentó doblegar la dominación del colonialismo monetario en países africanos, las respuestas imperiales fueron los golpes de estado y las matanzas. El 61% de los 67 golpes de estado en África tuvieron lugar en las ex colonias francesas, esto podría indicar que fueron perpetrados con el auspicio de potencias que gobiernan el destino de estos países.

La libre movilidad de capitales también tiene su contracara en el endeudamiento externo que es el mecanismo que el pensamiento hegemónico en materia económica nos ha impuesto como solución para financiar el presupuesto de los Estados, siempre doblegándolos con la carga de los intereses y, sobre todo, poniendo bajo sospecha el uso del presupuesto público como herramienta genuina y menos dolorosa. Por ello, tampoco es posible un mundo con justicia si, los organismos financieros internacionales y los mercados de deuda, fuerzan a los países a sustituir fuentes de financiamiento público interno por colocaciones de deuda de largo plazo. En un contexto de mayor incertidumbre política global (Brexit y Trump a cuestas, sumados a las insinuaciones del Frexit), Bélgica, al igual que Irlanda y México, emitió bonos del 9 tesoro con vencimiento a 100 años. Asimismo, ya se han emitido deuda a 50 años, el caso de España (al 3,45% -vto.2066- y al 4% -vto. 2064-), Francia (al 1,75% -vto.2066- y al 4% -vto.2060-), Austria (al 3,8% -vto.2062-), Italia (al 2,8% -vto.2067-) y también Bélgica (al 2,15% -vto.2066).

Los lobos de Wall Street miran con codicia los índices de rendimiento de mercados emergentes publicados por el coloso financiero y nuestro país que ha entregado su destino a la avaricia impúdica de algunos de los representantes más destacados de las finanzas, hacen todos los esfuerzos posibles por cumplir con estos estándares. En África sucede lo mismo. El informe de política monetaria lo revela en la medida que analiza la evolución del índice MSCI para economías emergentes.

Durante los años ochenta y noventa la deuda de los países del tercer mundo agobió la posibilidad de desarrollo de los pueblos. Durante los últimos años hemos logrado en el caso de Argentina reducir los niveles de endeudamiento a valores históricos (logramos bajar de un 160% del PBI a uno 45% aprox.).

Sin embargo, el nuevo gobierno del actual presidente y empresario Mauricio Macri generó las condiciones para imponer nuevas formas de endeudamiento. Sólo en un año (2016) nuestro país tomó deuda por el orden de los 45 mil millones de dólares. Esas deudas son impagables y condenan a generaciones enteras a vivir para pagar intereses usurarios impuestos por corporaciones financieras. Este año se prevé tomar más deuda (en sólo un mes se tomó deuda por el orden de los 22 mil millones) hasta un valor superior a los 80 mil millones de dólares.

Los datos de endeudamiento externo de los países que están bajo dominio del Franco CFA revelan una situación similar. Según informa Bloomberg, Malí deberá pagar en los próximos 12 meses deuda por el orden de los 216 millones de dólares. Costa de Marfil deberá pagar en los próximos 12 meses aproximadamente unos 620 millones de dólares. La relación deuda / PNI es del 49% para el 2015. En Burkina Faso también se deberá pagar deuda externa en los próximos 12 meses: 165 millones de dólares.

El endeudamiento externo de todos los países de la CFA alcanza los 45 mil millones de dólares. Mientras durante los años 2004/2006 se redujo la deuda al orden de 39 mil millones, desde ese momento en adelante volvió a crecer. Sudáfrica, tal vez visto como uno de los modelos del continente, su deuda externa creció velozmente desde el fin del apartheid en adelante, alcanzando valores cercanos a los 150 mil millones de dólares para el 2015.

Se estima que el Tesoro de Francia, a través del sistema de confiscación surgido de los acuerdos del año 1973 sobre la cuenta de operaciones, administra alrededor de 500 mil millones de Francos CFA por año. Toda esta masa de dinero procedente de las reservas de Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Camerún, República del Congo, Gabón, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Malí, Níger, Senegal, Chad y Togo implica una inyección de liquidez gratuita para el tesoro francés.

El hecho es preocupante porque el desempeño de las reservas internacionales de todos los países del CFA ha mejorado significativamente durante los últimos años, especialmente desde el año 2004.

