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Acerca de Francois Soulard

Founder of the Dunia platform, essayist.

Carta abierta al Presidente de la Nación

CARTA ABIERTA

Ing. Mauricio Macri

Presidente de la Nación

Señor presidente,

Le escribimos para recordarle, por las dudas, que el 20 de junio es el Día de la Bandera, símbolo por excelencia de nuestra Nación. Ya sabemos que le parecía inoportuna la lucha por la independencia. ¿Será que este año piensa pedirle perdón a la directora del FMI y todo el sistema de dominación neocolonial que ella representa y defiende?

No debe ser casual que justo un 20 de junio se espera la aprobación del FMI del Acuerdo preparado en inglés por su gobierno. Acuerdo que consagra de esa manera especialmente indignante, la entrega de nuestra soberanía como Nación, la vida y los derechos de todos sus pueblos, a la dictadura del Mercado. Acuerdo que debería ser tratado y rechazado por el Congreso de la Nación para no pisotear las Banderas de libertad, justicia e igualdad que, de todos modos, seguiremos levantando como pueblo argentino.

Ud. se ha olvidado, aparentemente, que juró defender la Nación y no los intereses de unos pocos. Porque el Acuerdo que gentilmente tradujeron al castellano en un gesto tan encomiable de transparencia, claramente compromete a su gobierno y al próximo, a “tomar todas las medidas necesarias” para asegurar el cumplimiento de su objetivo central que es, ni más ni menos, garantizar al dios Mercado y los poderes económicos locales y extranjeros que operan a través de él, que pase lo que pase continuarán cobrando sus abultados intereses sobre la Deuda pública. Igual como con el Acuerdo firmado por la Junta militar, encabezada por el genocida Videla, apenas dos días después del golpe de Estado de 1976.

El costo de este Acuerdo de sometimiento neocolonial será nefasto para la inmensa mayoría de quienes habitamos la Argentina. Traerá más pobreza, menos empleo, salarios y jubilaciones, mayor depredación y saqueo de nuestros bienes comunes, menos inversión en derechos humanos fundamentales como el agua, la salud, educación, vivienda y transporte para empezar. Ni que decir de más Deuda y la pérdida directa de nuestro derecho a la autodeterminación y de herramientas claves de cualquier política económica soberana.

Mientras tanto, deja sin tocar, o para un futuro lejano o no especificado, las causas principales de la situación actual, entre ellas la desregulación del movimiento de capitales, el estímulo a la especulación financiera y el extractivismo, la privatización de todo y la decisión de gobernar con Deuda.

Señor presidente, para resolver el problema de déficit que tanto desvela, no hace falta devolver a los especuladores el Fondo de Garantía de las jubilaciones, ni reducir la obra pública a lo “estrictamente necesario para mejorar la competitividad del país”, ni tercerizar a intereses privados la vigencia de nuestros derechos. Hace falta clausurar la fuga de capitales, cobrar impuestos a quienes más tienen y suspender el pago de la Deuda hasta completar una Auditoría integral que permita constatar su legalidad y legitimidad. Porque es la Deuda y su pago, que su gobierno ha aumentado vertiginosamente, lo que constituye el mayor factor “desequilibrante” y de riesgo.

El colmo de cinismo, sin embargo, es el intento de justificar este Acuerdo de Desguace Nacional señalando la existencia de una novedosa cláusula de protección a la población más vulnerable. ¿Con qué cara pueden plantear como avance, el compromiso de mantener un piso para la asistencia social de 1,3% del producto nacional (incorporando ya los recortes legislados en diciembre, según la receta recibida entonces del FMI), mientras se dedica el Acuerdo entero a garantizar que se continuarán recortando los gastos e inversiones que tienen que ver con el bienestar de la población para aplicar todo que haga falta – hoy proyectado en casi el doble de ese monto – al pago de los intereses crecientes sobre una Deuda que tampoco cesa de multiplicarse y que cobra renovada ilegitimidad con cada día que pasa.

Señor presidente, en estos días aquí se ha hablado mucho de Islandia, pero poco de alguna de las diferencias más importantes entre ese país y el nuestro. En medio de la crisis desatada en 2008, Islandia paró la pelota. Investigó la acumulación de Deuda y el rol de los grandes bancos y prestamistas, desoyó las recomendaciones del FMI y del G20 y rehusó pagar los reclamos que consideró fraudulentos. Echó sin reparos al Primer Ministro nombrado en los Panama Papers. De ese modo dio vuelta la situación, dando prioridad a los derechos de su pueblo y reencauzando las bases de su economía.Tan distinto a la experiencia de nuestro país, o de otros, como Grecia sin ir más lejos; tan claro que hay alternativas soberanas que ni su gobierno ni otros anteriores han tenido la voluntad de probar.

Rechazamos este Acuerdo y la insistencia de su gobierno en privilegiar a la Deuda y a los intereses del gran capital por sobre los Derechos de los Pueblos, que somos de verdad los únicos acreedores. El desprecio que demuestra, además, a la integración regional como alternativa, y a las instituciones como la Unasur, la CELAC, el Mercosur que hay que fortalecer, no destruir. ¿Al servicio de quien está, Señor presidente?

Cuesta pedirle que recapacite, ya que hay demasiadas evidencias de su conformidad con este camino de empobrecimiento, saqueo y ultraje. Solo nos queda advertirle que tampoco asegurará los resultados que Ud. y su equipo afirman esperar, no solo por seguir un destino y las indicaciones equivocados sino además por la resistencia que el pueblo argentino seguiremos desplegando.

-Buenos Aires, 19 de junio de 2018

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz
Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo-L.F
Mirta Baravalle, Madre de Plaza de Mayo-L.F
Beverly Keene, Coordinadora Diálogo 2000
Coordinación Nacional Servicio Paz y Justicia, SERPAJ

Oeconomicae et pecuniariae quaestiones: el documento completo del Vaticano sobre la economía mundial

El Vaticano criticó las finanzas offshore y el excesivo endeudamiento. En esta nota, el documento completo en el cual la Santa Sede analiza los problemas del sistema económico mundial.

Oeconomicae et pecuniariae quaestiones.- Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, 17.05.2018

 

I – Introducción

1. Las cuestiones económicas y financieras, nunca como hoy, atraen nuestra atención, debido a la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad. Esto exige, por un lado, una regulación adecuada de sus dinámicas y, por otro, un fundamento ético claro, que garantice al bienestar alcanzado esa calidad humana de relaciones que los mecanismos económicos, por sí solos, no pueden producir. Muchos demandan hoy esa fundación ética y en particular los que operan en el sistema económico-financiero. Precisamente en este contexto se manifiesta el vínculo necesario entre el conocimiento técnico y la sabiduría humana, sin el cual todo acto humano termina deteriorándose y con el que, por el contrario, puede progresar en el camino de la prosperidad para el hombre que sea real e integral.

2. La promoción integral de cada individuo, de cada comunidad humana y de todas las personas, es el horizonte último de este bien común, que la Iglesia pretende lograr como «sacramento universal de salvación».[1] Esta integridad del bien, cuyo origen y cumplimiento último están en Dios, y que ha sido plenamente revelada en Jesucristo, aquel que recapitula todas las cosas (cf. Ef 1, 10), es el objetivo final de toda actividad eclesial. Este bien florece como anticipación del reino de Dios, que la Iglesia está llamada a anunciar e instaurar en todos los pueblos;[2] y es un fruto peculiar de esa caridad que, como pilar de la acción eclesial, está llamada a expresarse en el amor social, civil y político. Este amor «se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor»».[3] El amor al bien integral, inseparablemente del amor a la verdad, es la clave de un auténtico desarrollo.

3. Todo ello se busca con la certeza de que en todas las culturas hay muchas convergencias éticas, expresión de una sabiduría moral común,[4] sobre cuyo orden objetivo se funda la dignidad de la persona. En la raíz sólida e indisponible de este orden, que proporciona principios comunes y claros, se fundan los derechos y deberes fundamentales del hombre; sin él, la arbitrariedad y el abuso de los más fuertes terminan dominando la escena humana. Este orden ético, arraigado en la sabiduría de Dios Creador, es por lo tanto el fundamento indispensable para edificar una comunidad digna de los hombres, regulada por leyes inspiradas en la justicia real. Esto vale todavía más ante la constatación de que los hombres, aún aspirando con todo su corazón al bien y a la verdad, a menudo sucumben a los intereses individuales, a abusos y a prácticas inicuas, de las que se derivan serios sufrimientos para toda la humanidad y especialmente para los más débiles y desamparados.
Precisamente para liberar todo ámbito del actuar humano del desorden moral, que tan a menudo lo aflige, la Iglesia reconoce entre sus tareas primordiales recordar a todos, con humilde certeza, algunos principios éticos claros. Es la misma razón humana, cuya índole connota indeleblemente a cada persona, la que exige un discernimiento iluminante en este sentido. De hecho, la racionalidad humana busca constantemente en la verdad y en la justicia un fundamento sólido sobre el cual apoyar su propio obrar, bien sabiendo que sin él perdería su propia orientación.[5]

4. Esta orientación recta de la razón no puede faltar en cada sector del obrar humano. Esto significa que ningún espacio en el que el hombre actúa puede legítimamente pretender estar exento o permanecer impermeable a una ética basada en la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad.[6] Ello se aplica también a las áreas en las que valen las leyes de la política y la economía: «Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana».[7]
Toda actividad humana, en efecto, está llamada a producir fruto, sirviéndose con generosidad y equidad de los dones que Dios pone originalmente a disposición de todos y desarrollando con laboriosa esperanza las semillas de bien inscritas, como promesa de fecundidad, en toda la Creación. Esa llamada constituye una invitación permanente a la libertad humana, aun cuando el pecado está siempre preparado a insidiar este plan divino original.
Por esta razón, Dios sale al encuentro del hombre en Jesucristo. Él, haciéndonos partícipes del admirable acontecimiento de su Resurrección, «no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»,[8] y opera en la dirección de un nuevo orden de relaciones sociales fundado en la Verdad y el Amor, que sea levadura fecunda de transformación de la historia. De esta manera, Él anticipa en el tiempo el Reino de los Cielos, que vino a anunciar e inaugurar con su persona.

5. Si bien es cierto que el bienestar económico global ha aumentado en la segunda mitad del siglo XX, en medida y rapidez nunca antes experimentadas, hay que señalar que al mismo tiempo han aumentado las desigualdades entre los distintos países y dentro de ellos.[9] El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme.
La reciente crisis financiera era una oportunidad para desarrollar una nueva economía más atenta a los principios éticos y a la nueva regulación de la actividad financiera, neutralizando los aspectos depredadores y especulativos y dando valor al servicio a la economía real. Aunque si se han realizado muchos esfuerzos positivos, en varios niveles, que se reconocen y aprecian, no ha habido ninguna reacción que haya llevado a repensar los criterios obsoletos que continúan gobernando el mundo[10]. Por el contrario, a veces parece volver a estar en auge un egoísmo miope y limitado a corto plazo, el cual, prescindiendo del bien común, excluye de su horizonte la preocupación, no sólo de crear, sino también de difundir riqueza y eliminar las desigualdades, hoy tan pronunciadas.

6. Está en juego el verdadero bienestar de la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro planeta, que corren el riesgo de verse confinados cada vez más a los márgenes, cuando no de ser «excluidos y descartados»[11] del progreso y el bienestar real, mientras algunas minorías explotan y reservan en su propio beneficio vastos recursos y riquezas, permaneciendo indiferentes a la condición de la mayoría. Por lo tanto, es hora de retomar lo que es auténticamente humano, ampliar los horizontes de la mente y el corazón, para reconocer lealmente lo que nace de las exigencias de la verdad y del bien, y sin lo cual todo sistema social, político y económico está destinado, en definitiva, a la ruina y a la implosión. Es cada vez más claro que el egoísmo a largo plazo no da frutos y hace pagar a todos un precio demasiado alto; por lo tanto, si queremos el bien real del hombre verdadero para los hombres, «¡el dinero debe servir y no gobernar!».[12]
Al respecto, si bien es verdad que corresponde primordialmente a los operadores competentes y responsables desarrollar nuevas formas de economía y finanza, cuyas prácticas y normas se orienten al progreso del bien común y sean respetuosas de la dignidad humana, en la línea segura trazada por la enseñanza social de la Iglesia. Con este documento, sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuya competencia también se extiende a cuestiones de naturaleza moral, en colaboración con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, quiere ofrecer algunas consideraciones de fondo y puntualizaciones para apoyar el progreso y defender aquella dignidad.[13] En particular, es necesario emprender una reflexión ética sobre ciertos aspectos de la intermediación financiera, cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo. Es un discernimiento que se ofrece a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

II. Consideraciones básicas de fondo

7. Algunas consideraciones elementales son evidentes a los ojos de todos los que, lealmente, tienen presente la situación histórica en la que vivimos; y ello más allá de cualquier teoría o escuela de pensamiento, en cuyas legítimas discusiones este documento no pretende intervenir y a cuyo diálogo, por el contario, desea contribuir, con la conciencia de que no hay recetas económicas válidas universalmente y para siempre.

8. Toda realidad y actividad humana, si se vive en el horizonte de una ética adecuada, es decir, respetando la dignidad humana y orientándose al bien común, es positiva. Esto se aplica a todas las instituciones que genera la dimensión social humana y también a los mercados, a todos los niveles, incluyendo los financieros.
A este respecto cabe señalar que incluso aquellos sistemas que dan vida a los mercados, más que basarse en dinámicas anónimas, elaboradas por tecnologías cada vez más sofisticadas, se sustentan en relaciones, que no podrían establecerse sin la participación de la libertad de los individuos. Resulta claro entonces que la misma economía, como cualquier otra esfera humana, «tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona».[14]

9. Por lo tanto, es obvio que sin una visión adecuada del hombre es imposible fundar ni una ética ni una praxis que estén a la altura de su dignidad y de un bien que sea realmente común. De hecho, por mucho que se proclame neutral o separada de cualquier conexión de fondo, toda acción humana – incluso en la esfera económica – implica una comprensión del hombre y del mundo, que revela su mayor o menor positividad a través de los efectos y el desarrollo que produce.
En este sentido, nuestra época se ha revelado de cortas miras acerca del hombre entendido individualmente, prevalentemente consumidor, cuyo beneficio consistiría más que nada en optimizar sus ganancias pecuniarias. Es peculiar de la persona humana, de hecho, poseer una índole relacional y una racionalidad a la búsqueda perenne de una ganancia y un bienestar que sean completos, irreducibles a una lógica de consumo o a los aspectos económicos de la vida.[15]
Esta índole relacional fundamental del hombre[16] está esencialmente marcada por una racionalidad, que resiste cualquier reducción que cosifique sus exigencias de fondo. En este sentido, no se puede negar que hoy existe una tendencia a cosificar cualquier intercambio de «bienes», reduciéndolo a mero intercambio de «cosas».
En realidad, es evidente que en la transmisión de bienes entre sujetos está en juego algo más que los meros bienes materiales, dado que estos a menudo vehiculan bienes inmateriales, cuya presencia o ausencia concreta determina, en modo decisivo, también la calidad de las mismas relaciones económicas (como confianza, imparcialidad, cooperación…). A este nivel es fácil entender bien que la lógica del don sin contrapartida no es alternativa sino inseparable y complementaria a la del intercambio de equivalentes.[17]

10. Es fácil ver las ventajas de una visión del hombre entendido como sujeto constitutivamente incorporado en una trama de relaciones, que son en sí mismas un recurso positivo.[18] Toda persona nace dentro de un contexto familiar, es decir, dentro de relaciones que lo preceden, sin las cuales sería imposible su mismo existir. Más tarde desarrolla las etapas de su existencia, gracias siempre a ligámenes, que actúan el colocarse de la persona en el mundo como libertad continuamente compartida. Son precisamente estos ligámenes originales los que revelan al hombre como ser relacionado y esencialmente marcado por lo que la Revelación cristiana llama «comunión».

Este carácter original de comunión, al mismo tiempo que evidencia en cada persona humana un rastro de afinidad con el Dios que lo ha creado y lo llama a una relación de comunión con él, es también aquello que lo orienta naturalmente a la vida comunitaria, lugar fundamental de su completa realización. Sólo el reconocimiento de este carácter, como elemento originariamente constitutivo de nuestra identidad humana, permite mirar a los demás no principalmente como competidores potenciales, sino como posibles aliados en la construcción de un bien, que no es auténtico si no se refiere, al mismo tiempo, a todos y cada uno.

Esta antropología relacional ayuda también al hombre a reconocer la validez de las estrategias económicas dirigidas principalmente a la calidad global de vida, antes que al crecimiento indiscriminado de las ganancias; a un bienestar que, si se pretende tal, debe ser siempre integral, de todo el hombre y de todos los hombres. Ningún beneficio es legítimo, en efecto, cuando se pierde el horizonte de la promoción integral de la persona humana, el destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres.[19] Estos tres principios se implican y exigen necesariamente el uno al otro en la perspectiva de la construcción de un mundo más justo y solidario.

Así, todo progreso del sistema económico no puede considerarse tal si se mide solo con parámetros de cantidad y eficacia en la obtención de beneficios, sino que tiene que ser evaluado también en base a la calidad de vida que produce y a la extensión social del bienestar que difunde, un bienestar que no puede limitarse a sus aspectos materiales. Todo sistema económico legitima su existencia no sólo por el mero crecimiento cuantitativo de los intercambios económicos, sino probando su capacidad de producir desarrollo para todo el hombre y todos los hombres. Bienestar y desarrollo se exigen y se apoyan mutuamente,[20] requiriendo políticas y perspectivas sostenibles más allá del corto plazo.[21]

En este sentido, es deseable que, sobre todo las universidades y las escuelas de economía, en sus programas de estudios, de manera no marginal o accesoria, sino fundamental, proporcionen cursos de capacitación que eduquen a entender la economía y las finanzas a la luz de una visión completa del hombre, no limitada a algunas de sus dimensiones, y de una ética que la exprese. Una gran ayuda, en este sentido, la ofrece la Doctrina social de la Iglesia.

11. Por lo tanto, el bienestar debe evaluarse con criterios mucho más amplios que el producto interno bruto (PIB) de un país, teniendo más bien en cuenta otros parámetros, como la seguridad, la salud, el crecimiento del «capital humano», la calidad de la vida social y del trabajo. Debe buscarse siempre el beneficio, pero nunca a toda costa, ni como referencia única de la acción económica.

Aquí resulta ejemplar la importancia de parámetros que humanicen, de formas culturales y mentalidades en las que la gratuidad – es decir, el descubrimiento y el ejercicio de lo verdadero y lo justo como bienes intrínsecos – se convierta en la norma de medida,[22] y donde ganancia y solidaridad no sean antagónicas. De hecho, allí donde prevalece el egoísmo y los intereses particulares es difícil para el hombre captar esa circularidad fecunda entre ganancia y don, que el pecado tiende a ofuscar y destruir. Por el contrario, en una perspectiva plenamente humana, se establece un círculo virtuoso entre ganancia y solidaridad, el cual, gracias al obrar libre del hombre, puede expandir todas las potencialidades positivas de los mercados.
Un recordatorio siempre actual para reconocer la conveniencia humana de la gratuidad proviene de aquella regla formulada por Jesús en el Evangelio llamada regla de oro, que nos invita a hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros (cf. Mt 7,12; Lc 6,31).

12. Ninguna actividad económica puede sostenerse por mucho tiempo si no se realiza en un clima de saludable libertad de iniciativa.[23] Es asimismo evidente que la libertad de la que gozan, hoy en día, los agentes económicos, entendida en modo absoluto y separado de su intrínseca referencia a la verdad y al bien, tiende a generar centros de supremacía y a inclinarse hacia formas de oligarquía, que en última instancia perjudican la eficiencia misma del sistema económico.[24]
Desde este punto de vista, cada vez es más fácil ver cómo, ante el creciente y penetrante poder de agentes importantes y grandes redes económicas y financieras, a los actores políticos, a menudo desorientados e impotentes a causa de la supranacionalidad de tales agentes y de la volatilidad del capital manejado por estos, les cuesta responder a su vocación original como servidores del bien común, y pueden incluso convertirse en siervos de intereses extraños a ese bien.[25]
Esto hace hoy más que nunca urgente una alianza renovada entre los agentes econó­micos y políticos en la promoción de todo aquello que es necesario para el completo desarrollo de cada persona humana y de toda la sociedad, conjugando al mismo tiempo las exigencias de la solidaridad y la subsidiariedad.[26]

13. En principio, todas las dotaciones y medios utilizados por los mercados para aumentar su capacidad de asignación, si no están dirigidos contra la dignidad de la persona y tienen en cuenta el bien común, son moralmente admisibles.[27]
Sin embargo, es asimismo evidente que ese potente propulsor de la economía que son los mercados es incapaz de regularse por sí mismo:[28] de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesión social, honestidad, confianza, seguridad, leyes…), ni de corregir los efectos externos negativos (diseconomy) para la sociedad humana (desigualdades, asimetrías, degradación ambiental, inseguridad social, fraude…).

14. No es posible, además, más allá del hecho de que muchos de sus operadores están animados individualmente por buenas y correctas intenciones, ignorar que en la actualidad la industria financiera, debido a su omnipresencia y a su inevitable capacidad de condicionar y – en cierto sentido – de dominar la economía real, es un lugar donde los egoísmos y los abusos tienen un potencial sin igual para causar daño a la comunidad.
En este sentido, hay que destacar que en el mundo económico y financiero se dan casos en los cuales algunos de los medios utilizados por los mercados, aunque no sean en sí mismos inaceptables desde un punto de vista ético, constituyen sin embargo casos de inmoralidad próxima, a saber, ocasiones en las cuales con mucha facilidad se generan abusos y fraudes, especialmente en perjuicio de la contraparte en desventaja. Por ejemplo, comercializar algunos productos financieros, en sí mismos lícitos, en situación de asimetría, aprovechando las lagunas informativas o la debilidad contractual de una de las partes, constituye de suyo una violación de la debida honestidad relacional y es una grave infracción desde el punto ético.
Dado que, en la situación actual, la complejidad de muchos productos financieros hace de esa asimetría un elemento intrínseco al sistema – que pone a los compradores en una posición de inferioridad en relación a quienes los comercializan – no pocos piden la superación del principio tradicional del caveat emptor («¡atento, comprador!»). Este principio, según el cual incumbiría ante todo al comprador la responsabilidad de verificar la calidad del bien adquirido, presupone, de hecho, la igualdad en la capacidad de proteger el propio interés por parte de los contrayentes; lo que, de hecho, hoy en día en muchos casos no existe, ya sea por la evidente relación jerárquica que se instaura en algunos tipos de contratos (como entre prestamista y el prestatario), ya sea por la compleja estructuración de muchas ofertas financieras.

15. También el dinero es en sí mismo un instrumento bueno, como muchas cosas de las que el hombre dispone: es un medio a disposición de su libertad, y sirve para ampliar sus posibilidades. Este medio, sin embargo, se puede volver fácilmente contra el hombre. Así también la multiplicidad de instrumentos financieros (financialization) a disposición del mundo empresarial, que permite a las empresas acceder al dinero mediante el ingreso en el mundo de la libre contratación en bolsa, es en sí mismo un hecho positivo. Este fenómeno, sin embargo, implica hoy el riesgo de provocar una mala financiación de la economía, haciendo que la riqueza virtual, concentrándose principalmente en transacciones marcadas por un mero intento especulativo y en negociaciones «de alta frecuencia» (high-frequency trading), atraiga a sí excesivas cantidades de capitales, sustrayéndolas al mismo tiempo a los circuitos virtuosos de la economía real.[29]
Lo que había sido tristemente vaticinado hace más de un siglo, por desgracia, ahora se ha hecho realidad: el rendimiento del capital asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo, confinado a menudo al margen de los principales intereses del sistema económico. En consecuencia, el trabajo mismo, con su dignidad, no sólo se convierte en una realidad cada vez más en peligro, sino que pierde también su condición de «bien» para el hombre,[30] convirtiéndose en un simple medio de intercambio dentro de relaciones sociales asimétricas.

Precisamente en esa inversión de orden entre medios y fines, en virtud del cual el trabajo, de bien, se convierte en «instrumento» y el dinero, de medio, se convierte en «fin», encuentra terreno fértil esa «cultura del descarte», temeraria y amoral, que ha marginado a grandes masas de población, privándoles de trabajo decente y convirtiéndoles en sujetos «sin horizontes, sin salida»: «Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»».[31]

16. A tal propósito, cómo no pensar en la función social insustituible del crédito, cuya responsabilidad incumbe principalmente a intermediarios financieros cualificados y fiables. En este contexto, resulta claro que la aplicación de tasas de interés excesivamente altas, que de hecho no son sostenibles por los prestatarios, representa una operación no solo ilegítima bajo el perfil ético sino también disfuncional para la salud del sistema económico. Desde siempre, semejantes prácticas, así como los comportamientos efectivamente usurarios, han sido percibidos por la conciencia humana como inicuos y por el sistema económico como contrarios a su correcto funcionamiento.
Aquí la actividad financiera revela su vocación primaria de servicio a la economía real, llamada a crear valor, por medios moralmente lícitos, y a favorecer una movilización de los capitales para generar una circularidad virtuosa de riqueza.[32] En este sentido, por ejemplo, son muy positivas y deben ser alentadas realidades como el crédito cooperativo, el microcrédito, así como el crédito público al servicio de las familias, las empresas, las comunidades locales y el crédito para la ayuda a los países en desarrollo.
Nunca como en este ámbito, donde el dinero puede manifestar todo su potencial positivo, es tan evidente que no resulta legítimo, desde el punto de vista ético, arriesgar injustificadamente el crédito que deriva de la sociedad civil, utilizándolo con fines principalmente especulativos.

17. Es un fenómeno éticamente inaceptable, no la simple ganancia, sino el aprovecharse de una asimetría en favor propio para generar beneficios significativos a expensas de otros; lucrar explotando la propia posición dominante con desventaja injusta de los demás o enriquecerse creando perjuicio o perturbando el bienestar colectivo.[33]
Esta práctica es particularmente deplorable, desde el punto de vista moral, cuando unos pocos – por ejemplo importantes fondos de inversión – intentan obtener beneficios, mediante una especulación[34] encaminada a provocar disminuciones artificiales de los precios de los títulos de la deuda pública, sin preocuparse de afectar negativamente o agravar la situación económica de países enteros, poniendo en peligro no sólo los proyectos públicos de saneamiento económico sino la misma estabilidad económica de millones de familias, obligando al mismo tiempo a las autoridades gubernamentales a intervenir con grandes cantidades de dinero público, y llegando incluso a determinar artificialmente el funcionamiento adecuado de los sistemas políticos.

La finalidad especulativa, especialmente en el campo económico financiero, amenaza hoy con suplantar a todos los otros objetivos principales en los que se concreta la libertad humana. Este hecho está deteriorando el inmenso patrimonio de valores que hace de nuestra sociedad civil un lugar de coexistencia pacífica, de encuentro, de solidaridad, de reciprocidad regeneradora y de responsabilidad por el bien común. En este contexto, palabras como «eficiencia», «competencia», «liderazgo», «mérito» tienden a ocupar todo el espacio de nuestra cultura civil, asumiendo un significado que acaba empobreciendo la calidad de los intercambios, reducidos a meros coeficientes numéricos.
Esto requiere ante todo que se emprenda una reconquista de lo humano, para reabrir los horizontes a la sobreabundancia de valores, que es la única que permite al hombre encontrarse a sí mismo y construir sociedades que sean acogedoras e inclusivas, donde haya espacio para los más débiles y donde la riqueza se utilice en beneficio de todos. En resumen, lugares donde al hombre le resulte bello vivir y fácil esperar.

III. Algunas puntualizaciones en el contexto actual

18. Para ofrecer orientaciones éticas concretas y específicas a todos los agentes económicos y financieros – quienes lo requieren cada vez más – se tratará ahora de formular algunas puntualizaciones, útiles para un discernimiento que mantenga abiertas las vías hacía aquello que hace al hombre verdaderamente hombre y le ayude a evitar poner en peligro tanto su dignidad como el bien común.[35]

19. El mercado, gracias al progreso de la globalización y la digitalización, puede compararse con un gran organismo, en cuyas venas corren, como linfa vital, inmensas cantidades de capitales. Sirviéndonos de esta analogía, podemos por tanto hablar también de la «salud» del mismo organismo, cuando sus medios y aparatos procuran una buena funcionalidad del sistema, en el cual el crecimiento y la difusión de la riqueza van de consuno. Salud del sistema que depende de la salud de cada una de las acciones realizadas. Con semejante salud del sistema-mercado es más fácil que sean respetados y promovidos también la dignidad del hombre y el bien común.
De modo semejante, cada vez que se introducen y difunden instrumentos económicos y financieros no fiables, que ponen en serio peligro el crecimiento y la difusión de la riqueza, creando puntos críticos y riesgos sistémicos, se puede hablar de una «intoxicación» de ese organismo.
Se entiende así la exigencia, cada vez más advertida, de introducir una certificación de las autoridades públicas para todos los productos que provienen de la innovación financiera, al fin de preservar la salud del sistema y prevenir efectos colaterales negativos. Favorecer la salud y evitar la contaminación, incluso desde el punto de vista económico, es un imperativo moral ineludible para todos los actores comprometidos en los mercados. Esta exigencia demuestra asimismo la urgencia de una coordinación supranacional entre las diferentes arquitecturas de los sistemas financieros locales.[36]

20. Esa salud se nutre de una multiplicidad y diversidad de recursos, que constituye una especie de «biodiversidad» económica y financiera. Esta representa un valor añadido para el sistema económico y debe ser favorecida y salvaguardada mediante adecuadas políticas económico-financieras, al fin de asegurar a los mercados la presencia de una pluralidad de sujetos e instrumentos sanos, con riqueza y diversidad de caracteres; sea en positivo, sosteniendo su acción, sea en negativo, obstaculizando a todos aquellos que deterioran la funcionalidad del sistema que produce y difunde riqueza.
A este respecto, hay que destacar que la cooperación realiza una función singular en la tarea de producir en modo sano valor añadido en los mercados. Una leal e intensa sinergia de los agentes obtiene fácilmente ese valor añadido que busca toda actuación económica.[37]
Cuando el hombre reconoce la solidaridad fundamental que lo liga a todos los demás hombres, percibe que no puede apropiarse de los bienes de que dispone. Cuando se habitúa a la solidaridad, estos bienes son usados no sólo para sus propias necesidades, y así se multiplican, dando a menudo también frutos inesperados para los demás.[38] Aquí se puede notar claramente cómo compartir «no es solo división sino también multiplicación de los bienes, creación de nuevo pan, de nuevos bienes, de nuevo Bien con mayúscula».[39]

21. La experiencia de las últimas décadas ha demostrado con evidencia, por un lado, lo ingenua que es la confianza en una autosuficiencia distributiva de los mercados, independiente de toda ética y, por otro lado, la impelente necesidad de una adecuada regulación, que conjugue al mismo tiempo libertad y tutela de todos los sujetos que en ella operan en régimen de una sana y correcta interacción, especialmente de los más vulnerables. En este sentido, los poderes políticos y económico-financieros deben siempre mantenerse distintos y autónomos y al mismo tiempo orientarse, más allá de todas complicidad nociva, a la realización de un bien que es tendencialmente común y no reservado a pocos sujetos privilegiados.[40]
Esa regulación se hace aún más necesaria ya sea por la constatación de que entre los principales motivos de la reciente crisis económica se hallan también conductas inmorales de representantes de mundo financiero, ya sea por el hecho de que la dimensión supranacional del sistema económico permite burlar fácilmente las reglas establecidas por los distintos países. Además, la extrema volatilidad y movilidad de los capitales comprometidos en el mundo financiero permite a quien dispone de ellos operar fácilmente más allá de toda norma que no sea la de un beneficio inmediato, chantajeando a menudo desde una posición de fuerza también al poder político de turno.