Por el lado de los países que conforman el corazón del imperialismo financiero, la crisis financiera de 2008, lejos de haber quedado atrás, continúa generando consecuencias negativas. Proyecciones de algunos miembros del Banco de Inglaterra indican que ese país continuará con sus planes de austeridad durante -al menos- los próximos diez años. Las políticas de tasas de interés negativas o cercanas a cero, que han sido utilizadas para amortiguar los efectos destructivos de la crisis financiera, reflejan también que las clases medias de esos países ven comprometidos sus ingresos y los estándares de vida. Todo esto indica que la dimensión de la crisis alcanzó el corazón de los países imperiales y las políticas monetarias expansivas no logran revertir la deflación y la destrucción del salario de los trabajadores.

Cuando la crisis financiera se perpetúa en el corazón del capitalismo financierizado, recrudecen las condiciones de explotación, saqueo e intervención militar en los países subordinados. El planteo de esta hipótesis clásica sobre la teoría del imperialismo, recobra vigencia en este contexto. No hay independencia que valga porque debe ser domesticada. Vemos en muchos pueblos de África el permanente recurso de la persecución y asesinato de líderes políticos, las guerras civiles internas promovidas por los países centrales para su provecho; del mismo modo que en América Latina, vemos persecuciones políticas a través del entramado judicial, en Brasil y Argentina, o el hostigamiento permanente al proceso político venezolano, que no son más que expresiones actualizadas de los golpes blandos ocurridos en Paraguay y Honduras durante la última década.

En el caso puntual de Argentina, la inédita persecución desplegada por algunos sectores del poder judicial alcanzó el paroxismo con la condena dictada contra Milagro Sala (electa como diputada en representación de argentina en el Parlamento del Mercosur) sin que existan elementos de cargo a tal fin y la prisión preventiva dictada en otras causas penales que fueron “fabricadas” al sólo efecto de mantenerla presa, como condición de gobernabilidad en su provincia de origen, tal como ha expresado públicamente el aliado político del actual gobernador Morales. Dicho sea, la verdad es que Milagro Sala permanece presa (a pesar de las llamadas de atención de Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la OEA) por el solo hecho de haber desafiado a las oligarquías locales ligadas al negocio del azúcar (puntualmente, la familia Blaquier).

Enfrentar la moneda en su forma de dominación mundial nos plantea grandes desafíos y un largo recorrido lleno de resistencias. Durante los últimos cuatro años, Argentina sufrió el acoso permanente de poderes especulativos que utilizaron el dólar para doblegar la moneda nacional, con el fin de provocar devaluaciones y desestabilizar políticamente al gobierno de Cristina Kirchner. El Banco Central de la República Argentina fue objeto de críticas muy agudas por parte del establishment financiero, que acusando falta de independencia provocó que un juez prohíba al Directorio del Banco Central, realizar políticas que permitan que la tasa de cambio entre el dólar y nuestra moneda coincida con aquella que el buen manejo de la economía necesita. Es decir, se impidió judicialmente regular el valor de la moneda incluso en contra del mandato constitucional que expresamente establece que esa función corresponde al Congreso (aunque se entiende como una de las funciones delegadas en un órgano específico, como es el BCRA). Además, se nos inició un juicio criminal por haberlo hecho en el que, desde la ex Presidenta, el ex Ministro de Economía, el ex Presidente del BCRA y el resto de los miembros del Directorio, estamos acusados por delitos graves como el de administración fraudulenta del erario público. Mientras tanto, el partido gobernante -que diseñó y presentó la acción legal por las operaciones de dólar futuro (política adoptada por el BCRA para regular la cotización de la moneda frente al dólar)- compraba contratos y se benefició con la liquidación de los mismos cuando, ya siendo gobierno, provocó una devaluación del orden del 40%. Un evidente conflicto de interés.

En términos precisos, Argentina como parte de América Latina no está muy lejos de la realidad africana porque en nuestro país estamos también impedidos de tomar decisiones soberanas sobre nuestra moneda nacional. Estamos siendo privados del ejercicio de esa dimensión tan precisa de la soberanía de un país, como es el establecer el valor de su moneda.

¿Qué diferencia hay entre un Peso argentino cuyo valor no puede ser determinado por la autoridad monetaria y es determinado por el poder económico y un Franco CFA cuyo valor permanece inalterado por orden de representantes del gobierno francés? No existen diferencias, pero sí semejanzas. Entre ellas, el peso de los principales exportadores de productos destinados en casi su totalidad a Francia (alrededor del 60%). Ellos necesitan que la moneda nacional sea un activo controlado según sus intereses.

Desde los años setenta en adelante, gracias al auge de la desregulación financiera y la liberalización de los mercados, las finanzas han carcomido paulatinamente la democracia, a veces directamente con golpes de estado e intervenciones militares como ocurrió en Argentina en el año 1976 (justo un año antes de la modificación de la Ley de Entidades Financieras que establece las relaciones, deberes y obligaciones de los bancos y compañías financieras autorizadas a operar en el país), otras a través de la ocupación de tecnocracias como se intentó en el año 2001 a partir de la proposición de un comité de expertos para administrar las finanzas y el tesoro público del país.

Defender hoy la democracia requiere de un estricto control de las finanzas y una renovación de las relaciones monetarias basadas en un acuerdo sólido entre países oprimidos para articular en mejores condiciones frentes de acción contra la dominación financiera impuesta por el peso propio que el dólar y, en el caso africano, poseen monedas como el Franco CFA ligado indisolublemente al Euro (y bajo hipótesis Frexit al Franco francés).

Asumir este desafío implica mayores compromisos con nuevas reglas de juego. Mayor integración, pero sobre la base de la complementariedad estratégica y la planificación.

No sobre la libertad de mercado y la competencia entre países vecinos por un mejor lugar en un mercado del exterior. Necesitamos nuevas reglas que permitan reducir la dominancia de las monedas globales con sistemas alternativos de pagos entre países que prescindan de las mismas. Necesitamos que las reservas de los bancos centrales sean libremente administradas siguiendo criterios soberanos asociados con fines monetarios, crediticios e industrializadores y no como condición exclusiva de respaldo de la emisión monetaria.

Se trata de nuevas reglas de circulación y producción financiera que replieguen la lógica de las finanzas sobre la dignidad de los pueblos, que ayuden a orientar el crédito y generar mejores condiciones de vida. Esto exige poner fin a la cultura de las finanzas desligadas de la producción y establecer una ligazón profunda con los derechos humanos (que no son más que la expresión universal de los derechos económicos, sociales y culturales que están en la base de cualquier democracia).

Los pueblos y las generaciones conscientes de África y América Latina debemos pelear por una nueva estrategia de integración política, cultural, simbólica y financiera. Estamos juntos en el mismo camino y tiempo de libertad. Ño Far*.

*Wolof es la lengua nativa de Senegal y Gambia. Ño Far significa estamos juntos. Hasta la Victoria Siempre

Nota publicada también en Paco Urondo.

Carta al Papa Francisco para la convocación de una Asamblea Universal de las Iglesias, de las Religiosos y de los Caminos espirituales para un nuevo Orden planetario ético-espiritual

Querido Papa Francisco, nuestro Hermano Mayor

Impulsionados por sus pronunciamientos, especialmente por la encíclica “Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común” por su impactante discurso en la ONU de 2015 y por los tres mensajes e los movimientos populares mundiales, nos animamos escribirle esta carta que contiene una sugerencia madurada en muchos grupos de todos continentes.

Pensamos que es un paso adelante y complementar a los documentos referidos arriba.

Partimos de la constatación, presente en su encíclica, de que el sistema Tierra y el sistema vida pasan por grandes amenazas. Como dice la Carta de la Tierra:”o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y de unos y otros, o arriesgaremos nuestra propria destrucción y a la diversidad de la vida”(Preámbulo).

Las Iglesias, las religiones y los caminos espirituales, particularmente, la Iglesia Católica, son todos portadores de mensajes espirituales y éticos. Tienen una responsabilidad fundamental en hacer avanzar la conciencia de la humanidad y de los dirigentes políticos de los pueblos en el sentido de empeñar esfuerzos para garantizar un futuro bueno para la vida, para la Madre Tierra y para el futuro de nuestra civilización.

Sabemos, querido Papa Francisco, Hermano Mayor, que Usted comparte profundamente esta preocupación con espíritu de esperanza en el poder de la creatividad de ser humano y más que todo en la fuerza vital del Espíritu Creador,”soberano amante de la vida”(Libro de la Sabiduría 11,26).

En razón de todo esto, nos atrevemos hacerle una propuesta por que pensamos que Usted ha alcanzado una autoridad espiritual, moral, ecuménica  y política para iniciar este proceso en nombre de toda la humanidad, como lo ha hecho antes con la encíclica Laudato Si.

Se trata sencillamente pedirle, que el Espíritu lo ilumine, para convocar una Asamblea Universal de las Iglesias, Religiones y Caminos Espirituales para conciliar y profundizar temas que atañen al futuro de nuestra especie y de la diversidad de la vida en la única Casa Común que tenemos.

Imaginamos así la puesta en concreto de sus inspiraciones e iluminaciones.