Queda claro, por tanto, que los mercados necesitan orientaciones sólidas y robustas, tanto macroprudenciales como normativas, lo más participadas y uniformes que sea posible; así como reglas, que hay que actualizar continuamente, porque la realidad misma de los mercados está en continuo movimiento. Estas orientaciones deben garantizar un serio control de la fiabilidad y la calidad de todos los productos económicos y financieros, especialmente los más estructurados. Y cuando la velocidad de los procesos de innovación produce excesivos riesgos sistémicos, es preciso que los operadores económicos acepten los vínculos y frenos que exige el bien común, sin tratar de burlarlos o disminuirlos.
En tal sentido, teniendo presente la actual globalización del sistema financiero, es importante mantener una coordinación estable, clara y eficaz entre las diversas autoridades nacionales de regulación de los mercados, con la posibilidad, y a veces incluso la necesidad, de compartir con prontitud decisiones vinculantes cuando lo exija el riesgo para el bien común. Esas autoridades de regulación deben ser siempre independientes y estar vinculadas a las exigencias de la equidad y del bien común. La dificultades comprensibles, en este sentido, no deben desalentar la búsqueda y actuación de estos sistemas normativos, que deben ser concertados entre los países y cuyo alcance debe ser igualmente supranacional.[41]
Las reglas deben favorecer una completa trasparencia de lo que se negocia, para eliminar toda forma de injusta desigualdad, garantizando lo más posible un equilibrio en los intercambios. Especialmente teniendo en cuenta que la concentración asimétrica de informaciones y poder tiende a reforzar a los sujetos económicos más fuertes, creando hegemonías capaces de influenciar unilateralmente no sólo los mercados sino incluso los mismos sistemas políticos y normativos. Por lo demás, allí donde se ha practicado una desregulación masiva se ha puesto en evidencia que los espacios de vacío normativo e institucional constituyen espacios favorables, no sólo para el riesgo moral y la malversación, sino también para la aparición de exuberancias irracionales de los mercados – a las que siguen burbujas especulativas y luego repentinos colapsos ruinosos – y de crisis sistémicas.[42]

22. Una gran ayuda para evitar crisis sistémicas sería establecer, para los intermediarios bancarios de crédito, una clara definición y la separación de la gestión de cartera de créditos comerciales y aquel destinado a la inversión o a la negociación de cartera propia.[43] Todo esto para evitar, lo más posible, situaciones de inestabilidad financiera.
La salud del sistema financiero exige además la mayor cantidad de información posible, para que cada sujeto pueda tutelar en plena y consciente libertad sus intereses: es importante, en efecto, saber si los propios capitales son usados con fines especulativos o no, así como conocer claramente el grado de riesgo y la congruencia del precio de los productos financieros que se subscriben. Sobre todo considerando que el ahorro, especialmente el familiar, es un bien público que hay que tutelar y que trata siempre de excluir el riesgo. El mismo ahorro, cuando se pone en manos expertas de asesores financieros, tiene que ser bien administrado y no simplemente gestionado.
Entre los comportamientos moralmente criticables en la gestión del ahorro por parte de los asesores financieros cabe señalar: los excesivos movimientos del portafolio de títulos, con el propósito principal de incrementar los ingresos generados por las comisiones del intermediario; la desaparición de la imparcialidad debida en la oferta de instrumentos de ahorro, con la complicidad de algunos bancos, allí donde los productos de otros sujetos se ajustarían mejores a las necesidades del cliente; la falta de diligencia adecuada o incluso negligencia dolosa por parte de los consultores, respecto a la protección de los intereses de portafolio de sus clientes; la concesión de préstamos por parte de un intermediario bancario, subordinada a la simultánea subscripción de otros productos financieros quizás no favorables al cliente.

23. Toda empresa es una importante red de relaciones y, a su manera, representa un verdadero cuerpo social intermedio, con su propia cultura y praxis. Estas, mientras determinan la organización interna de la empresa, afectan también al tejido social en el que ella opera. Precisamente a este nivel, la Iglesia recuerda la importancia de una responsabilidad social de la empresa[44], que se explicita ad extra y ad intra de la misma.
En este sentido, donde el mero beneficio se sitúa en la cima de la cultura de una empresa financiera, ignorando las simultáneas necesidades del bien común – cosa que hoy se señala como un hecho generalizado incluso en prestigiosas escuelas de negocios (business schools) –, toda instancia ética viene de hecho percibida como extrínseca y yuxtapuesta a la acción empresarial. Esto resulta mucho más acentuado por el hecho de que, en tal lógica organizativa, aquellos que no se adecuan a los objetivos empresariales de este tipo, son penalizados tanto a nivel retributivo como de reconocimiento profesional. En estos casos, la finalidad del mero lucro crea fácilmente una lógica perversa y selectiva, que a menudo favorece el ascenso a la cima empresarial de sujetos capaces pero codiciosos y sin escrúpulos, cuya acción social es impulsada principalmente por una ganancia personal egoísta.

Además, esta lógica obliga con frecuencia a la administración a actuar políticas eco­nómicas encaminadas, no a impulsar la salud económica de las empresas a las que ser­vían, sino a incrementar solo los beneficios de los accionistas (shareholders), perjudicando así los intereses legítimos de todos aquellos que, con su trabajo y servicio, operan en beneficio de la misma empresa, así como a los consumidores y a las varias comunidades locales (stakeholders). Y todo ello, a menudo, estimulado por enormes remuneraciones proporcionales a los resultados inmediatos de la gestión (por lo demás no equilibradas con equivalentes penalizaciones en caso de fracaso de los objetivos), que, si bien a corto plazo aseguran grandes ganancias a los directivos y accionistas, terminan por pro­piciar la aceptación de riesgos excesivos y dejar a las empresas debilitadas y empobrecidas de las energías económicas que les habrían asegurado perspectivas adecuadas de futuro.
Todo esto fácilmente genera y difunde una cultura profundamente amoral – en la que con frecuencia no se duda en cometer un delito, cuando los beneficios esperados superan las sanciones previstas – y contamina seriamente la salud de cualquier sistema económico-social, poniendo en peligro su funcionalidad y dañando gravemente la realización efectiva del bien común, sobre el cual se fundan necesariamente todas las formas de socialización.

Por lo tanto, es urgente una autocrítica sincera a este respecto, así como una inversión de tendencia, favoreciendo en cambio una cultura empresarial y financiera que tenga en cuenta todos aquellos factores que constituyen el bien común. Esto significa, por ejemplo, que hay que colocar claramente a la persona y la calidad de las relaciones interpersonales en el centro de la cultura empresarial, , de modo que cada empresa practique una forma de responsabilidad social que no sea meramente marginal u ocasional, sino que anime desde dentro todas sus acciones, orientándola socialmente.
Precisamente aquí, la circularidad natural que existe entre el beneficio – factor intrínsecamente necesario en todo sistema económico – y la responsabilidad social – elemento esencial para la supervivencia de toda forma de convivencia civil – está llamada a revelar toda su fecundidad, mostrando el vínculo indisoluble, que el pecado tiende a ocultar, entre una ética respetuosa de las personas y del bien común, y la funcionalidad real de todo sistema económico-financiero. Esta circularidad virtuosa es favorecida, por ejemplo, por la búsqueda de la reducción del riesgo de conflicto con los stakeholder, como asimismo por el fomento de una mayor motivación intrínseca de los empleados en una empresa.
Aquí la creación de valor añadido, que es el propósito primordial del sistema eco­nómico-financiero, debe demostrar en última instancia su viabilidad dentro de un sistema ético sólido, precisamente porque se basa en una búsqueda sincera del bien común. Sólo del reconocimiento y potenciación del vínculo intrínseco que existe entre razón eco­nómica y razón ética puede emanar un bien que sea para todos los hombres.[45] Dado que también el mercado, para funcionar bien, necesita presupuestos antropológicos y éticos, que por sí solo no es capaz de producir.

24. Si bien, por un lado, el mérito crediticio exige una actividad de selección atenta, para identificar beneficiarios realmente dignos, capaces de innovar y evitar colusiones insanas, por otro lado los bancos, para poder soportar adecuadamente los riesgos afrontados, deben disponer de convenientes dotaciones de activos, de modo que una eventual socialización de las pérdidas sea lo más limitada posible y recaiga sobre todo en aquellos que han sido realmente responsables.
Ciertamente, la gestión delicada del ahorro, además de la debida regulación jurídica, requiere también paradigmas culturales adecuados, junto con la práctica de una revisión cuidadosa, sin excluir el punto de vista ético, de la relación entre banco y cliente, y una supervisión continua de la legitimidad de todas las operaciones que le conciernen.
Una propuesta interesante para moverse en esa dirección y que habría que experimentar, sería establecer Comités éticos, dentro de los bancos, para apoyar a los Consejos de Administración. Todo ello para ayudar a los bancos, no sólo a preservar sus balances de las consecuencias de sufrimientos y pérdidas y a mantener una coherencia efectiva entre la misión fiduciaria y la praxis financiera, sino también a apoyar adecuadamente la economía real.

25. La creación de títulos de crédito de alto riesgo – que operan de hecho una especie de creación ficticia de valor, sin un adecuado quality control ni una correcta evaluación del crédito – puede enriquecer a quienes hacen de intermediarios, pero crean fácilmente insolvencia en perjuicio de aquellos que los deben cobrar; esto es tanto aún más cierto si el peso de la criticidad de estos títulos, por parte del instituto que los emite, se descarga en el mercado en el que se difunden y propagan (por ejemplo, la titulación de hipotecas subprime), generando intoxicación en amplios sectores y dificultades potencialmente sistémicas. Esta contaminación de los mercados contradice la necesaria salud del sistema económico-financiero, y es inaceptable desde el punto de vista de una ética respetuosa del bien común.
Cada título de crédito debe corresponder a un valor orientativamente real y no sólo presumible y difícilmente cotejable. En tal sentido, es cada vez más urgente una regulación y evaluación pública super partes del comportamiento de las agencias de rating del crédito, con instrumentos jurídicos que permitan, por un lado, sancionar las acciones distorsionadas y, por otro, impedir la creación de situaciones de oligopolio peligroso por parte de algunas de ellas. Esto es particularmente cierto en caso de productos del sistema de intermediación crediticia en los que la responsabilidad del crédito concedido es descargada por el prestamista original sobre quienes lo relevan.

26. Algunos productos financieros, incluidos los llamados «derivados», se crearon para garantizar un seguro contra riesgos inherentes a determinadas operaciones, incluyendo a menudo una apuesta hecha sobre la base del valor presuntamente atribuido a dichos riesgos. Subyacentes a estos instrumentos financieros están los contratos en los que las partes todavía pueden evaluar razonablemente el riesgo fundamental contra los cuales se pretende asegurarse.
Sin embargo, para algunos tipos de derivados (en particular, las llamadas titulizaciones o securitizations), se ha observado que a partir de las estructuras originarias y vinculadas a inversiones financiarías individuales se construían estructuras cada vez más complejas (titulizaciones de titulizaciones), en las cuales es cada vez más difícil – en realidad, prácticamente imposible después de varias de estas transacciones – establecer en modo razonable y ecuo su valor fundamental. Esto significa que cada paso en la compraventa de estos títulos, más allá de la voluntad de las partes, opera de hecho una distorsión del valor efectivo del riesgo que el instrumento debería proteger. Todo ello ha favorecido el surgimiento de burbujas especulativas, que han sido importantes concausas de la reciente crisis financiera.

Es evidente que la improvisa aleatoriedad de estos productos – el desvanecimiento creciente de la transparencia de lo que aseguran – que, en la operación original no es percibida, los hace cada vez menos aceptables desde el punto de vista de una ética respetuosa de la verdad y del bien común, ya que los transforma en una especie de bombas de relojería, listas para explotar antes o después, esparciendo su falta de fiabilidad eco­nómica e intoxicando los mercados. Hay aquí una carencia ética, que se vuelve más grave a medida que estos productos se negocian en los llamados mercados extrabursátiles (over the counter) – expuestos al azar, cuando no al fraude, más que los mercados regulados – y sustraen linfa vital e inversiones a la econo­mía real.
Una valoración ética semejante se puede hacer también con respecto a los usos de los credit default swap (CDS: permuta de incumplimiento crediticio; esto es, contratos particulares aseguradores del riesgo de quiebra), que permiten apostar sobre el riesgo de quiebra de un tercero, también a aquellos que no han asumido en precedencia un riesgo de crédito, e incluso repetir tales transacciones en el mismo evento, lo cual no es de ninguna manera permitido por las normales pólizas de seguros.
El mercado de CDS, en vísperas de la crisis económica de 2007, era tan imponente que representaba aproximadamente el equivalente del PIB mundial. El difundirse sin límites adecuados de este tipo de contratos ha favorecido el crecimiento de una finanza de riesgo y de apuestas sobre la quiebra de terceros, lo que resulta inaceptable desde el punto de visto ético.
De hecho, la operatividad de compra de esos instrumentos por parte de aquellos que no han asumido aún riesgo alguno de crédito es un caso singular en el que individuos comienzan a interesarse por la quiebra de otras entidades económicas e incluso pueden verse tentados a operar en este sentido.
Es evidente que esta posibilidad, mientras, por una parte, constituye un hecho particularmente reprobable desde el punto de vista moral, ya que quien así actúa lo hace en pos de una especie de «canibalismo» económico, por otra parte, socava la necesaria confianza básica, sin la cual el circuito económico terminaría bloqueando. También en este caso, podemos notar cómo un evento negativo desde el punto de vista ético, se convierte en perjudicial para la sana funcionalidad de sistema económico.
Cabe señalar, finalmente, que cuando de semejantes apuestas pueden derivar grandes daños a países enteros y a millones de familias, nos enfrentamos a acciones sumamente inmorales, y resulta por ello conveniente ampliar las prohibiciones, ya existentes en algunos países, para este tipo de operaciones, castigando con la máxima severidad tales infracciones.

27. En un punto neurálgico del dinamismo de los mercados financieros se encuentran tanto la fijación (fixing) de la tasa de interés relativa a los préstamos interbancarios (LIBOR), cuya cuantificación sirve como tasa-guía de interés del mercado monetario, como las tasas de cambio oficiales de las distintas divisas, aplicadas por los bancos.
Estos son parámetros importantes, que tienen un impacto significativo en todo el sistema económico-financiero, ya que afectan a las grandes transferencias diarias de efectivo entre las partes que suscriben contratos basados precisamente en la cuantificación de dichas tasas. La manipulación de esta constituye por lo tanto un caso de grave violación ética, con consecuencias de amplio alcance.

El hecho de que esto haya podido suceder impunemente durante muchos años demuestra lo frágil y expuesto al fraude que es un sistema financiero que no esté suficientemente controlado por normas y se halle desprovisto de sanciones proporcionadas a las violaciones en las que incurren sus actores. En este contexto, la creación de verdaderos «carteles» de connivencia entre los sujetos responsables de la correcta fijación del nivel de esas tasas constituye un caso de asociación para delinquir particularmente perjudicial para el bien común, que inflige una peligrosa herida a la salud del sistema económico y que hay que sancionar con penas adecuadas que disuadan de su reiteración.

28. Hoy en día, los principales actores del mundo financiero, y en especial los bancos, deben contar con órganos internos que garanticen el adecuado control de conformidad (compliance), o autocontrol de la legitimidad de los principales pasos del proceso de decisión y de los productos más importantes ofrecidos por la empresa. Sin embargo, cabe señalar que, al menos hasta un pasado muy reciente, la práctica del sistema económico-finan­ciero se basa en gran parte en un juicio puramente negativo del control de conformidad, es decir, sobre un respeto meramente formal de los límites establecidos por las leyes vigentes. Desafortunadamente, de esto también deriva la frecuencia de una praxis de hecho elusiva de los controles normativos, es decir, de acciones destinadas a zafarse de los principios normativos vigentes, cuidándose bien, empero, de no contradecir explícitamente las normas que los expresan, para evitar sanciones.
Para evitar todo ello, es necesario que el control de conformidad entre en lo específico de las diferentes transacciones también en positivo, verificando su cumplimiento efectivo de los principios que informan la normativa vigente. La práctica de esta modalidad de control quedaría facilitada, según el parecer de muchos, si se establecieran Comités éticos, que funcionasen junto a los Consejos de Administración y constituyeran el interlocutor natural de quienes deben garantizar, en el correcto operar de los bancos, la conformidad entre los comportamientos y las razones de las normas vigentes.
A tal fin, dentro de las empresas habría que disponer líneas guía, que permitan facilitar este juicio de conformidad, de modo que sea posible discernir cuáles de las transacciones técnicamente viables en el aspecto jurídico, son de hecho, legítimas y viables desde el punto de vista ético (cuestión muy relevante, por ejemplo, para las prácticas de elusión fiscal). El objetivo es pasar de un respeto formal a un respeto sustancial de las reglas.
Además, es deseable que también en el sistema normativo que regula el mundo financiero haya una cláusula general que declare ilegítimos, con la consiguiente responsabilidad patrimonial de todos los sujetos imputables, aquellos actos cuyo propósito sea principalmente la elusión de la normativa vigente.

29. Ya no es posible ignorar fenómenos como la expansión en el mundo de los sistemas bancarios paralelos (shadow banking system), los cuales, si bien incluyen dentro de sí también tipologías de intermediarios cuya operatividad no parece crítica a primera vista, han determinado de hecho una pérdida de control sobre el sistema por parte de diversas autoridades de vigilancia nacionales, favoreciendo de forma imprudente el uso de la llamada financiación creativa, en la cual la principal razón para invertir recursos financieros es predominantemente especulativa, cuando no depredadora, y no un servicio a la economía real. Por ejemplo, muchos coinciden en afirmar que la existencia de estos sistemas «sombra» es una de las principales concausas que han llevado al desarrollo y la difusión global de la reciente crisis económico-financiera que comenzó en los EE.UU. con la de las hipotecas subprime en el verano de 2007.

30. De esta intención especulativa se nutre además el mundo de las finanzas offshore, que, aunque también ofrece otros servicios legales, a través de los ampliamente difusos canales de elusión fiscal – la evasión y el lavado de dinero sucio – constituye otra razón de empobrecimiento del sistema normal de producción y distribución de bienes y servicios. Es difícil discernir si muchas de estas situaciones dan lugar a casos de inmoralidad próxima o inmediata: es ciertamente evidente que tales realidades, donde substraen injustamente linfa vital a la economía real, difícilmente pueden encontrar una justificación, ya sea desde el punto de vista ético, ya sea en términos de la eficiencia global del mismo sistema económico.
Más aún, cada vez resulta más claro que existe un grado de correlación apreciable entre el comportamiento no ético de los operadores y la quiebra del sistema en su conjunto: es ya innegable que las deficiencias éticas exacerban las imperfecciones de los mecanismos del mercado[46].

En la segunda mitad del siglo pasado, nació el mercado offshore de los euro-dólares, lugar financiero de intercambio fuera de cualquier marco normativo oficial. Mercado que desde un importante país europeo se ha extendido a otros países alrededor del mundo, creando una verdadera red financiera, alternativa al sistema financiero oficial, jurisdicciones que la protegían.
A este respecto, cabe señalar que, si bien la razón formal para legitimar la presencia de sedes offshore es la de evitar que los inversores institucionales sufran una doble tasación, primero en su país de residencia y luego en el país en el que están domiciliados los fondos, de hecho, estos lugares se han convertido hoy en día, en ocasión de operaciones financieras a menudo al límite de la legalidad, cuando no se «pasan de la raya», tanto desde el punto de vista de su legalidad normativa, como desde el punto de vista ético, es decir, de una cultura económica sana y libre del mero propósito de elusión fiscal.
En la actualidad, más de la mitad del comercio mundial es llevada a cabo por grandes sujetos, que reducen drásticamente su carga fiscal transfiriendo los ingresos de un lugar a otro, dependiendo de lo que les convenga, transfiriendo los beneficios a los paraísos fiscales y los costos a los países con altos impuestos. Está claro que esto ha restado recursos decisivos a la economía real, y ha contribuido a la creación de sistemas económicos basados en la desigualdad. Por otra parte, no es posible ignorar que esas sedes offshore se han convertido en lugares de lavado de dinero «sucio», es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra…).

Así, al disimular el hecho de que las operaciones offshore no se llevaban a cabo en sus plazas financieras oficiales, algunos Estados han permitido que se sacara provecho incluso de delitos, sintiéndose no responsables porque no se realizaban formalmente bajo su jurisdicción. Esto representa, desde un punto de vista moral, una forma obvia de hipocresía.
En poco tiempo, este mercado se ha convertido en el lugar de mayor tránsito de capitales, ya que su configuración representa una manera fácil de realizar diferentes e importantes formas de elusión fiscal. Se entiende entonces que la domiciliación offshore de muchas empresas importantes que participan en el mercado sea muy deseada y practicada.

31. Ciertamente, el sistema fiscal de los Estados no siempre parece justo; a este respecto, cabe señalar que tal injusticia a menudo es en perjuicio de los sectores económicos más débiles y en ventaja de los más equipados y capaces de influir incluso en los sistemas normativos que regulan los mismos tributos. De hecho, la imposición tributaria, cuando es justa, desempeña una fundamental función equitativa y redistributiva de la riqueza, no sólo en favor de quienes necesitan subsidios apropiados, sino también en el apoyo a la inversión y el crecimiento de la economía real.
En cualquier caso, es precisamente la elusión fiscal de los principales actores que se mueven en los mercados, especialmente los grandes intermediarios financieros, lo que representa una abominable sustracción de recursos a la economía real y un daño para toda la sociedad civil. Dada la falta de transparencia de esos sistemas es difícil determinar con precisión la cantidad de capital que pasa a través de ellos; sin embargo, se ha calculado que bastaría un impuesto mínimo sobre las transacciones offshore para resolver gran parte del problema del hambre en el mundo: ¿por qué no hacerlo con valentía?
Además, se ha demostrado que la existencia de sedes offshore favorece asimismo enormes salidas de capital de muchos países de bajos ingresos, generando numerosas crisis políticas y económicas e impidiendo a los mismos embarcarse finalmente en el camino del crecimiento y del desarrollo saludable.

A este propósito, hay que señalar que diversas instituciones internacionales han denunciado reiteradamente todo esto, y no pocos gobiernos nacionales han tratado justamente de limitar el alcance de las plazas financieras offshore. Ha habido muchos esfuerzos positivos en este sentido, especialmente en los últimos diez años. Sin embargo, todavía no ha sido posible imponer acuerdos y normativas adecuadamente eficaces en tal sentido; los esquemas normativos propuestos en esta área también por prestigiosas organizaciones internacionales han quedado frecuentemente sin aplicación o han resultado ineficaces, debido a la poderosa influencia que estas plazas pueden ejercer, a causa del gran capital del que disponen frente a tantos poderes políticos.
Todo lo cual, al mismo tiempo que constituye un grave perjuicio al buen funcionamiento de la economía real, representa una estructura que, tal como está configurada actualmente, resulta totalmente inaceptable desde el punto de vista ético. Es, por lo tanto, necesario y urgente que, a nivel internacional, se apliquen los remedios apropiados a estos sistemas inicuos; en primer lugar, practicando a todos los niveles la transparencia financiera (por ejemplo, con la obligación de rendición de cuentas, para las empresas multinacionales, de sus respectivas actividades e impuestos pagados en cada país donde operan a través de sus filiales); y también con sanciones incisivas impuestas a los países que reiteren las prácticas deshonestas (evasión y elusión de impuestos, lavado de dinero sucio) mencionadas anteriormente.

32. Especialmente en los países con economías menos desarrolladas, el sistema offshore ha empeorado la deuda pública. Se ha observado, en efecto, que la riqueza privada acumulada en los paraísos fiscales por algunas élites ha casi igualado la deuda pública de sus respectivos países. Esto evidencia asimismo que, de hecho, en el origen de esa deuda a menudo están los pasivos económicos generados por privados y luego descargados sobre los hombros del sistema público. Entre otras cosas, es bien sabido que importantes sujetos económicos tienden a buscar la socialización de las pérdidas, frecuentemente, con la connivencia de los políticos.

Sin embargo, es oportuno señalar que la deuda pública se genera, a menudo, también por una gestión imprudente – cuando no dolosa – del sistema de administración pública. Esta deuda, es decir, el conjunto de pasivos financieros que pesan sobre los Estados, representa hoy uno de los mayores obstáculos para el buen funcionamiento y crecimiento de las distintas economías nacionales. Numerosas economías nacionales se ven de hecho agobiadas por el pago de los intereses que provienen de esa deuda y, por lo tanto, se ven en la necesidad de hacer ajustes estructurales con ese fin.
Ante esto, por un lado, los Estados están llamados a revertir la situación con una adecuada gestión del sistema público, mediante sabias reformas estructurales, una sensata repartición de los gastos e inversiones prudentes; por otro lado, a nivel internacional, aún poniendo a cada país frente a sus ineludibles responsabilidades, es necesario igualmente permitir y alentar razonables vías de salida de la espiral de la deuda, no poniendo sobre los hombros de los Estados – y por tanto sobre los de sus conciudadanos, es decir, de millones de familias – cargas que de hecho son insostenibles.
Todo ello asimismo a través de políticas de reducción razonable y acordada de la deuda pública, especialmente cuando los acreedores son sujetos de tal consistencia económica que les permite ofrecerla.[47] Estas soluciones se requieren tanto para la salud del sistema económico internacional, con el fin de evitar el contagio de crisis potencialmente sistémicas, cuanto para la búsqueda del bien común de los pueblos en su conjunto.

33. Todo lo dicho hasta ahora no afecta solo a entidades fuera de nuestro control, sino que cae también dentro de la esfera de nuestra responsabilidad. Esto significa que tenemos a nuestra disposición herramientas importantes para contribuir a resolver muchos problemas. Por ejemplo, los mercados viven gracias a la demanda y a la oferta de bienes; en este sentido, cada uno de nosotros puede influir en modo decisivo, al menos, en la configuración de esa demanda.
Por lo tanto, es importante un ejercicio crítico y responsable del consumo y del ahorro. Hacer la compra, acción cotidiana con la que nos dotamos de lo necesario para vivir, implica también una selección entre los diversos productos que ofrece el mercado. Es una opción que a menudo realizamos de manera inconsciente, comprando bienes cuya producción se realiza, por ejemplo, a través de cadenas productivas donde es normal la violación de los más elementales derechos humanos o gracias a empresas cuya ética, de hecho, no conoce otros intereses sino los de la ganancia de sus accionistas a cualquier costo.
Es necesario seleccionar aquellos bienes de consumo detrás de los cuales hay un proceso éticamente digno, ya que incluso a través del gesto, aparentemente banal, del consumo expresamos con los hechos una ética, y estamos llamados a tomar partido ante lo que beneficia o daña al hombre concreto. Alguien ha hablado, en este sentido, de «votar con la cartera»: se trata, en efecto, de votar diariamente en el mercado a favor de lo que ayuda al verdadero bienestar de todos nosotros y rechazar lo que lo perjudica.[48]

Las mismas reflexiones deben hacerse en relación a la gestión de los propios ahorros, dirigiéndolos, por ejemplo, hacia aquellas empresas que operan con criterios claros, inspirados en una ética respetuosa del hombre entero y de todos los hombres y en un horizonte de responsabilidad social.[49] Y, más en general, cada uno está llamado a cultivar prácticas de producción de riqueza que sean congruentes con nuestra índole relacional y tendentes al desarrollo integral de la persona

IV. Conclusión

34. Frente a la inmensidad y omnipresencia de los actuales sistemas económico-finan­cieros, nos podemos sentir tentados a resignarnos al cinismo y a pensar que, con nuestras pobres fuerzas, no podemos hacer mucho. En realidad, cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo.
Muchas asociaciones con origen en de la sociedad civil son, en este sentido, una reserva de conciencia y responsabilidad social, de la que no podemos prescindir. Hoy más que nunca, todos estamos llamados a vigilar como centinelas de la vida buena y a hacernos intérpretes de un nuevo protagonismo social, basando nuestra acción en la búsqueda del bien común y fundándola sobre sólidos principios de solidaridad y subsidiariedad.

Cada gesto de nuestra libertad, aunque pueda parecer frágil e insignificante, si orienta realmente al auténtico bien, se apoya en Aquel que es Señor bueno de la historia, y se convierte en parte de una positividad, que va más allá de nuestras pobres fuerzas, uniendo indisolublemente todos los actos de buena voluntad en una red que une el cielo con la tierra, verdadero instrumento de humanización del hombre y del mundo. Esto es lo que necesitamos para vivir bien y nutrir una esperanza que esté a la altura de nuestra dignidad de personas humanas.
La Iglesia, Madre y Maestra, consciente de haber recibido en don un inmerecido depósito, ofrece a los hombres y las mujeres de todos los tiempos los recursos para una esperanza fiable. María, Madre del Dios hecho hombre por nosotros, tome de la mano nuestros corazones y los guíe en la sabia construcción de aquel bien que su Hijo Jesús, a través de su humanidad hecha nueva por el Espíritu Santo, ha venido a inaugurar para la salvación del mundo.
El Sumo Pontífice Francisco, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha aprobado las presentes Consideraciones, decididas en la Sesión Ordinaria de este Dicasterio y ha ordenado su publicación.
Dado en Roma el 6 de enero de 2018, Solemnidad de la Epifanía del Señor.
+ Luis F. Ladaria, S.I.
Arzobispo titular de Thibica
Prefecto de la Congregación
Para la Doctrina de la Fe
Peter Card. Turkson
Prefecto del Dicasterio para el Servicio
del Desarrollo Humano Integral
+ Giacomo Morandi
Arzobispo titular de Cerveteri
Secretario de la Congregación
para la Doctrina de la Fe
Bruno Marie Duffé
Secretario del Dicasterio para el Servicio
del Desarrollo Humano Integral