El tema general podría ser formulado así:

Un nuevo orden ético-espiritual en la economía, en la política, en la sociedad y en los hábitos de cada persona.

Pensamos como mera sugerencia algunos tópicos que nos parecen esenciales:

  • La espiritualidad, como un proceso antropológico en marcha en cada ser humano;
  • El agua como bien natural, esencial, común e insustituible;
  • La sostenibilidad de todos los seres, especialmente de la naturaleza y de la vida.
  • El hambre en el mundo y el derecho a una alimentación saludable y suficiente para todos;
  • Los derechos de la Madre Tierra y de la naturaleza;
  • Los derechos de los pueblos a su soberanía y al respeto de sus culturas y tradiciones;
  • Los derechos humanos individuales y sociales;
  • Condenar todo tipo de guerra especialmente preventivas y elaborar propuestas de paz.
  • El derecho a un desarrollo pleno de la conciencia;
  • La economía solidaria de los bienes comunes de la Madre Tierra y da Humanidad;
  • La urgencia de una gobernabilidad plural del planeta Tierra. Y así realizar lo que se dijo en la Academia Pontificia de Ciencias en su documento:”Humanidad y naturaleza sostenible: nuestra responsabilidad”: “una redistribución justa de la riqueza, lejos de ser inalcanzable, las bases tecnológicas y operativas de un desarrollo sostenible ya están disponibles o bien de fácil acceso”.

Estas son solamente algunas sugerencias.

Evidentemente cada grupo invitado tratará de traer su cuerpo de especialistas y de conocedores de los temas en cuestión. Otras personas de notorio saber y de buena fe, independientemente, de su inscripción religiosa o espiritual, deberían ser invitadas.

Querido Papa Francisco, fué con mucha reflexión y oración que nos vino esta propuesta que seguramente Usted sabrá valorar. Pedimos al Espíritu que lo ilumine con sus inspiraciones y conduzca semejante propósito a su realización urgente, especialmente por los más vulnerables. Será abierta y sin plazo para ser concluida.

Con nuestras oraciones y deseos, expresando nuestra admiración y total apoyo a sus iniciativas universales, humanitarias, valientes y evangélicas.

Promovido por Observatorio dela Riqueza para un Nuevo Orden Financiero y Comunicacional Padre Arrupe , Guillermo Robledo – coordinador.

Adherir : añadir su firma en el formulario disponible en esta misma página.

(publicado también en https://leonardoboff.wordpress.com/2017/02/18/carta-ao-papa-francisco-para-a-convocacao-de-uma-assembleia-universal/ )

Adhieren:

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Marcelo Barros, monge beneditino, teólogo, escritor e assessor de movimentos sociais. Atualmente, coordenador latino-americano da Associação Ecumênica de Teólogos/as do Terceiro Mundo (ASETT)

Frei Betto,  escritor, Brasil

Manfredo Araújo de Olveira, Grupo de Emaús Brasil

Newton de Figueiredo Filho Professor Universidade Federal de Itajubá, Brasil

Gehorge Artmando (Pará) – Engenheiro Agrícola – Consultor em Agroecologia & Permacultura Núcleo de Estudos em Agroecologia- Rural/IF/Sudeste- Muriaé-MG

Pedro A. Ribeiro de Oliveira – leigo católico – Juiz de Fora – MG – Brasil

Mauro Perini – Presidente

Instituto IBRA per le relazioni sociali economiche e cultural itra Italia e Brasile

Mozar Costa de Oliveira, Santos, São Paulo

Leonardo Ferreira Rocha

Maripá de Minas – Minas Gerais – Brasil

Mario Gutierrez Morales – FIATPAX, HAGAMOS LA PAZ, Managua NIcaragua.

Prof. Dr. André Barroso – Laboratório de História das Experiências Religiosa – IH – UFRJ

Edmundo Nunes dos Santos

Santiago calderon sanchez, Berge Teruel. España.

Luiz Alberto Gómez de Souza, sociólogo, Universidade Candido Mendes

Lucia Ribeiro de Souza, socióloga, ISER Assessoria.

Klaus da Silva Raupp

Edson Neris Bahia Assistente Social, Belo Horizonte – MG – Brasil

Edvaldo Nabuco.