Notas:
[1] Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 48.
[2] Cf. Ibíd., n. 5.
[3] Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 231: AAS 107 (2015), 937.
[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 de junio de 2009), n. 59: AAS 101 (2009), 694.
[5] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Fides et ratio (14 de septiembre de 1998), n. 98: AAS 91 (1999), 81.
[6] Cf. Comisión Teológica Internacional, En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural (2009), n. 87, Ciudad del Vaticano 2009, 86
[7] Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[8] Id., Exhort. apost. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), n. 178: AAS 105 (2013), 1094.
[9] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad pública con competencia universal (24 de octubre de 2011), n. 1: www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20111024 _nota_it.html
[10] Cf. Francesco, Carta enc. Lautado si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[11] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium ( 24 novembre 2013), n. 53: AAS 105 (2013), 1042.
[12] Ibid., n. 58: AAS 105 (2013), 1042.
[13] Cf. Concilio EcuménicoVaticano II, Decl. Dignitatis humanae, n. 14.
[14] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 de junio de 2009), n. 45: AAS 101 (2009), 681.
[15] Cf. Ibíd., n. 74: AAS 101 (2009), 705.
[16] Cf. Francisco, Discurso al Parlamento Europeo (25 de noviembre de 2014), Estrasburgo: AAS 106 (2014) 997-998.
[17] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 37: AAS 101 (2009), 672.
[18] Cf. Ibíd., n. 55: AAS 101 (2009), 690.
[19] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollecitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), n. 42: AAS 80 (1988), 772.
[20] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1908.
[21] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 13: AAS 107 (2015), 852; Exhort. apost. Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), n. 44: AAS 108 (2016), 327.
[22] Cf. Por ej. el lema ora et labora, que recuerda la Regla de San Benedicto de Nursia: en su simplicidad indica que la oración, especialmente la litúrgica, al abrirnos a la relación con Dios que en Jesucristo y en su Espíritu se manifiesta como Bien y Verdad, ofrece de esta manera también la forma adecuada y la manera de construir un mundo mejor y más real, es decir, más humano.
[23] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 de mayo de 1991), nn. 17, 24, 42: AAS 83 (1991), 814, 821, 845.
[24] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno (15 de mayo de 1931), n. 105: AAS 23 (1931), 210; Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967), n. 9: AAS 59 (1967), 261; Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 203: AAS 107 (2015), 927.
[25] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 175: AAS 107 (2015), 916. Sobre el vínculo necesario entre economía y política, cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 36: AAS 101 (2009), 671: «La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios».
[26] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 58: AAS (2009), 693.
[27] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 64.
[28] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno, n. 89: AAS 23 (1931), 206; Benedicto XVI, Caritas in veritate, n. 35: AAS 101 (2009), 670; Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, n. 204: AAS 105 (2013), 1105.
[29] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 109: AAS 107 (2015), 891.
[30] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), n. 9: AAS 73 (1981), 598.
[31] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, n. 53: AAS 105 (2013), 1042.
[32] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 369.
[33] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno, n. 132: AAS 23 (1931), 219; Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, n. 24: AAS 59 (1967), 269.
[34] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2409.
[35] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, n. 13: AAS 59 (1967), 263. Algunas indicaciones importantes han sido ofrecidas al respecto (cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Nota Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal, n. 4): «Hay que proseguir en la línea del discernimiento, para favorecer una desarrollo positivo del sistema económico – financie y contribuir a eliminar las estructuras de injusticia que le limitan las potencialidades benéficas».
[36] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 198: AAS 107 (2015), 925.
[37] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 343.
[38] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 35: AAS 101 (2009), 670.
[39] Francisco, Discurso a los participantes en la reunión de «Economía de Comunión», organizado por el movimiento de los Focolares (4 de febrero de 2017): L’Osservatore Romano, 5 de febrero de 2017, 8.
[40] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollecitudo rei socialis, n. 28 AAS 80 (1988),548.
[41] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 67: AAS 101 (2009), 700.
[42] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Nota Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal, n. 1: L’Osservatore Romano, 24-25 de octubre de 2011, 6.
[43] Cf. Ibíd., n. 4: : L’Osservatore Romano, 24-25 de octubre de 2011, 7.
[44] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 45: AAS 101 (2009), 681; Francesco, Mensaje para Celebración de la 47ª Jornada mundial de la Paz (1 de enero de 2015), n. 5: AAS 107 (2015), 66.
[45] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, n. 45: AAS 101 (2009), 671.
[46] Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si’, n. 189: AAS 107 (2015), 922.
[47] Cf. Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (8 de enero de 2007): AAS 99 (2007), 73.
[48] Cf. Id., Carta enc. Caritas in veritate, n. 66: AAS 101 (2009), 699.
[49] Cf. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 358


Oeconomicae et pecuniariae quaestiones (PDF)

Índice de Zaqueo Monseñor De Nevares (IZMD – Zaqueo)

Nuestro índice de Zaqueo Monseñor De Nevares (IZMD – Zaqueo es un recaudador de impuestos bíblico , para el Imperio Romano , a quien Jesús visitó en su casa ), da una proyección que conduce a la guerra civil de nuevo tipo en Argentina . La política económica internacional implementada por el Virrey Macri , medida por el IZMD muestra la siguiente evolución : 2015 :25 /2018 :63 /2019 : 75, si es reelegido manteniendo la misma política 2020 : 100 .

El IZMD es la relación entre los intereses pagados por todos los argentinos (por todo concepto) , y los ingresos de todos los argentinos. La relación actual ya es de guerra civil de Saqueo. Pero su proyección a fin de mandato es de guerra civil de nuevo tipo. Pagaremos tantos intereses como ingresos. Lo que genera el empobrecimiento generalizado. Las declaraciones del Jefe de Policía de Bs.AS » la gente roba para comer » , es el reconocimiento de una de las formas de la guerra civil en curso y el principio de quiebre político de las fuerzas de seguridad.

Convocatoria al Acto por la suspensión de la fusión de Telecom y Cablevisión

Jueves 5 a las 17 horas Comisión Nacional de Defensa de Competencia

Convocamos a un acto abierto el 5/04 en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia para que se expresen todas las organizaciones convocantes ante la inminencia de un dictamen de dicho organismo sobre la fusión de Telecom y Cablevisión Holding SA (del grupo Clarín) que pasa a controlar: Telecom, Arnet, Personal, Cablevisión, Fibertel y Nextel, obteniendo una posición absolutamente dominante del mercado de las redes de Internet y “cuádruple play” (Telefonía Fija, Móvil, Trasmisión de Datos/Internet y Televisión). Esta fusión consolida una concentración y poder monopólico en la infraestructura de los servicios de telecomunicación y también en los contenidos de los medios de comunicación e información, que vulneran derechos de la población y los trabajadores.

Frente a esta situación y acompañando las presentaciones realizadas de proyectos de ley en el Congreso Nacional, en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, en el Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones) y en la Corte Suprema de Justicia, convocamos a realizar un acto el jueves 05/04 a las 17 horas en la sede central de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (Reconquista 46, CABA).

  • 1) Por la suspensión de la fusión de Telecom con Cablevisión.
  • 2) Por la derogación de los decretos de “necesidad y urgencia” N° 267/2015 y decreto N° 1340/2016 que habilitan una concentración sin precedentes.
  • 3) Por el cumplimiento del pliego de licitación de ENTel, pago de los Bonos adeudados a los trabajadores.
  • 4) Por la defensa de los puestos y condiciones de trabajo en un convenio único de la actividad de las telecomunicaciones.
  • 5) Por la desmonopolización del sistema infocomunicacional y el más amplio acceso y participación de los trabajadores y el pueblo. Por la pluralidad y la diversidad político, estético, de género, geográfica y cultural en los medios de comunicación.

Adhieren y convocan: Romina del Pla (Diputada Nacional), Liliana Mazure (diputada Nacional), Leopoldo Moreau (diputado Nacional), Néstor Pitrola (Diputado Nacional MC), Antonini Pablo (Presidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA), Alejandra Darín presidenta, Juan Palomino secretario general y Luis “turco” Alí (Consejo Integral de la Asociación Argentina de Actores), Dra. Liliana Zabala (abogada que obtuvo el fallo favorable de la Corte Suprema para el pago de los Bonos adeudado a los telefónicos), Pablo Eibuszyc (Agrupación Naranja, integrante de la Comisión Directiva de FOETRA Sindicato Bs. As.), Guillermo Robledo (Coordinador del Observatorio de la riqueza Padre Arrupe), Diego de Charras, Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, Diego Rossi (Coalición por una Comunicación Democrática), Ibarra Santiago (Antena Negra), Natalia Vinelli (Barricada TV/ Coordinadora nacional de televisoras alternativas CONTA), Santiago Gandara (AGD Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y Secretario de prensa de AGD- Asociación Gremial Docente de la UBA), Alcira Argumedo, Néstor Piccone, Omar Plaini, Gustavo López integrantes del CODEHCOM (Colectivo por el derecho humano a la comunicación), Eduardo Murúa (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas), Adolfo Pérez Esquivel (SERPAJ), Pablo Macías (Secretario de Prensa de CONADU y FEDUBA), Dr. Carlos Rozanski (Ex Juez, firmante del Per Saltum a la Corte Suprema por la suspensión de la fusión Telecom/Cablevisión), Roberto Cossa (dramaturgo, Secretario de Cultura de Argentores), Agrupación Naranja – Enacom, Jonathan Marín delegado Foetra ed. Libertad, Flavio Pereyra delegado Foetra ed. República, Belén Díaz delegada Foetra ed. Florida Telecom Personal, Guido Fuentes delegado Foetra ed. Caballito Telecom Personal, Matías Tomasello (Miembro rotativo de la Comisión Directiva de Foetra), José Sosa delegado Foetra Ed. Talar / Congresal FATEL (Federación Argentina de las Telecomunicaciones), Rolando Roque delegado Foetra ed. Vicente López, María Bruni delegada Foetra ed. Costanera, Fernando Montero (delegado UPJET ed. Costanera/Telecom), Javier Lewcowicz (Delegado CEPETEL Ed. Talcahuano/Telefónica), docentes de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires: Pablo Alabarces, Carlos Mangone, Fabiola Ferro, Javier Palma, Maximiliano Duquelski, Cristian Henkel, Daniel Salerno, Mauro Vázquez, Alberto Ascione, Cecilia Palacios, Pablo Leona, Cecilia Palacios y Yamila Heram. María Cristina Mata -Directora en gestión y producción en Medios Audiovisuales CEA- Universidad Nacional de Córdoba, Asociación de Radios Bonaerenses y del Interior de la República Argentina (ARBIA), Hugo Muleiro presidente de Comunicadores de la Argentina (COMUNA), Rubén Suarez, CONAICOP, Daniel Bello Revista PPV, Rafael Klejzer Secretario General de la CTEP-CABA, Unidad Ciudadana (Gustavo López, presidente FORJA), David Gutiérrez – Presidente de la Provincia de Buenos Aires y Fernando Vaca Narvaja Presidente Nacional Polo Social, Alberto Vanden y Humberto Vera (Carta Abierta Córdoba), Juñio Urien (FIPCA), Padre Juan Carlos Molina (Ex secretario para la prevención de la drogadicción y lucha contra el narcotráfico), Mónica Bianchi (Ex Legisladora de la Ciudad), Claudio Castelli, Adriana Chiappano, Florinda Castro (abogados, org. Vagos y Vagas Peronistas), Jorge Gurbanov (Editorial Peña Lillo), Verónica Azpiroz Cleñañ (Los Toldos), Clelia Isasmendi, Sonia Tobal, Vicente Zito Lema, Regine Bermejer, Nora Lafon, Pablo Bonastre, Gema Fioriti, Nara Carreira, Alfredo Grande, Hernán Cardinale, Alejandro Moujan, Patricia Rozas, Norberto Gonzalo, Gabriela Schinocca, Fernando Madanes (integrantes del Observatorio de la Riqueza Padre Arrupe), María Marcon y Juan Canale integrantes de Cultura por la Unidad, Roberto Elizalde Red de Bachilleratos de Educación Popular, Diego Zambelli (docente y comunicador radiofónico), Elvira Romera, Pedagoga, (siguen firmas…)

Contacto para enviar adhesiones:

Pablo Eibuszyc, eibu_p@yahoo.com.ar 01151508001

Liliana Zabala, lilianazabalasi@gmail.com 01149236241

 

ACTO frente a la CNDC.

En el min 33 el Observatorio convoca a respaldar esta denuncia por la ilegal fusión de Cablevision -Telecom -Clarin. Y anticipa la denuncia por asociación ilícita a los funcionarios que no accionen suspendiendo dicha Fusión:
https://www.facebook.com/NaranjaTelefonica/videos/902284423284669/UzpfSTUyODQxMDAxMjoxMDE2MDI3MDY2MjAwN

Balance de los dos años del gobierno de Macri en Argentina

1. Destruyo el proceso de integración Latinoamericana.

2. Cumple el objetivo internacional de los países centrales de destruir el potencial del mercado interno vía:

  • a. Pérdida salarial del 60 % del poder adquisitivo de Diciembre´2015 a hoy. (Canasta Básica Concejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba: + 240 % vs Paritarias: 60 %).
  • b. Pérdida del 40 % del poder adquisitivo del sistema previsional.
  • c. Sustitución de producción nacional por importación: – 30 %
  • d. Desfinanciación del Estado y Endeudamiento Externo Masivo del mismo y pérdida total de soberanía monetaria.
  • e. Maximización de la Fuga de Capitales con el Dec. 893/17 y BCRA que deja el 100 % del trabajo argentino en el exterior.

3. Vació las instituciones republicanas con técnicas de nazismo moderno (La Doctrina Penal Nazi – Dr. Zaffaroni – 2017).

4. Centralizó el 100 % del poder de comunicación en manos extranjeras de colonización eliminando todo medio opositor y autorizando el monopolio telefónicas – cables.

5. Dividió planificadamente el campo nacional.

6. Destruyó la representatividad política gremial de movimientos sociales y política. Ningún personaje mediático es legítimo. Al contrario.

7. El sistema judicial es un sistema racista monetario cuyas expresiones máximas han sido los dos extremos 1) la impunidad judicial a la fuga de capitales y los paraísos fiscales; 2) la reciente orden del poder ejecutivo de centralizar todos los amparos colectivos de 17.000.000 de Argentinos por la ley de saqueo previsional en un solo Juez (¡¡¡¡¡¡). Lo que de por sí demuestra la extinción de la división de poderes. Entre ambas ejecuta el dispositivo colonial de proscripción política y persecución política montado en toda Latinoamérica bajo supervisión de la Fiscalía de Estados Unidos encabezado por el Fiscal Especial Robert Mueller que conduce la persecución con sus regionales en cada país. Tal como lo describió en el discurso público del 19/07/2017, el SubProcurador General del Tesoro de EE.UU., Kenneth A. Blanco, quien dirigía la División Penal del Dpto. de Justicia.
Al escuchar el veredicto condenatorio a Lula: “es el principal ejemplo de los resultados extraordinarios gracias a la colaboración con el Dpto. de Justicia (DOJ) con los fiscales brasileños en la campaña anticorrupción “lava jato”.
La División Penal del DOJ, dirige la operación “anticorrupción” Lava Jato, dirigida hasta Junio del 2017 por Andreu Weissmann, fue el ex procurador Gral. de Obama.
Dijo Blanco al darle el discurso de bienvenida al Fiscal General Brasileño Rodrigo Janot, uno de los sicarios del Lava Jato: “Es difícil imaginar una mejor relación de cooperación en la historia reciente que la que ha tenido el Dpto. de Justicia de EE.UU y los fiscales brasileños. Hemos cooperado y nos hemos ayudado de modo sustancial en una serie de temas públicos que ahora se han resuelto y seguimos en una serie de investigaciones que se están haciendo”.

“Solo el año pasado colaboramos en la ley sobre prácticas corruptas en el extranjero (F.P.C.A.): en Embraer, Roll Royce, Braskem, Odebrecht. Esta última notable por su alcance y extensión”
“La semana pasada lograron veredicto contra Lula los fiscales por ser acusado de recibir sobornos de la Cía. De Ingeniería OAS a cambio de contratos de Petrobras”.
Blanco reveló en el discurso que la cooperación es tan grande “que operan fuera de los procesos normales tales como los tratados de asistencia mutua, a menudo solo con una llamada de unos a otros para pasarse o solicitarse evidencias, y solo se molestan con las “formalidades” legales cuando esa evidencia sea admisible cuando el caso llega a juicio”.

Recordemos esas tres palabras “evidencia sea admisible” para cuando lleguemos al caso Nismann – Amia como reemplazo del Lava Jato en Argentina para no caer al aliado estratégico en la región: Macri.
El diseño de lawfare o guerra jurídica sobre Latinoamérica tiene dos estrategias principales y varias secundarias conducidas por EE.UU. e Israel: 1) Lava Jato sobre el liderazgo político en Brasil, Perú; 2) Amia – Nismann en Argentina porque el avance del Lava Jato coloca en la cárcel a Macri y rompe el sistema político colonial montado en la región. De ahí la demolición del sistema judicial argentino para garantizar el sostenimiento de su títere Macri. El efecto regional Macri garantizó la Caída de Dilma, la proscripción de Lugo, de Lula, de Correa y el retorno de Piñeira.

La hipocresía y falsedad necesaria de la guerra jurídica de EE.UU. e Israel contra la región, se confiesa en boca de Blanco que “clasifica las evidencias” …. A eso se refiere “evidencia sea admisible”. La admisibilidad o descarte se produce según las consecuencias políticas de una prueba, de una evidencia.
En esa confesada “selección judicial” radica todo el diseño de guerra jurídica y periodismo de guerra soportan los pueblos latinoamericanos.
Incluidas las acciones paramilitares en torno al lava jato, como las dos avionetas “caídas” para implementarlo (garantizando ballotage con Dilma y pérdida de mayoría parlamentaria que garantizaba posterior “golpe destituyente”)
Y frenarlo (al Juez que iba a citar a Macri y todo su entorno).
Los Wikileaks donde Nismann reconoce que “consulta a la Embajada de EE.UU. antes de dar cada paso”, es otra confesión de parte sobre el diseño de guerra jurídica sobre la región. Y la exposición ante el Congreso Nacional donde iba a ser interpelado por todos los Diputados y transmitido en Cadena se convertía en un escándalo internacional para EE.UU. y el Estado de Israel con consecuencias impredecibles.
Por eso tomaron la decisión de que sus servicios de inteligencia lo asesinen, aunque fuera de ellos. “Daño colateral que le llaman de la fuerza propia”. Pero asesinato que aportaba a ganar la lección a Macri. ¿Pueden ser tan cínicos? “El cinismo gobierna el mundo” dijo, ni más ni menos que el especialista francés en comunicación Regis Debray. Hollywood naturaliza el cinismo real. No lo inventa. Lo naturaliza para que la sociedad hipnotizada lo acepte. Algún día los argentinos argentinos, no los argentinos coloniales, ganaremos el tercer Oscar con la historia de la Amia – Nismann – Lewinsky – Intento de Destitución de Clinton y demolición de los Acuerdos de Paz de Oslo firmados por Clinton, y los asesinados Rabin y Arafat.
Porque la saga tiene un capítulo central en la Lawfare – Guerra Jurídica actual sobre toda la región como fue descripto más arriba. Por eso la Senadora Cristina Fernández de Kirchner en su primera intervención en el Senado, anticipo que Argentina y la Causa por su intento de desafuero será un leading case del lawfare. Nosotros creemos que será un leading case de la derrota de EE.UU. e Israel, porque quedaran desnudos frente a la humanidad y la civilización. Su principal arma: el cinismo y la hipocresía será neutralizado por la verdad histórica de los Pueblos de Dios.
No habrá crucificados que lo impidan porque como toda política que no se legitima por violenta e injusta, termina aplastada por los pueblos y los justos.
Quiso la historia que Argentina este en el ojo del Huracán y que el 60 % de la población no se rindió. Y esta novedosamente actualizando nuevos caminos. Con el Papa Francisco como inspirador. Y muy posiblemente como único país latinoamericano con una identidad política contradictoriamente viva y única. ExPresidente con cargo electo y en carrera política si proscriben a Lula. Por esa condición única en la región, los próximos dos años en Argentina serán de guerra salvaje. Cada día más salvaje.
El año 2017 fue preludio de los próximos años en nuestra patria. El pueblo argentino este año demolió todo el sistema de representación política nacional. Aunque haya ganado una elección Macri, lo hizo a costa de destruir todas las instituciones y dejar en evidencia que es el exponente local del nazismo moderno en el mundo. De eso no hay retorno ni blindaje mediático judicial ni económico. El pueblo Argentino en las calles durante el 2017 ganó siempre en términos políticos, aunque el Congreso devenido en escribanía imperial le destruya sus derechos. El pueblo sabe que son instituciones del poder internacional, no de Argentina.
Son Argentinos coloniales que usurpan al pueblo y entregan la Nación. Jamás se legitimarán.

8. Esta estrategia de Guerra Jurídico – Mediática política sobre la Región Latinoamericana se inició cuando en el 2008 EE.UU, la OTAN e Israel toman la decisión después de 50 años de ausencia de trasladar la IV Flota de EE.UU – OTAN al Atlántico Sur frente a Rio de Janeiro y toda la estructura de las Fuerzas Especiales clandestinas a operar desde ahí y la base militar Malvinas sobre toda Latinoamérica.
La definición de la OTAN es que la dotación de recursos de América Latina convierte a la región con la misma importancia mundial que el Golfo Pérsico. Lo que junto a la Nueva Doctrina de que enemigo es todo país y región que por su dotación de recursos pueda devenir en potencia competidora, termina de dar el marco a la guerra que tiene 4 frentes:

  • a. Guerra mediática
  • b. Guerra jurídica
  • c. Guerra de fuga de capitales y debilitamiento de los Estados.
  • d. Guerra de confusión y división al interior de los pueblos sembrando desconfianza como arma central para el objetivo.

9. Esta guerra se lleva adelante con una pirámide racista de nazismo moderno, que en Argentina esta conducida por apenas 5 bancos extranjeros, que utilizan unos 60.000 cipayos (políticos, periodistas, sindicalistas, empresarios, dirigentes pseudo sociales y jueces) que se rotan entre si y reciben por su cipallaje 200.000 $/mes para que los 5 bancos fuguen 1.000.000.000.000 $ por año.
Para lo que someten racistamente y con el nazismo moderno a:

  • 1. 7.000.000 de trabajadores bajo convenio a 18.000 $/mes
  • 2. 11.000.000 de jubilados y pensionados a 7.800 $/mes
  • 3. 4.000.000 de Planes Sociales a $ 4.500 $/mes
  • 4. 4.000.000 de Desempleados a $ Nada
  • 5. 4.000.000 de Monotributistas a $ 18.000 / mes

Para terminar de dimensionar el saqueo Macrista su forma racista – nazista moderno, esta es la asignación de la riqueza diaria que producen los Argentinos.

  • 1. 5 bancos saquean 5.200.000.000 de pesos por día en intereses y lo fugan al exterior.
  • 2. 200 monopolios saquean 700.000.000.000 de pesos por día inflacionando los precios.
  • 3. 60.000 cipayos ocultan el saqueo por 6.000 pesos por día.
  • 4. 500.000 clase media acomodada 3.000 pesos por día
  • 5. 7.000.000 de trabajadores mantienen su familia por 660 pesos por día.
  • 6. 11.000.000 de Jubilados y Pensionados 300 pesos por día.
  • 7. 4.000.000 de Planes Sociales 150 pesos por día}3.0000 de Asignación Universal por hijos 50 pesos por día
  • 8. 4.000.000 de Monotributistas 660 pesos por día

Tal es la dimensión de un saqueo sin precedente en la historia Argentina.

Cristina se reunió con impulsores de Nuevas Convenciones para Naciones Unidas

La senadora Cristina Fernández de Kirchner recibió esta tarde en el Instituto Patria a los integrantes del Observatorio de la Riqueza Padre Pedro Arrupe, quienes impulsan tres nuevas convenciones para las Naciones Unidas, que ya cuentan con el apoyo del papa Francisco y Lula Da Silva, entre otras personalidades y dirigentes a nivel global.

Esta organización tiene por propuesta realizar tres nuevas convenciones para las Naciones Unidas, concibiéndolas como un «camino necesario para la puesta en práctica de la (encíclica) Laudato Si y para permitir a los pueblos de Latinoamérica cambiar la asfixiante y totalitaria realidad que se ha impuesto en los últimos años en la región».

Las tres propuestas de nuevas convenciones para la ONU incluyen en primer lugar un nuevo sistema de contabilidad pública y privada que resuelva los problemas de paz, justicia, inmigración y calidad de vida; en segundo orden una nueva convención sobre Genocidio; y por último, una convención sobre Comunicación, entendiéndola como Derecho Humano.

Argentina, entre los cinco países con mayor evasión fiscal

Por Juan Cruz Guido en la Agencia Paco Urondo. Un informe de la Tax Justice Network ubica a la Argentina entre los cinco países donde las empresas multinacionales más divisas fugan. La lista la completan países de alta actividad económica como Estados Unidos, China, Japón e India. La desinversión como política de Estado.

En línea con lo publicado la semana pasada por la AGENCIA PACO URONDO, donde describíamos la funcionalidad de la Unidad de Información Financiera en el entramado de fuga de divisas y lavado de activos, se conoció un informe de la Tax Justice Network (TJN) donde se reseña la evasión fiscal por parte de las empresas multinacionales. En ese sentido, la coalición independiente de investigadores y activistas que se agrupan entorno a la red TJN, publicaron un listado con los 102 países de los cuales pudieron recabar información financiera.

El informe, realizado por Alex Cobham, director Ejecutivo de TJN, y el economista Petr Janský, ubica a la Argentina en el quinto puesto, rodeado de las grandes economías del mundo. Comparte el podio con Estados Unidos, China, Japón e India. De manera evidente, y de hecho es enfatizado por los investigadores, el caso argentino resulta llamativo ya que su Producto Bruto Interno es considerablemente inferior al de los países mencionados. La fuga de divisas y ganancias por parte de las empresas multinacionales representa para la economía argentina una relación del 4,4% de su PBI. La cifra exacta de lo que dejó de recaudar la Argentina para el año 2016 escala a la suma de 21.406 millones de dólares.

Las maniobras para garantizar estas fugas de capital cuentan con logística interna y externa. De modo que las acciones tendientes a la evasión necesitan de servicios contables y jurídicos que la posibiliten. La investigación realizada por el organismo señala las operaciones de “profit shifting”, mediante las cuales las compañías que operan a los largo del globo mueven sus ganancias de países con altos niveles impositivos a plazas financieras con baja o nula carga tributaria. Dicha operatoria fue descripta de manera precisa por una investigación que realizó la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) a cargo, en ese momento, de Carlos Gonella. Allí se describió como el Hong Kong and Shangai Banking Corporation (HSBC) fugó capitales a través de cuentas fantasmas, que el banco omitió deliberadamente informar a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Un dossier de la Tax Justice Network (TJN), previo a la filtración de los Panamá Papers, ya señalaba las conexiones locales e internacionales encargadas de las maniobras espurias. Según James Henry, autor del estudio donde se estima el dinero escondido en paraísos fiscales, estos activos fugados están «protegidos por un grupo diligente y bien pagado de agentes en la banca privada y en empresas legales, de contabilidad e inversiones que tienen ventajas crecientes en la economía mundial cada vez más sin fronteras ni fricciones».

A la luz de los hechos, queda claro que con el cambio de gobierno y de autoridades en la UIF, unidad encargada de investigar estos hechos delictuales, la línea es amigable a la evasión y la no inversión de ganancias por parte de las empresas multinacionales. Un informe del Observatorio de la Riqueza Padre Arrupe señala que “Argentina es el primer país del mundo en evasión impositiva per capita”. Según lo consignado por el Observatorio, en el 2016“las multinacionales en Argentina evadieron por impuestos el 4.4% del PBI, e invirtieron el 0.9% del mismo.” La cifra es significativa si se la compara con el 2015, cuando por una decisión de política económica se las obligaba a invertir el 2.25% del PBI. Para ilustrar las diferencias con otros países del mundo y de la región, el documento subraya que “en China se invierte el 40%, en Brasil el 25% y en América Latina el monto de inversión se encuentra en un 18%”. De esta información se desprende que “Argentina es el país que menos invirtió en el 2016 y que, por el contrario, más fugó”. En ese sentido, el informe arriesga una conclusión advirtiendo que la causa de la evasión sistemática se debe “a la destrucción del mercado interno, que no justifica ninguna inversión privada”.

 

 

De las empresas recuperadas a un Observatorio de la Riqueza: una apuesta para interpelar el sistema económico mundial

Un itinerario de lucha obrera iniciada en el movimiento sindical y las fábricas recuperadas en Argentina, del cual surge ahora un nuevo debate sobre la economía global.

La amenaza climática, las turbulencias en el poder global y el desenlace de cuarenta años de expansión de los modelos socioproductivos neoliberales han reanudado en casi todos los rincones del planeta la exploración de nuevos paradigmas sociales, culturales y económicos. Como semillas locales de estos nuevos paradigmas, las empresas recuperadas en Argentina forman sin lugar a duda una experiencia inédita, diseñando un movimiento plural a nivel nacional y regional, sostenido en el tiempo y semejante a lo que podemos encontrar en otros territorios golpeados por profundas oleadas de desindustrialización y crisis económica (Detroit/EEUU, Brasil, México, Grecia, Francia, España, Totnes/Inglaterra…etc). Hoy, luego de dos décadas de luchas y de crecimiento para fomentar una economía social potenciada por el período virtuoso de los gobiernos populares de Latinoamérica, surge una nueva iniciativa apuntando a la reforma del sistema económico global a través del Observatorio de la Riqueza por un nuevo sistema financiero y comunicacional mundial.

Ocupar, resistir, producir… resignificar

No es sencillo sintetizar una lucha tan emblemática y no hay probablemente mejor forma que contar su historia concreta. Las empresas recuperadas en Argentina y en otro país de América Latina se iniciaron como una respuesta combativa de los trabajadores frente a la violencia económica de los años 90, donde se multiplicaban despiadadamente medidas de exclusión social, de desindustrialización, de precarización laboral, en plena sintonía con los criterios ideológicos del consenso de Washington absorbidos por las élites locales. Las industrias llegaban al punto de quiebra económica y sus trabajadores, desamparados en el plano gubernamental, sindical y jurídico, optaban por defender sus puestos de trabajo, ocupando el espacio de producción y reconvirtiéndolo muchas veces en formas colaborativas. Dicho más fríamente y en términos conceptuales: donde el Estado y el mercado daba por descartable económicamente tal o cual espacio productivo, abandonando el activo financiero y la dirección empresarial, los trabajadores socializaban el capital material (y por lo tanto los demás capitales), mediante la ocupación física del espacio productivo y sosteniendo un conflicto frente al aparato gubernamental y jurídico. Además de lograr mantener los empleos y un cierto nivel de producción, las fábricas recuperadas demostraron tener una mayor resiliencia1 frente a las variaciones macroeconómicas que las sociedades privadas e incluso las Pymes tradicionales.

La cuenca industrial de la zona de Quilmes, Berazateguí, Varela en el conurbano sur de Buenos Aires dio luz a la primeras experiencias con el apoyo activo del sindicato metalúrgico (UOM) (2). Estas mismas experiencias se solidarizaron luego con otras iniciativas para propulsar el movimiento nacional de empresas recuperadas3 y otras federaciones. Actualmente, existen alrededor de 370 empresas recuperadas en Argentina (4) (cerca de 700 a nivel regional (5), movilizando cerca de 16 000 trabajadores con una mayor presencia territorial en la capital y la provincia de Buenos Aires, pero también en el interior del país. Su gran mayoría surgió a partir del período 2002 – 2004 en los sectores industriales metalúrgicos, alimentarios, gráficos y textiles. No obstante, no pararon de nacer de forma continúa hasta la fecha. Dos encuentros continentales tuvieron lugar en el 2005 y 2006 y dieron puntapié a nuevas articulaciones internacionales (6).

La emblemática empresa IMPA, pieza clave en este movimiento, esta ubicada en la capital argentina y cristalizó una experiencia particularmente irradiante. Creada en el año 1928 para diseñar piezas de aluminio destinadas a la industria aeronáutica, se nacionalizó en el 1944 y se transformó en cooperativa en los años 60. Llegando a la quiebra en el 1998 en pleno auge de desregulación estatal y de presión monopólica del grupo industrial Aluar, quiebra y pasa a ser empresa recuperada, no sin transitar contradicciones, intentos de sabotaje y momentos heroicos como cada una de estas experiencias. Logró mantener su línea de producción y abrió sucesivamente sus 22 000 m² de instalación cubierta a una universidad de los trabajadores, un bachillerato popular, un centro cultural, ocho salas de teatro, un cine, varios espacios de salud, un canal de televisión y una radio comunitaria.
Es decir, una empresa recuperada, dejando atrás el tradicional esquema de propiedad privada para transformarse en “plaza” o laboratorio nodal de encuentro entre movimientos obreros, urbanos, culturales y sociopolíticos. Varias de las características que la premio Nobel de economía Elinor Ostrom evidenció en su análisis internacional del uso de los recursos comunes (7) se pueden verificar, pero siempre teniendo en cuenta que el conflicto constituye un elemento central para habilitar el escenario de comunalización. Este mismo polo de resistencia y de apoyo a la auto-organización popular frente al vendaval de la economía globalizada sostuvo la lucha de otros trabajadores, como el caso del banco Scotiabank en el 2001, o de la empresa Lapa en el sector aeronáutico. Dicho apoyo se realizó a contracorriente de los frenos o incluso los vetos de las corrientes sindicales tradicionales que se oponían. Actualmente, sigue acompañando a la empresa La Salamandra y una fábrica aceitera de La Matanza (oeste de Buenos Aires).