Herbert C. de Lima Brasilia – DF

Zilda Maria e José Maria Villela (Rio, Br)

Comunidad «Encuentro y Liberación» de la Ciudad de Córdoba

Miguel Carter, PhD Bissau, Guinea-Bissau

Luiz Fernando Rangel Tura, médico; Pesquisador do Laboratório História, Saúde e Sociedade/ UFRJ/ Brasil

Carlos Antonio Fragoso Guimarães

João Pessoa, Paraíba, Brasil

María Clara Bingemer Brasil

Profº Francisco de Assis Breda

Edna Camargo Brasil

Reinaldo Reis

Rozanya Santos

Igor Ferreira Isidro – Engenheiro de telecomunicações

MSc. Luiz Ariovaldo Fabri Junior PhD Student – University of Campinas

Cleber Antonio dos Santos, advogado trabalhista brasileiro, residente na Cidade de Niterói, Estado do Rio de Janeiro

Mario Cintra Ramos

Isabel Bahia Diniz

Mauro Negrette

Wender Ferreira dos Santos. Sou de Luziânia Goiás

Nelson Magalhães da Costa Filho

R. Apacê, São Paulo, SP – Brasil,

Thiago Damato Brasil

José Rodríguez Lima

Teresa Arocena

Emerson Sbardelotti

Adelia Sylvia Penna Ramos

Bonito, Bahia

Jorge Paulo

CARLOS MALDONADO

Cleber Antonio Do Santos

Felipe Feijoao – estudante de filosofia e colaboro com jornais e portais eletrônicos, Fortaleza, Brasil

Rev Walter L Coleman – Pastor, Familia Latina Unida Ministries Lincoln United Methodist Church

Rev Emma Lozano , Pastor, Familia Latina Unida Ministries, Lincoln United Methodist Church

ECS Galdoks Brasil

Rosangela Tardeli de Andrade

 

“El financiero es un sistema de saqueo”

Por Verónica Engler
Hace justo un año, el Papa recibía en audiencia privada a dos compatriotas suyos, Guillermo Robledo, líder del Movimiento Hélder Cámara para la Paz entre las Religiones, y Eduardo Murúa, representante del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. En esa oportunidad, ambos dirigentes –que tenían relación con Francisco desde que era el cardenal Jorge Bergoglio– pudieron alcanzarle una propuesta, basada en la encíclica Laudato Si, que consistía en la creación de un Observatorio de la Riqueza, cuyo objetivo central es diseñar un nuevo sistema financiero y comunicacional mundial capaz de beneficiar a las mayorías populares que hoy quedan habitualmente excluidas de las riquezas de sus naciones. Ese proyecto se concretó en Buenos Aires pocos meses después del encuentro con el Papa a través de una amplia convocatoria a la que concurrieron destacadas figuras del ámbito económico, académico, artístico, sindical y empresarial de la Argentina. Guillermo Robledo, coordinador del Observatorio de la Riqueza, afirma en charla con PáginaI12 que la Laudato Si “cuestiona profundamente al sistema económico y habla de la obsolescencia del sistema capitalista internacional”. En sintonía con esta idea, desde la creación del Observatorio se realizaron varias reuniones y elaboraron algunos documentos en donde se da cuenta del funcionamiento del sistema financiero en la Argentina, reglado básicamente por una ley que data de la época de la última dictadura cívico-militar. “Este sistema lleva cuarenta años fugando capitales al exterior, que es lo mismo que fugar nuestra riqueza –denuncia Robledo– y en el último año este modelo se ha profundizado”.

–¿Cómo es el origen del Observatorio de la Riqueza?

–El Observatorio nació de una convergencia del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y del Movimiento Hélder Cámara por la Paz entre las Religiones y los Pueblos, que yo presidía. Nosotros teníamos una relación con (el Papa) Francisco previa, veníamos trabajando el tema de un Tercer Concilio Vaticano, desde hace cinco años, y cuando él llega a Papa le llevamos una serie de propuestas, y eso desemboca en una idea, junto con una parte de los movimientos sociales. La idea era que si la Universidad Católica (UCA) tiene el Observatorio de la Pobreza, nosotros, el pueblo, teníamos que hacer el Observatorio de la Riqueza. En realidad la idea había quedado picando hace varios años atrás, cuando las comunidades eclesiales de base de Quilmes, en la época en que yo era funcionario del municipio, en una reunión nos planteaban que ellos habían querido que el Observatorio de la UCA fuera de la Riqueza y de la Pobreza, de las dos cosas, y la UCA no aceptó. Entonces, le llevamos la idea a Francisco y nos dio su aceptación, y ahí arrancamos. Volvimos a la Argentina e hicimos una convocatoria amplia, no sólo de un sector de pensamiento político o ideológico

–¿Ustedes recurrieron a un grupo de científicos de la Universidad de Buenos Aires para trabajar sobre la Laudato Si?

–Sí, porque nosotros pensamos que para poder llevar adelante esas metas éticas, filosóficas y religiosas que plantea Francisco, hace falta algún tipo de diseño científico. Por eso nos planteamos analizar cómo funcionan los flujos de riquezas, y cómo se puede cambiar esa dinámica, de una manera científica. Fuimos a buscar qué antecedentes tenía la Argentina, y encontramos algo muy rico, que fue la experiencia que se hizo en los años setenta en la Fundación Bariloche, presidida entonces por el físico Carlos Mallmann (padre de Francis, el cocinero), quien decide dar una respuesta desde Latinoamérica a un modelo matemático  (The World3) que había sido desarrollado por los centros de pensamiento internacional, que planteaba la necesidad de poner un freno al ritmo de crecimiento demográfico y económico. Y la Fundación Bariloche produce lo que se llama el Modelo Mundial Latinoamericano, y un grupo de científicos lo ha reflotado en los últimos años mediante un verdadero trabajo de arqueología computacional, porque eso estaba en los primeros lenguajes de programación. Uno de los trabajos del Observatorio es fusionar aquel trabajo argentino de la Fundación Bariloche con las ideas que plasmó Francisco en la encíclica, para un nuevo orden financiero mundial, y obviamente social y de poder.

–Desde el Observatorio ustedes publicaron algunos documentos en donde analizan la situación de Argentina, y sobre todo los cambios que hubo desde diciembre de 2015, con datos muy alarmantes en relación al endeudamiento del país y a la gran fuga de capitales hacia el exterior.

–A nivel local, lo que nosotros hemos descubierto en este año de investigación es que los flujos financieros están bifurcados por el Estado entre lo que maneja el Banco Central y lo que se maneja de presupuesto del Estado nacional, por una razón que no entendemos. Nosotros creemos que debe estar unificada. La sociedad, el poder político, el Parlamento no tiene la visión de conjunto de la masa de intereses que paga el Estado nacional, una parte por el Banco Central y otra parte por el presupuesto nacional. Cuando el Congreso aprueba el presupuesto nacional, aprueba la mitad de los intereses que paga, y por otro lado el Banco Central paga por otros conceptos sin aprobación parlamentaria, lo que da una cifra que es la que plasmamos en nuestros documentos, que está proyectada para el año 2017 de casi quinientos cuarenta mil millones de pesos. El Congreso ha aprobado doscientos cuarenta mil, y el Banco Central paga intereses de otro tanto por intereses. Eso da una cifra que es realmente la causa del empobrecimiento, porque es una masa de recursos que termina en los paraísos fiscales. La desproporción que hay entre esos quinientos cuarenta mil millones de pesos al sector financiero y diecisiete mil, por ejemplo, al sector científico, o sesenta mil millones de pesos al sector de la salud, demuestra claramente que hay algún problema estructural en el manejo del Estado, que es el que causa la pobreza. Las desproporciones son escandalosas, y el hecho de que no estén unidos los dos conceptos es una debilidad política que es la que nosotros hemos tratado de instalar desde el Observatorio, que se unifique lo que se conoce como “déficit fiscal financiero” y “déficit cuasi fiscal”.

–¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

–Que uno lo paga el Banco Central y el otro lo paga el presupuesto nacional. Ahora, los conceptos y los beneficiarios son los mismos, son intereses pagados por mayor endeudamiento a los bancos que terminan en paraísos fiscales. Porque cuando uno lee las cuentas del Banco Central determina que el flujo financiero termina en el exterior, porque con el nuevo gobierno están liberados los capitales. No hay ningún elemento que haya demostrado en las cuentas del Estado que ese flujo de intereses pagados en el país ha sido reinvertido.

–¿Cómo caracteriza a este sistema financiero?

–Es un sistema de saqueo.

–-Pero este sistema no se instaura en diciembre de 2015, ¿no?

–No, en realidad es un déficit de los cuarenta años de democracia, pero en el último año se ha agudizado. Pero es un problema que arranca en la ley de entidades financieras de la dictadura y que, lamentablemente, hace cuarenta años que estamos en democracia y todavía no se ha modificado. Ése es el corazón del problema.

–¿Como funciona este sistema financiero de saqueo?