Según Guillermo Robledo, quien fue parte de esta historia y actual coordinador del Observatorio de la Riqueza, es evidente que nuevos micro-paradigmas han sido habilitados por este frente plural de empresas en situación de desobediencia y recuperación por su propia fuerza productiva. Algunas políticas públicas han podido salir a la luz y facilitar la reconversión (ley de expropiación, programa estatal de créditos e incentivos). Varios movimientos sociales han acompañado la dinámica. Pero hay que admitir también que en veinte años, inclusive dentro del avance histórico de los proyectos populares en América Latina potenciado por un extraordinario ciclo de altos precios de las materias primas vinculado al crecimiento de China, estos micro-paradigmas de independencia económica han quedado como encapsulados y periféricos, sin poder escalarse o interpelar más a fondo la estructura “centro-dependiente” del sistema laboral, jurídico, monetario y financiero. Esto ha marcado un techo a la capacidad de transformación, no solo para las industrias recuperadas y la economía popular sino más ampliamente para la matriz económica regional. Estos límites vuelven justamente a la superficie con la actual recesión mundial y el avance de un proceso neocolonial-revanchista en su vertiente continental.

En busca de nuevos puntos nodales y síntesis

Para los referentes involucrados en este movimiento, es evidente que las vías de emancipación no terminaban solamente con esta forma de resistencias directas y de su potencial expansión en las grietas de la ortodoxia económica. Se evidenció la necesidad de involucrarse más en fondo en los sistemas de ideas, ya sean nuevos, negados o latentes, capaces de renovar la mente de las élites y de los mismos movimientos. Entre las diversas corrientes teóricas emancipadoras que vienen a nutrir este movimiento figuran la escuela de economía ecológica alrededor del físico Frederick Soddy (8) a principios del siglo XX, postergado por el establishment intelectual por su crítica aguda al sistema monetario como mecanismo de control de la riqueza. Se suman también Silvio Gesell, Henry George, Joseph Shumpeter y Eva Perón en la raíz del movimiento peronista. También la obra menos conocida de los Grundisse (9) de Marx mediatizada por el alemán Martin Nicolaus, que visibilizó entre otros elementos los fenómenos de transferencia a los fondos de pensión, la atomización de la clase obrera, la financiarización de los medios de producción, la expansión de una clase media internacional.

Hoy, como sabemos, estas corrientes nuevas o postergadas han vuelto en el tapete a nivel global con la profundización de la crisis capitalista y el surgimiento de nuevas complejidades. Se multiplican los espacios críticos o alternativos, muchas veces afuera de los aparatos tradicionales, mientras los cambios estructurales siguen muy lentos. En cuarenta años, desde la primera alerta oficial lanzada por el informe Meadows y el Club de Roma en 1972, los avances han sido muy frágiles y escasos a favor de un paradigma post-productivista. Es innegable que se multiplican los lugares de innovación, pero dentro de un reforzamiento del lobbying ejercido por el sistema dominante para garantizar su reproducción como lo recuerda el Transnacional Institute10. Si bien la sociedad civil organizada ha sido fundamental para incidir en ciertos temas, todavía no ha consolidado una real agenda propia capaz de frenar la captura del poder por los actores corporativos e incidir en la brújula del concierto de los Estados.
Es en este escenario que un sector vinculado al movimiento de empresas recuperadas argentinas y varios movimientos populares han interpretado el Laudato Si – impulsado por un Papa que se solidarizó en aquellos años con la experiencia de las empresas recuperadas en Argentina (11), como un nuevo horizonte no solamente ético y civilizatorio, sino también político, es decir como un “proyecto de mundo” como lo subraya el teólogo Leonardo Boff (12). No se trata de una propuesta clerical, sino que el Laudato Si aporta un nuevo elemento convocante “no solo para repensar las cosas sino también para desarrollar una síntesis que pueda superar las falacias de los últimos 200 años”. La palabra síntesis aquí es sinónima de síntesis política, es decir del hecho de asumir como sujeto social los desafíos de los nuevos tiempos, con nuevas agendas programáticas y ideológicas.

Las perspectivas acumuladas a lo largo de los encuentros mundiales de movimientos populares (13), estimulado por el Vaticano y acompañado por varios movimientos internacionales (entre otros el movimiento bolivariano), hacen eco a esta idea. Prioriza la centralidad de la batalla contra el colonialismo del sistema económico y financiero. Llaman a los pueblos y la sociedad civil para no mantenerse en el corsé de las « políticas sectoriales » y cuestionar la política mayúscula. Resaltan la necesidad de reemplazar el patrón ideológico globalizante, a veces reproducidos en los sectores sociales, por caminos que van circularmente de lo local a lo universal, respetando la identidad de los Pueblos.

Hacia el Observatorio de la Riqueza

Es a la luz de este recorrido que se creó durante el año 2016 el Observatorio de la Riqueza para una nuevo sistema financiero y comunicacional mundial, con una primera base en Buenos Aires. Su punto de partida radica en visibilizar la importancia de un nuevo debate sobre el conjunto del sistema financiero y comunicacional, en base a las siguientes premisas:

  • Se perdió la oportunidad luego del 2008 de reformar más a fondo el sistema financiero; hoy estamos ante nuevos riesgos sistémicos con una deflación monetaria, lo cual obliga a retomar la discusión.
  • Existe una deflación mundial de precios sin piso determinado debido a los efectos de la revolución tecnológica y de la productividad, lo cual crea inevitablemente las condiciones objetivas y subjetivas para una nueva concepción de la riqueza y de la comunicación (hoy las propias empresas recuperadas en Argentina como muchas otras son víctimas de ese fenómeno y por ello actualizan su lucha con la creación del Observatorio); esto habilita nuevos enfoques sobre el trabajo humano, la economía colaborativa y el consumo.
  • Están surgiendo nuevos proyectos de reconversión neoliberal según dos vertientes: nacionalista-autoritario y neocolonial-globalista, por lo que es necesario favorecer un nuevo internacionalismo e internalizar el debate en los movimientos (esta perspectiva esta resaltada en Europa por el movimiento Diem25, Thomas Piketty (14) y el filósofo Habermas; China por otra parte renueva su política exterior hacia un horizonte de “comunidad humana de destino común”).
  • Los esquemas de libre mercado se han erosionando profundamente; basta ver el fenómeno de retorno de lo político mediante opciones críticas o reaccionarias tales como el Brexit, la irrupción de Donal Trump, también el bajo nivel de consenso alrededor de los últimos tratados transnacionales de libre comercio.
  • La evolución de las reservas de energía fósil y de su costo de extracción empujan una matriz energética hacia las energías renovables, implicando una profunda serie de cambios estructurales.

Un eje central de trabajo del Observatorio (15) tiene que ver con romper el dique monetario artificial que actúa sobre las alternativas populares en todos los frentes estratégicos: conceptual, informacional, político, económico, espiritual y emocional. Otro eje se relaciona con la preparación de una nueva modelización mundial semejante a la línea del informe Meadows del Club de Roma, en base al primer Modelo mundial latinoamericano elaborado en los mismos años por la Fundación Bariloche (16). Un tercer eje finalmente tiene que ver con experimentar propuestas concretas y organizar convergencias a nivel local, regional y global. Entre ellas, se esta preparando en este momento un recurso de amparo judicial sobre el presupuesto 201 (7) aprobado por el Congreso.

Mucho queda para construir obviamente. Lo que si queda evidente para quien suscribe esta nota es que este movimiento, como otros que están emergiendo en las heridas dejadas por un mundo convulsionados, toma raíces en un territorio que tiene un profundo mensaje para ofrecer al mundo. Golpeado sucesivamente por el genocidio, la colonización y la violencia imperial en nombre del progreso civilizatorio, su fuerza reside tanto en su combatividad, la veracidad de su mirada y la capacidad de superar su resentimiento.

 

NOTAS:

(1) Informe Las empresas recuperadas por los trabajadores en los comienzos del gobierno de Mauricio Macri, mayo 2016 http://www.recuperadasdoc.com.ar/informe-mayo-2016.pdf
(2) Unión Obrera Metalúrgica http://www.uom.org.ar/
(3) MNER https://www.facebook.com/MovimientoNacionalDeEmpresasRecuperadasMner
(4) Informe http://www.recuperadasdoc.com.ar/informe-mayo-2016.pdf
(5) En Europa, existen alrededor de 200 empresas recuperadas.
(6) Ver por ejemplo el caso de la empresa griega Viome « La mitad de nuestro corazón se encuentra en Buenos Aires » http://www.viome.org/p/espanol.html y http://www.recuperadasdoc.com.ar/entrevista_europa_espejo_arg.html
(7) https://es.wikipedia.org/wiki/Recursos_comunes
(8) Frederick Soddy fue Premio Nobel de química en el 1921 https://en.wikipedia.org/wiki/Frederick_Soddy
(9) Los borradores del El capital de Karl Marx
(10) Committing geocide : climate change and corporate capture. Susan George, TNI.
(11)  Ver en este sentido las menciones a las fábricas recuperadas durante el último encuentro mundial de movimientos populares de noviembre 2016 http://movimientospopulares.org .
(12) Ver artículo de Leonardo Boff https://leonardoboff.wordpress.com/2016/11/14/francisco-e-mais-que-um-nome-e-um-projeto-de-mundo-e-de-igreja/
(13) http://movimientospopulares.org/documento-final-2016/
(14) http://piketty.blog.lemonde.fr/2016/11/15/agenda-for-another-globalisation
(15) https://observatorio-riqueza.org
(16) http://www.fundacionbariloche.org.ar

Cometer geocidio: cambio climático y captura corporativa

El geocidio es la acción colectiva de una única especie, de entre millones de otras especies, que está cambiando el planeta Tierra hasta el punto de que puede volverse irreconocible e incapaz de albergar vida. Pero los seres humanos aún tenemos una oportunidad, explica Susan George.

Susan George dictó esta conferencia en un seminario del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH) y la UNESCO, titulado “Conciencia: Diálogo Interreligioso, Intercultural y Cambio Climático” y organizado en Buenos Aires del 1 al 2 de septiembre de 2016. Traducción de DiEM25.

Me llama la atención que todas las religiones tengan sus peregrinajes, ya sea a la Meca, a Santiago de Compostela, el lugar de la iluminación de Buda en la India, las ciudades sagradas hindúes de la India o los lugares sagrados de Jerusalén. Las personas que parten en estos peregrinajes de fe habitualmente buscan la redención o la salvación, la iluminación, la sanación o la concesión de un deseo especial.

Nuestro peregrinaje común es de una naturaleza muy distinta. No buscamos bendiciones personales sino la salvación y la esperanza para todas las personas y para nuestro hogar, la Tierra. Todos se hallan bajo una terrible amenaza. Nos hemos embarcado en este viaje porque somos conscientes de que la humanidad nunca se ha encontrado en mayor peligro que en este momento.

Intento no hablar de “salvar el planeta”. Sea lo que sea que hagan los seres humanos, el planeta seguirá rotando sobre su eje y orbitando alrededor del Sol como lo ha hecho durante unos cuatro mil millones y medio de años. El planeta Tierra, al que consideramos “nuestro”, no es realmente “nuestro”. Podría seguir perfectamente, aun totalmente alterado, moviéndose en su camino predefinido sin nosotros. De hecho, se podría argumentar que, como los llamados “ecologistas profundos”, el planeta estaría mucho mejor sin nosotros, ya que estos enfatizan que los humanos somos la especie más depredadora, derrochadora y destructiva que jamás ha pisado la Tierra en estos cuatro mil millones y medio de años.

No estoy aquí para promover la perspectiva de la ecología profunda. Estoy aquí para presentar y definir lo que yo considero un nuevo fenómeno en la historia de la humanidad. Lo llamo el “geocidio”. El geocidio es la acción colectiva de una única especie, de entre millones de otras especies, que está cambiando el planeta Tierra hasta el punto de que puede volverse irreconocible e incapaz de albergar vida. Esta especie está cometiendo geocidio contra todos los componentes de la naturaleza, ya sean organismos microscópicos, plantas, animales o incluso la propia humanidad, los Homo sapiens.

El Homo sapiens solo ha existido durante unos 200.000 años. El tiempo que hemos habitado este planeta, comparado con su edad total, es infinitesimalmente corto, apenas una fina lámina de tiempo geológico. Supone un mero 0.00004 por ciento de la existencia de la Tierra. Y pese a que cualquier especie, ya sea planta o animal (vertebrada o invertebrada), tiende a durar de media unos diez millones de años, nuestra especie parece determinada a causar su propia extinción, junto al resto de la creación, mucho antes de su hora prevista. La muerte de una especie entera es, en términos geológicos, un suceso común. Algunas extinciones son espectaculares (pensad en los dinosaurios), la mayoría son desapariciones silenciosas que apenas dejan rastro. Algunas especies habrán desaparecido para siempre en el tiempo entre que hemos llegado a este seminario y cuando salgamos. Los científicos dicen que la “tasa natural” de extinción es aproximadamente mil veces mayor que la media y algunos han comenzado a llamar a nuestra era “la sexta gran extinción”. La anterior, la extinción del Pérmico, ocurrió hace unos 250 millones de año. Cerca del 95% de las especies de la Tierra fueron aniquiladas, probablemente debido a que la actividad volcánica y las altas temperaturas causaron grandes emisiones de metano desde los océanos.

Las especies desaparecen masivamente porque no pueden adaptarse con suficiente rapidez a condiciones rápidamente cambiantes. Algunas, incluidos los humanos, se pueden adaptar a una amplia variedad de entornos y diversidad de temperaturas, desde Siberia o Groenlandia hasta Pakistán o el Sahel, pero ninguna especie es infinitamente adaptable y todas tienen sus límites.

La nuestra es la única especie entre millones que ha recibido el don de la lengua, habilidades de creación de herramientas y sobre todo la conciencia, la capacidad para la imaginación, el pensamiento y la espiritualidad. Aun así, el fin de nuestra propia existencia parece estar fuera de nuestra capacidad de comprensión colectiva: es demasiado terrible y demasiado definitiva para nuestra consideración. La extinción no nos puede suceder a nosotros: los humanos somos demasiado brillantes tecnológicamente, podemos encontrar la solución a cualquier problema, somos los amos de la creación y no podemos fracasar, y mucho menos desaparecer. Hemos sido testigos de episodios horribles de asesinatos masivos en nuestras propias vidas y, como hemos reconocido este horror, podemos nombrarlo. Todas las lenguas han sido obligadas a añadir esta palabra terrible, “genocidio”, a sus vocabularios.

¿Somos siquiera capaces de imaginar, ya no digamos admitir, que también somos capaces de cometer geocidio? En mi mente, este término va más allá del “ecocidio” que hasta ahora parece limitado a entornos o puntos geográficos concretos como la devastación de un bosque o la polución masiva de, digamos, el Golfo de México. El geocidio es, lamentablemente, algo más general: es un asalto masivo contra la naturaleza de la que solo somos una parte, contra toda la vida terrestre y contra la creación, así como la completa negación de los derechos humanos: yo sostengo que este acto de destrucción definitiva está en marcha y que necesitamos un nombre para él. Sin un nombre, no tenemos concepto y sin concepto no podemos combatirlo. Por eso busqué una nueva palabra.

Puede que penséis que soy alarmista. Dejadme contaros unos pocos de los más recientes hallazgos científicos relativos a la velocidad y avance del cambio climático. La mayoría son derivados del reciente State of the Climate Report (Informe sobre el Estado del Clima) dirigido por la Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos de América (NOAA, por sus siglas en inglés). Se basa en las contribuciones de cientos de científicos de 62 países.