–Bueno, no se puede hablar de la ley sin hablar de otro aspecto que también está silenciado que es el incremento de la riqueza físico-biológica de la Argentina a lo largo de estos cuarenta años. A nosotros los medios de comunicación, los comunicadores intencionados, nos convencen de que somos un país pobre, o una región pobre. Pero el incremento de la productividad física de los argentinos en los últimos cuarenta años, del campo, la industria, las comunicaciones, el transporte, etcétera, ha sido casi de catorce a uno, o sea, somos catorce veces más productivos en términos físicos que hace cuarenta años. Este sistema financiero lo que hace es monetizar esa mayor riqueza en forma tal que la neutraliza como riqueza nacional y la transfiere al exterior. Nosotros como Observatorio denunciamos que somos cada vez más ricos en términos de productividad físico-biológica y cada vez más pobres en términos monetarios financieros por ese sistema financiero, que es evitable. No es que esto es una situación universal que siempre ha sido así en todos lados, porque cuando se compara con otros países del mundo, se ve que hay distintos mecanismos que han permitido que el incremento de la riqueza física de las naciones se quede en su país, como por ejemplo el caso noruego, el chino, el mismo modelo brasileño ha radicado mucha más riqueza en términos financieros que el modelo argentino. Entonces, hay distintas opciones, pero Argentina tiene el sistema financiero más retrógrada, donde todo ese incremento de productividad se monetiza al dolarizarse, y cuando se dolariza en camino a los paraísos fiscales no se socializa el aumento de la productividad física.

–¿De qué manera se profundizó este modelo en el último año?

–En la época del gobierno kirchnerista se puso freno a esa dinámica, no del todo, pero se acotó el problema, con limitación a los flujos de capitales, de giro de utilidades al exterior, y demás. Pero las medidas del gobierno actual han liberalizado totalmente, hoy los flujos entran y salen, casi sin producir información de destino, entonces eso automáticamente genera mayor transferencia de riqueza al exterior, y de hecho eso es lo que ha pasado en el 2016. Si nos hemos empobrecido ha sido porque se han caído las limitadas y acotadas barreras que había puesto el gobierno anterior.

–¿Cuáles eran las medidas que limitaban ese funcionamiento en modalidad de saqueo del sistema financiero?

–La limitación a los flujos de capitales, el pedido de autorización para mandar las utilidades al exterior, la pelea con los fondos buitre y la limitación en las tasas de interés. Las políticas del Banco Central eran completamente distintas, las tasas de interés aumentaron el ciento por ciento con este gobierno respecto de la política que tenía el Banco Central antes, tasas de interés del veinte pasaron al treinta y ocho por ciento. Desde lo financiero el liberalismo es absoluto. El Banco Central hoy es un mecanismo de entrada y salida de capitales en el día, sin el menor mecanismo de política de inversión. De hecho, las únicas políticas de inversión que puede registrar el gobierno actual son inversiones financieras con alta rentabilidad en dólares. No hay ningún lugar del mundo que tenga una rentabilidad del treinta y pico por ciento en dólares como tiene la Argentina en este año.

–¿De qué manera se relaciona la crisis que se está viviendo en la región con la de los países centrales?

–Esta pregunta me dirige a otra pregunta: ¿por qué observar la riqueza es viable e imprescindible? Porque la crisis mundial es una crisis de sobreproducción, debido a la revolución tecnológica exponencial, por la revolución de la automatización, la nanotecnología, las comunicaciones. Y esa sobreproducción genera deflación. Yo sé que hablar en Argentina de deflación parece chino, parece de otro planeta porque vivimos en una inflación, estamos al revés, pero el mundo está en deflación. Esa deflación que es producto de la sobreproducción hace que los poderes centrales hayan tomado una decisión política, que en algunos planos es política militar o paramilitar, de que determinadas regiones del mundo se retroceda. Los continentes que están afectados por esa decisión de los países que hoy son hegemónicos en el mundo son América latina, África y el Medio Oriente. Esas tres regiones tienen una debilidad estructural porque no tienen moneda común, no tienen un sistema financiero para protegerse de la deflación, entonces son los que están sometidos a las tormentas más virulentas, más salvajes. En realidad hoy la OTAN está poniendo en práctica el mismo diagnóstico que tenía el club de Roma en los setenta: hay que frenar el crecimiento en los países en desarrollo. En realidad es una estrategia de los países centrales de diferir la crisis de deflación y sobreproducción, pero no la resuelven. De hecho, expresiones políticas como el triunfo de Trump o el Brexit en Europa son quiebres de un esquema que no cierra, con clases medias en decadencia. Porque la deflación va a afectar más a las clases medias del mundo que a los pobres del mundo, porque los pobres ya son pobres.

–Ustedes también plantean, además de la cuestión financiera, la necesidad de un nuevo orden comunicacional, ¿a que se refieren?

–Nosotros aspiramos a que los sectores populares vean que hay una alternativa, porque hoy el estado de retroceso y de resignación que viven los pueblos en el mundo se debe a que el sistema mediático los convence de que esto es lo único posible. El sistema financiero se mantiene por el sistema comunicacional. Una corrida bancaria la arman los diarios. Qué moneda es fuerte y qué moneda es débil no está determinado por el respaldo en oro o en dólar, eso es un tema mediático, sobre todo en un país rico. Que un país rico o un continente rico estén dolarizados es un problema mediático. La historia demuestra que la moneda es un consenso. Es mentira que una moneda necesita tener respaldo en otra moneda, eso es ejercicio de poder imperial sobre un país colonizado. No se necesita tener respaldo en oro, salvo para el comercio internacional pero no para el comercio interno. Por ejemplo hay una pregunta que nadie hace: ¿por qué Argentina emite mucho menos moneda que el resto del mundo y está en inflación? ¿Por qué ellos emiten más y están en deflación? Porque es una mentira que hay una relación entre emisión e inflación. Lo que hay es emisión que capturan los monopolios.

-¿Cuáles son las consecuencias para la Argentina de la vigencia de la ley de entidades financieras de la última dictadura?

–Si se fugaron capitales afuera, la base de recaudación del Estado disminuyó, y eso no lo arregla un blanqueo por dos pesitos. Nosotros hicimos el cálculo de la masa de lo fugado en cuarenta años, y si ese capital hubiese quedado en la Argentina la recaudación fiscal del Estado sería doce veces mayor que la actual, no habría déficit fiscal. El ingreso per capita que tendría la Argentina, sin esa fuga de capitales, sería hoy igual al de Noruega.

¿Por qué Guillermo Robledo?

En busca de un nuevo orden

Guillermo Robledo es el coordinador del Observatorio de la Riqueza, surgido en mayo de 2016, cuyo objetivo central es diseñar un nuevo sistema financiero y comunicacional que beneficie a los pueblos del mundo y no a los poderosos de siempre. Muchas de las ideas que nutren el Observatorio vienen del trabajo realizado previamente en el Movimiento Hélder Cámara para la Paz entre las Religiones, del cual forma parte. Además de su militancia social y religiosa, Robledo se desempeñó en la función pública como secretario de Producción y Empleo en el partido de Quilmes, provincia de Buenos Aires, durante la intendencia de Francisco “Barba” Gutiérrez.

El Observatorio de la Riqueza cuenta entre sus integrantes a destacas figuras del quehacer político y social de la Argentina: Raúl Zaffaroni, Pedro Biscay, Mario Cafiero, José Sbatella, Alejandro Vanoli, Vicente Zito Lema, Silvina Batakis, Washington Uranga, Alfredo Zaiat y Clelia Isasmendi, entre otros.

A fines del año pasado, el Observatorio hizo público un documento titulado “Carta al Pueblo y a los legisladores sobre el Presupuesto 2017 en Argentina”. Allí denuncian que durante el presente año la Argentina planea pagar una suma de dinero en concepto de intereses de la deuda (externa) que se elevaría a más del doble de lo presupuestado originalmente para 2016. “La razón de ser de nuestro Observatorio tiene entre sus objetos de estudio el Presupuesto de Estado. En ese presupuesto y su articulación con los Bancos Centrales del Mundo y los Estados Paraísos Fiscales se definen los flujos de riqueza y el daño social sobre los pueblos y las naciones”, explican en el documento.

El 11 de febrero se realizaron actividades en más de cuarenta ciudades del mundo en apoyo a los grupos panafricanistas del Frente Anti franco CFA (Franco de la Comunidad Financiera Africana), entre las cuales se encuentra la participación en Buenos Aires del Observatorio de la Riqueza. Ese día se realizó una reunión en la fábrica recuperada IMPA para hablar sobre las cuestiones que plantean los panafricanistas y sus posibles conexiones con la problemática de nuestra región. “África sigue teniendo un esquema monetario que es el mismo de la etapa colonial, se liberaron, se independizaron, pero el sistema financiero sigue siendo el mismo”, señala Robledo. Como integrante del Observatorio, Pedro Biscay –director del Banco Central de la República Argentina nombrado por el gobierno anterior– fue el invitado especial en la sesión realizada en París, junto a: Kemi Seba –panafricanista y ensayista–, Nicolas Agbohou –economista y autor de El franco y el euro contra África–, y Toussaint Alain –ex asesor de Laurent Kudu Gbagbo, ex presidente de Costa de Marfil–.

(Publicado en Página12)