En 2015, se establecieron nuevos registros en las temperaturas, la subida del nivel del mar y sucesos de clima extremo. Como en 2014, 2015 ha sido el año más caliente registrado y 2016 probablemente volverá a batir ese récord. Los océanos no pueden absorber todos los gases de efecto invernadero que estamos produciendo y que producen un calentamiento veloz. El año pasado, el Pacífico Oriental estuvo dos grados más caliente y el Océano Ártico alcanzó un récord de ocho grados más que en medias históricas. La capa de hielo marítima del Ártico fue la más baja desde que los satélites empezaron a medirla hace 37 años. El calentamiento oceánico está causando un gran florecimiento de algas tóxicas que se propagan por el Pacífico noroccidental y hasta la costa de Australia, matando corales, peces, aves y mamíferos. Científicos y periodistas han inventado el término “olas de calor marinas”. Las especies marinas del Ártico están luchando por adaptarse a las grandes migraciones de competidores atraídos por las aguas cálidas y por comerse la cantidad limitada de comida. Si el hielo de Groenlandia se derrite por completo, su desaparición hará subir los niveles marinos unos sorprendentes siete metros. El año pasado, la mitad de su superficie se estaba deshaciendo.

También debemos esperar altas tasas de muertes humanas debido a más inundaciones, más sequías, más incendios forestales y más tormentas violentas, así como más personas desplazadas y más refugiados climáticos en busca de un hogar habitable. La escasez de comida y agua, especialmente para las decenas de millones que dependen de los glaciares para su suministro de agua, también será más común. Algo de lo que se comenta menos, aunque están muy presentes en el pensamiento de estrategas militares como los del Pentágono, son el esperado aumento de la inestabilidad política, las hostilidades, los llamados “Estados fallidos”, y los conflictos armados abiertos. Los expertos reconocen ahora que la guerra en Siria se debió en parte a la larga sequía en sus regiones de cultivo de trigo.

El cambio climático no es aritmético: en otras palabras, 1+1+1+ no necesariamente supone una bonita línea recta en un gráfico. El cambio es exponencial, lo que implica que cada aumento en calor puede provocar mayores aumentos. A esto se le llama “retroalimentación positiva” y puede continuar hasta que el cambio climático “fuera de control” llegue y se vuelva imparable. Entre los ejemplos más espeluznantes en este momento se encuentra el derretimiento del permafrost en Siberia y Alaska. Se estima que unos 1.400 miles de millones de toneladas están aprisionados en este permafrost y el gas metano es veinte veces más poderoso que el CO2. Dependiendo de lo rápido que el permafrost se derrita, esta reserva colosal de gases de efecto invernadero podría provocar un cambio climático irreversible y tendría lugar geocidio. Incluso los ricos, que son propensos a considerarse completamente exentos de las leyes de la naturaleza, no podrían escapar de las consecuencias.

Puede que ya hayamos pasado el punto de no retorno. Pero puesto que nadie lo sabe con toda seguridad, debemos actuar como si aún tuviéramos una oportunidad de aturar y revertir el cambio climático. Las personas presentes en este seminario son extremadamente diversas, pero todos nosotros somos serios y estamos bien informados, profundamente preocupados por el cambio climático, los derechos humanos y, frecuentemente, con las dimensiones espirituales de la vida. Por tanto, también hemos elegido resistir en contra y hacer tanto como podamos para asegurarnos de que la aventura humana puede continuar.

Pero me llama la atención precisamente porque, aunque personas serias, pensativas y éticas ya han tomado su decisión, pueden tener una dificultad particular a la hora de aceptar que no todo el mundo comparte su ética o su compromiso. Haceos esta pregunta: ¿tendéis a pensar que los riesgos del cambio climático saltan tan a la vista y son tan universales que todas las personas normales deben necesariamente apoyar los mismos objetivos que vosotros? ¿Creéis, por ejemplo, que, puesto que tenemos la tecnología, el conocimiento y el dinero para hacer la gran transición a un mundo libre de combustibles y basado en la energía renovable, aquellos que no comparten nuestro sentido de la urgencia simplemente están desinformados? ¿Que solo necesitan más información y mejores explicaciones?

Si pensáis eso, debo asumir el riesgo de ofenderos. Para ser tajante, temo que esa visión es totalmente errónea. Sin lugar a dudas, aún existen personas que no conocen los peligros del cambio climático, pero esas no son las personas al cargo de los asuntos mundiales.

No. El problema real es que nos enfrentamos a adversarios decididos y bien organizados que no se preocupan en absoluto de los derechos humanos o del cambio climático; que se reirían ante la simple mención del geocidio. Solo quieren una cosa: que todo siga como hasta ahora en un mundo en que puedan acumular una interminable cantidad de dinero usando todos los recursos disponibles, sin importar los costes para la naturaleza y la vida humana. A menos que aceptemos esta realidad y nos enfrentemos a estos adversarios, así como a las organizaciones públicas y privadas a las que sirven, mucho me temo que no tenemos oportunidad alguna de prevenir el geocidio.

Los enemigos reales existen. No les afectarán los argumentos racionales, la exhortación, la plegaria ni el ejemplo moral. Enfrentarse a ellos se hace más difícil aún porque ocupan posiciones prestigiosas y de poder, y pueden intimidar a aquellos que intenten detenerles. En este punto, puede resultar útil citar las palabras del historiador británico del siglo XIX Lord Acton. Él escribió, memorablemente, que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y añadió que “los grandes hombres son casi sin excepción malos hombres…” El poder corrompe porque permite a las personas, instituciones o gobiernos imponer su voluntad y dar forma al mundo para que encaje con sus intereses inmediatos. En el pasado, esto se hacía con la guerra, y así otro gran pensador del siglo XIX, el estratega militar Karl von Clausewitz, define la guerra como “un acto de violencia para forzar al adversario a actuar según nuestra voluntad”.

Combinad a Clausewitz y Acton, situadlos en el siglo XXI y podréis definir el poder como la capacidad de imponer la voluntad de cualquier sistema al que sirva esa persona poderosa. Hoy, los poderosos en las esferas pública y privada, particularmente dominantes en los países occidentales, sirven a los intereses de un sistema capitalista avanzado en el que corporaciones transnacionales gigantescas son actores políticos importantes. A menudo, estas empresas de petróleo, gas o carbón, así como sus bancos, son más ricos y más poderosos que muchas docenas de Estados. Su objetivo, como dice Clausewitz, es forzar a todo el mundo a “actuar según su voluntad”. Las corporaciones no quieren ni necesitan emplear el conflicto armado abierto ni métodos brutales. Están provistas de un personal extremadamente bien pagado y altamente recompensado por servir a sus objetivos. Cualquiera que rechace sacrificar la ética personal para conseguir el objetivo de mayores beneficios e influencia no permanecerá como empleado por mucho tiempo.

Estos ejecutivos están satisfechos con vivir en un mundo cortoplacista y hoy todos nosotros estamos obligados a vivir en él, incluso aunque sabemos que la perspectiva a largo plazo es vital para alcanzar a comprender conceptos como “cambio climático fuera de control” o “geocidio”. El liderazgo de las grandes corporaciones de combustible fósil y bancos es elegido por su disposición a sacrificar cualquier valor que sea necesario para alcanzar el objetivo de mayores beneficios. Ningún presidente corporativo tiene el poder de cambiar esto. Todos saben que sus posiciones individuales dependen de seguir las reglas; ellos sirven a sus instituciones, a las que nuestros gobiernos nacionales protegen, promueven y obedecen con tanta frecuencia. Denunciar, destituir y sustituir a personas no es la cuestión. Para ellos, el futuro de la humanidad y el destino de la Tierra tampoco son la cuestión, desafortunadamente.

Debemos luchar para mantener los combustibles fósiles bajo el suelo y la única fuerza que puede contener a las corporaciones es la fuerza de la ley. La ley solo cambiará bajo la influencia de una opinión pública fuerte y bien organizada. Necesitamos el compromiso de personas como vosotros, que sois líderes y podéis influenciar a grandes segmentos de la opinión pública para crear presión. Necesitamos desesperadamente esa presión sobre los gobiernos para obligarles a actuar enérgicamente y enfrentarse al poder corporativo.

Tal vez penséis que estoy realizando acusaciones generales. Para concluir esta conferencia, dejadme hablar brevemente sobre algunas de las estrategias corporativas orientadas a obtener una mayor libertad y mayores beneficios. Puesto que nos queda poco tiempo, voy a dejar de lado los detalles sobre el poder de las empresas más grandes y ricas del mundo. También dejaré de lado los sectores del transporte terrestre y aéreo, así como las empresas, especialmente situadas en el Sur, involucradas en la desforestación masiva. Las empresas involucradas pueden ser públicas o privadas. Esta es mi breve selección de influencias corporativas poco conocidas sobre el aumento del cambio climático.

Lobbies

El uso corporativo de los lobbies ha crecido exponencialmente estas últimas décadas. Los lobbies son ahora una de las principales industrias de servicios, con muchos miles de millones de dólares. Se pueden distinguir tres tipos: el primero es el más simple y directo: empresas individuales contratan personal interno de publicidad, comunicaciones y relaciones públicas para presentar su mejor cara y perspectiva, no solo para mejorar las ventas sino también para influir sobre la opinión pública, los líderes de opinión, los medios y los gobiernos. Ejemplo: una gran empresa de petróleo como BP decide renovar su imagen como “empresa energética” aunque el 98 por ciento de sus actividades consiste en combustibles fósiles y las fuentes renovables apenas suponen una mínima parte.

Segundo: las empresas promueven la denegación del cambio climático. Por ejemplo, Exxon-Mobil aprendió hace casi cuarenta años de sus propios científicos que el cambio climático es una realidad peligrosa, pero aun así ha seguido gastando millones para financiar a “think-tanks” y científicos corruptos cuyo único trabajo es aportar argumentos y propaganda, supuestamente demostrando que el cambio climático es inexistente o no es nada de lo que haya que preocuparse. Cuantos más negadores del cambio climático puedan crear, más tiempo pueden obstruir que la legislación controle su comportamiento. Los lobistas saben que suele bastar con crear la suficiente duda y ya han tenido un éxito brillante en los Estados Unidos. Aquí, según encuestas recientes, una de cada cuatro personas duda de, o niega, la realidad del cambio climático. Ningún candidato republicano a un cargo público, incluyendo a Donald Trump, se arriesgará a decir en público que el cambio climático existe: estamos hablando del país que, como sabéis, es con diferencia el mayor emisor por cápita de gases de efecto invernadero en el mundo.

Finalmente, estas empresas también pertenecen invariablemente a las organizaciones de lobby que abarcan toda la industria, cuyo papel es defender los intereses de todo el sector: por ejemplo, luchar contra cualquier decisión de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos o normativas europeas. Los países donde la industria del petróleo es un factor clave del propio gobierno, como China o Arabia Saudí, presentan problemas específicos con los que sus ciudadanos apenas están preparados para tratar.
En dichos casos, la única estrategia factible es reducir la demanda total de combustibles fósiles.

Subsidios

La siguiente información se ha extraído de un Informe del Fondo Monetario Internacional de 2013, una señal de progreso puesto que el cambio climático no había sido abordado previamente por el FMI. Los subsidios a los combustibles fósiles son un fenómeno mundial. Algunos permiten que los consumidores paguen menos que el coste de suministro; otros permiten a las corporaciones descargar los costes del daño medioambiental que generan. Los economistas llaman a estos daños “externalidades”, como la polución, la contaminación de los suministros de agua o la limpieza de los sitios de extracción, y estos costes deben ser pagados por los gobiernos… o no pagados en absoluto, lo que conlleva un mayor coste para la salud pública, etc. Según el FMI, el coste total de los subsidios a los combustibles fósiles alcanza unos sorprendentes 1.900.000.000.000$ (un billón novecientos mil millones de dólares). Si todas estas ayudas financieras injustificables de los gobiernos fueran eliminadas, y las empresas tuvieran que pagar por sus propias externalidades, el Fondo calcula que conllevaría un descenso del 13 por ciento de todas las emisiones globales de CO2.

Los subsidios no solo hacen que los combustibles fósiles sean irrealmente baratos y que las fuentes de energía renovable lo tengan difícil para competir; también reducen el gasto gubernamental para propósitos mucho más importantes. En el África subsahariana, los gobiernos están gastando una media de un tres por cierto de sus presupuestos en subsidios: la misma cantidad que invierten en salud pública. La mayoría de estos subsidios benefician a personas que ya son ricas: los africanos pobres no poseen coches y ni siquiera están conectados a la red eléctrica. Lo mires como lo mires, los subsidios a la energía de combustibles fósiles son innecesarios, caros y dañinos.

Así que me alegré al saber de nuestros amigos marroquíes aquí presentes que Marruecos ya ha dejado obsoletos los subsidios a los combustibles fósiles para poder invertir considerablemente en las renovables. Y aún más, lo hicieron en tan solo 18 meses, demostrando que se pueden hacer cambios importantes con rapidez. Así que bravo por Marruecos, que debería ser un modelo para todos los países.

Tratados comerciales bilaterales y multilaterales

Estos tratados, invariablemente, incluyen cláusulas denominadas “arbitraje de diferencias estado-inversor” (o ISDS, por sus siglas en inglés) que permiten a los inversores corporativos extranjeros, y solo a los extranjeros, demandar a gobiernos soberanos ante tribunales de arbitraje formados por tres árbitros-abogados privados para cualquier nueva legislación que la empresa considere que pueda dañar a sus beneficios presentes o, incluso, futuros. Por ejemplo, la eliminación de subsidios seguramente será considerada una amenaza y las empresas extranjeras que los reciban demandarán sin duda alguna al gobierno. Unos pocos casos actuales incluyen la demanda (y victoria) de Occidental Petroleum contra Ecuador por negarse a permitir perforaciones en un área ecológicamente protegida. El tribunal concedió a Occidental una compensación de mil setecientos millones de dólares. La empresa Lone Pine ha demandado a la provincia de Quebec por 250 millones de dólares porque le denegó el permiso de hacer fracking en la cuenca del río Saint Lawrence. En cuanto Obama vetó el oleoducto Keystone con el que se pretendía transportar unas arenas de alquitrán particularmente sucias desde Alberta (Canadá) hasta el Golfo de México, la empresa canadiense TransCanada demandó a los Estados Unidos exigiendo 15 mil millones de dólares. A menudo, basta con amenazar con la acción legal del ISDS para hacer que un país se los piense dos veces antes de aprobar una ley para proteger a su gente o al medioambiente. Un gobierno puede “ganar” contra una empresa (como lo ha conseguido en un 35% de los casos hasta la fecha) pero nunca puede ganar realmente puesto que, al haber firmado un tratado, no puede rechazar la demanda y los costes del arbitraje privado ascienden a millones de dólares. Las empresas de servicios de combustible fósil y petróleo también pueden demandar a un gobierno para desalentar a otros gobiernos de realizar cambios similares.

Para concluir en breve, permitidme decir que mi esperanza ferviente es que todas las personas hoy presentes saldrán de este seminario comprendiendo que la toma del poder por parte de las corporaciones está en camino y que supondrá una contribución fatal al geocidio. También espero que, además de vuestros compromisos profesionales o voluntarios, aceptaréis la responsabilidad adicional de dar a conocer, y luchar contra, este geocidio. Pese a los esfuerzos de buenas personas en todo el mundo para reducir las huellas de carbono individuales, no será suficiente a menos que obliguemos a las estructuras actuales a promover que los combustibles fósiles cambien o desaparezcan.

A menudo me preguntan si soy optimista o pesimista. No soy ninguno de los dos. No conozco el futuro. Pero tengo esperanza. Creo que aún tenemos una oportunidad; que los seres humanos pueden superar incluso amenazas tan aterradoras como la del geocidio. A muchas personas se les puede incitar a la acción gracias a activistas de los derechos humanos y líderes religiosos. Asegurémonos todos juntos de que nuestro peregrinaje común nos lleva a este resultado.